Las estrellas que algún día han de brillar

En Cuba habrá cena de fin de año y familias reunidas, y aunque cinco estarán incompletas, el resto de los hogares hará votos por el regreso de Gerardo, Fernando, Ramón y Antonio,  esos hijos buenos, inocentes

Autores:

Juana Carrasco Martín
Nyliam Vázquez García
José Luis Rodríguez*

Cada familia ultima los detalles. Las habrá que ya tienen resuelta la carne de cerdo para la cena, el vino, la sidra o los dulces, otras lo dejarán para el final. La mayoría ya tendrá definido dónde se reunirán este año, qué pedirá a medianoche. Sin embargo, cinco hogares cubanos estarán aún incompletos.

Nadie dude que habrá alegría detrás de las rejas y en cada una de las casas donde ellos faltan y hacen falta. Ellos y los suyos son optimistas y valientes por naturaleza. Pero en el fondo es duro mirar atrás, hacer cuentas, ... 15 años en prisiones estadounidenses es demasiado tiempo; aún más, si no debieron pasar ni un solo día allí.

En diciembre, mientras las familias se preparan, y hacen planes, ellos allá, en sus prisiones, han ahorrado los minutos de teléfono para poder llamar ese día en el que quienes están lejos se acercan por medio de la voz. Como tantos otros no podrán abrazar, y la circunstancia carcelaria marca otra vez el cierre del año, el inicio de otro que debería ser el último.

Ni Fernando, que ya está en cuenta regresiva para el cumplimiento de su condena —otro más que cumplirá íntegramente el veredicto dictado en Miami—, ni siquiera René, ya en Cuba, podrán tener ese fin de año que merecen, el que les han escamoteado a los Cinco durante más de tres lustros.

Después de rejas y alambradas, después del mar, en su isla, en su suelo, durante los últimos días del año, a Gerardo, Antonio y Ramón no les faltarán los buenos pensamientos, las certezas de más lucha, las estrategias para aunar a más con vistas a que el Gobierno estadounidense ponga fin al absurdo.

Es posible imaginar que Gerardo, como siempre, le tendrá un chiste a su Adriana, para pescar el suspiro en la hora cero; que Ramón se estrechará imaginariamente en el pecho de sus cuatro mujeres; que Tony llegará en sus versos, que Fernando tendrá unos minutos de reserva para no perderse la voz de cada uno de los suyos y René y su familia pensarán en sus hermanos.

Este 29 de diciembre, cuando se cumplen 12 años de que este pueblo los ascendiera al Olimpo de sus héroes, quizá ellos retomen las emociones de esa jornada. Ese día los marcó a todos. Después de haber terminado el juicio, después de haberse elevado con cada uno de sus alegatos, la noticia los tomó por sorpresa y cada uno reaccionó con una modestia aleccionadora.

En la carta del 7 de enero de 2002, Año de los héroes prisioneros del imperio, Gerardo le comentó a su esposa de la conmoción de la noticia. Estos fueron sus pensamientos de año nuevo hace más de una década:

«No te voy a decir que lloré “porque los hombres no lloran”, pero se me fueron las zapatillas de los conductos lagrimales. Me vinieron muchas cosas y muchas personas en esos momentos. (…) No tengo que decirte, porque tú lo sabes, cuántas personas hay detrás de esa estrella que recibiré. Pienso en mi padre y en mi hermana que no podrán verla, pienso en mi madre, en ti y en muchas otras personas, familiares y amigos. Pienso en muchísimos compañeros que dedicaron, dedican, y dedicarán lo mejor de sus vidas a la defensa de la Revolución desde anónimas trincheras, y quienes tal vez nunca puedan recibir el homenaje público de nuestro pueblo. A todos ellos, a los que conocemos y los que nunca conoceremos, pertenecen estas estrellas que algún día han de brillar en nuestros pechos».

¿Alguien podría dudar que los pensamientos de tantos cubanos a los que estos hombres salvaron estén dedicados nuevamente este 2014 al fin de la injusticia?

En Cuba habrá cena de fin de año y familias reunidas, y aunque cinco estarán incompletas, el resto de los hogares hará votos por el regreso de esos hijos buenos, inocentes, porque las estrellas brillen por fin en sus pechos.

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