Grecia: El precio del ¿éxito? y la falsa publicidad

Los optimistas datos financieros distan mucho del hueco en el que se hunde el país helénico

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

El Gobierno griego salta de alegría con el regreso a los mercados financieros. «¡Grecia lo ha logrado! Hoy comienza un nuevo día y el país inicia su camino hacia el crecimiento», dijo el primer ministro Antonis Samarás. A su lado, la artífice de la virulenta política de ajuste «salvadora», la canciller alemana Ángela Merkel, recibió su cumplido: la receta aplicada fue la correcta.

La noticia sobre la emisión griega de bonos a cinco años, con un interés de 4,75 por ciento, llegó después de un cuatrienio en el cual la nación helénica estuvo a punto de la suspensión de pagos y de su salida de la zona euro.

Sin embargo, ese dato financiero dista mucho del hueco en el que se hunde la economía real: tasas de desempleo superiores a la cuarta parte de la población activa, la caída del Producto Interno Bruto en un 25 por ciento desde que inició la crisis, una deuda pública elevada a los cielos (175 por ciento sobre el PIB), la estrepitosa caída de la inversión, el sobreendeudamiento de los hogares…

Paradójicamente, la receta de la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea) ha traído consigo un incremento considerable de la deuda y una depresión estrepitosa del PIB. Según la oficina de Estadísticas, Elstat, el monto que debe Atenas —que incluye los préstamos de los rescates financieros concedidos por la troika en 2010 y 2012— aumentó en 2013 en casi 15 000 millones de euros hasta los 318 703 millones, equivalente al 175,1 por ciento del PIB, que a su vez cayó por sexto año consecutivo.

El déficit general del Estado fue de 23 109 millones de euros (12,7 por ciento del PIB, la peor cifra desde 2010 y muy por encima de los objetivos pactados con la troika). Elsat indica que la mayor parte del déficit no se refiere a gastos presupuestarios de la administración central, sino a las «ayudas» financieras a la banca, que excluyéndolas el indicador se habría comportado en 2,1 por ciento. Este dato también incluye el pago de los intereses de la deuda.

En una entrevista concedida el mes pasado al semanario francés L’Express, el economista griego Yanis Varoufakis, conocido por el mote de Doctor Apocalipsis por alertar de los riesgos de la crisis financiera mundial, afirmó: «Un día, las gentes están catatónicas, y al día siguiente parecen atacadas por un optimismo extravagante que les hace experimentar el sentimiento absolutamente irrealista de que todo es posible. Luego vuelve la depresión».

Quizás Samarás y su partido, Nueva Democracia (ND), están pasando por la faceta alegre de ese estado clínico característico de la depresión que refiere Varoufakis. Y no se pueden permitir caer en la otra fase.

Detrás de ese optimismo podría estar la intención de escalar en votos, de cara a las elecciones del 25 de mayo para la Eurocámara. Los últimos sondeos arrojan que la Coalición de Izquierda Radical (Syriza), el principal partido de la oposición en Grecia, aventaja a ND, y entre las formaciones menos favorecidas estarían los socialdemócratas de Pasok, que hoy gobiernan en alianza con los conservadores.

Temen que Syriza gane los comicios europeos en Grecia, y refuerce la posición del Partido de la Izquierda Europea, una plataforma que de acuerdo con los últimos sondeos de Pollwatch, prácticamente doblarían su representación en la Eurocámara, desde los 35 asientos actuales a los 56.

El líder de ese partido es además el candidato de la izquierda europea para la presidencia de la Comisión Europea, luego de resultar elegido con el apoyo del 84,1 por ciento de los delegados que asistieron al cuarto congreso de la organización.

Un reposicionamiento favorable de Syriza no conviene en momentos en que se negocia con la troika nuevas «ayudas» y el cambio de las condiciones de la deuda.

Tampoco se puede desestimar que las próximas elecciones para el Parlamento Europeo tendrán lugar cuando Grecia ocupa la presidencia de turno de la UE.

Por eso es tan importante para los conservadores y la socialdemocracia publicitar a Grecia como un «éxito» de la terapia de choque neoliberal de la troika, aunque la emisión griega de bonos sea solo un acto simbólico que no significa que esa nación sea capaz se solventar su enorme deuda.

Así lo admitió el mismísimo Samarás, con otras palabras: «Estamos en un momento crucial, en el que necesitamos que nuestros socios europeos nos ayuden a demostrar a la opinión pública que los esfuerzos han merecido la pena».

No importa a qué costo.

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