Otra victoria de Santa Inés

El 3 de junio de 2004, en cadena nacional de radio y televisión, Chávez encomiaba que la oposición hubiera conseguido, mediante las firmas necesarias, ir a un referéndum revocatorio presidencial. Apasionado empedernido de la historia, bautizó la contienda que se dirimiría en las urnas como la segunda batalla de Santa Inés

Autor:

Osviel Castro Medel

CARACAS.— Algunos pronosticaron que él crujiría los dientes o que se le alterarían las venas. Sin embargo, como caballero andante de estos tiempos, celebró aquel hecho, del que ayer se conmemoraron diez años.

Era el 3 de junio de 2004 y, en cadena nacional de radio y televisión, Hugo Chávez Frías encomiaba que la oposición venezolana hubiera conseguido, mediante las firmas necesarias, ir a un referéndum revocatorio presidencial.

«Hoy es día de victoria, porque cómo nos ha costado llegar aquí. Hoy es un día de victoria para esta Constitución», expresó esa noche ante los micrófonos, desde el Palacio de Miraflores, repleto de simpatizantes.

Al fin —luego del golpe de Estado de abril de 2002, el paro petrolero de finales de ese año (que dejó pérdidas estimadas en 20 000 millones de dólares) y la guarimba que siguió meses después— la derecha venezolana se encarrilaba por los caminos de la Constitución, sin dudas una de las más avanzadas del mundo.

Nunca antes en la vida republicana de esta nación había ocurrido algo similar; en primer lugar porque ninguna ley respaldaba el derecho a revocar los cargos de elección popular, como reza actualmente el artículo 72 de la Carta Magna.

Apasionado empedernido de la historia, Chávez bautizó la contienda que se dirimiría en las urnas como la segunda batalla de Santa Inés. Era una alusión a la encarnizada pelea acaecida en esa localidad del actual estado de Barinas (9 y 10 de diciembre de 1859), entre las tropas federales del general Ezequiel Zamora y efectivos del Gobierno conservador encabezado por Pedro Estanislao Ramos, que concluyó en una derrota de estos últimos, con un saldo negativo de 2 700 bajas entre muertos, heridos y prisioneros.

«Vamos a referéndum revocatorio, eso nos debe llenar de un sentimiento profundo de victoria nacional», agregó Chávez.

La oposición, jubilosa por haber creído que era el fin del Jefe de Estado, acudió durante semanas a todo su sistema de medios, con el que despotricó en contra del Comandante y dio por ganado el referéndum.

El 15 de agosto, finalmente, se decidió la batalla entre el Sí y el No. Fue una jornada de largas colas en los colegios de votación y en la que la derecha hasta acudió a un audio falso, con la voz del entonces presidente del Consejo Nacional Electoral, Francisco Carrasquero, en el que decía que la opción revocatoria había ganado con más de 11 millones de votos.

El resultado, en cambio, fue abrumador por el NO, que ganó con de 5 000 800 votos (el 59,1 por ciento). La oposición alcanzó 3 989 008 votos por el Sí, para un  40,64 por ciento del total de papeletas válidas.

El 16 de agosto de 2004, cerca de las 4:30 de la madrugada, bajo una pertinaz llovizna y el canto constante de una multitud que coreaba «Uh, Ah, Chávez no se va», el Presidente salió al Balcón del Pueblo, en Miraflores, para pronunciar otro de esos discursos telúricos e históricos.

Hablo de Bolívar, de Martí, de Zamora, del significado de la victoria, del ejemplo que encarnó ese día para el mundo entero y de la muerte definitiva de la IV República.

«Se ha impuesto la Constitución, y yo invito a todos los venezolanos, a todas las venezolanas, a que reconozcamos esto en primer lugar, porque es el libro de todos (...) la ley suprema que debe guiar para siempre los destinos de los venezolanos para que vivamos en paz, en democracia y como hermanos y hermanas. Por eso nunca nos cansaremos de gritar: ¡Qué viva la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela!».

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