La infancia sin trono del Reino Unido

Entre 1997 y 2013 se produjo el abuso continuado de menores en la ciudad de Rotherham. Trabajadores sociales denunciaron el problema en varios informes, pero fue ignorado por la policía y el ayuntamiento porque los altos mandos «no creían los datos»

Autor:

Enrique Milanés León

El que tenga pecho para indignarse no tiene que leer mucho: saber que algunas de las niñas abusadas sexualmente tenían apenas 11 años, que múltiples víctimas fueron violadas sucesivamente, que la gasolina en la piel y la amenaza de fuego marchitó su frescura, que el hierro caliente profanó sus lunares o que fueron obligadas a ver, a la sombra de una pistola, lo que nunca debiera ver un niño, da suficiente coraje, pero hay una frase en el informe de la experta independiente Alexis Jay que rearma hasta al pacífico: «nadie conoce la verdadera escala». Es decir, pudieron ser más que esos 1 400 casos recogidos.

Miren todos, para ponerle un mapa a la vergüenza: fue en Rotherham, ciudad de un cuarto de millón de almas en Reino Unido, ese país que se dice, y muchos creen, del Primer Mundo solo porque tiene la sexta economía del planeta. ¿No contradice el abuso continuado de menores, entre 1997 y 2013, cualquier presunta jerarquía civilizatoria?

El problema fue denunciado con toda «claridad» por trabajadores sociales en tres informes: en 2002, en 2003 y en 2006. Y tres veces fue ignorado por la policía y el ayuntamiento porque los altos mandos «no creían los datos».

Pasó el tiempo y, en lo que los niños continuaban en silente sufrimiento, se acumularon en sus mentes horrores que ahora integran el glosario de la que algunos llaman la ciudad de los pederastas. En este mundo patas arriba sería atinado que desde unos cuantos países pobres organizáramos una misión de rescate humanitario de esos niños bien alimentados que en Rotherham tienen pesadillas.

Una víctima contó que entre los 12 y los 15 años era violada diariamente. A los 13 denunció, en vano; se fue de la ciudad, y al regresar ve a sus violadores en la calle.

El martes 26 de agosto, horas después de publicado el estudio, dimitió el jefe del Consejo Municipal de la ciudad. El ayuntamiento publicó un informe donde reconoce los fallos del sistema y hasta algún portavoz de Downing Street admitió los errores «espantosos» de las administraciones locales.

Entonces, ¿quiénes son los autores de tal crimen? Hasta ahora, la mayoría de los 29 sospechosos detenidos son hombres de origen paquistaní. No se tiña la pena con tendencias; habrá juicios, pero las evidencias y los relatos sugieren que, en efecto, fueron ellos. Hombres que regenteaban puestos de comida rápida, taxistas… desalmados que invitaban a las pequeñas a comer, las recogían en la escuela, les regalaban teléfonos móviles para controlarlas y las apartaban sigilosamente de los padres y amigos para drogarlas, violarlas y manejarlas a su antojo.

Parece que fueron ellos, pero hay que ver qué manejo del asunto se hará en un país donde abundan las prácticas racistas y no escasea la xenofobia.

Un estudio de un órgano controlador de la policía reveló que en Inglaterra los grupos étnicos y las minorías negras son detenidos, proporcionalmente, más que los blancos. Y entre 2007 y 2011 se registraron en las escuelas británicas cerca de 88 000 incidentes racistas.

Integrantes de la comunidad paquistaní se indignaron, como todas las personas de bien en el planeta, al conocer la prolongada inacción de las autoridades. «Ni la raza ni la religión ni la sensibilidad política deben ser usadas para encubrir este tipo de crímenes grotescos», dijo Muhbeen Hussain, fundador del Grupo Juvenil Musulmán de la ciudad.

Ojalá que se haga toda la justicia y se repare, hasta donde se pueda, el dolor sin que el odio caiga sobre inmigrantes inocentes. Ojalá que en medio del proceso no se olvide que en Reino Unido la mayoría de los agresores sexuales son hombres blancos.

Hace tan solo un mes desaparecieron 114 documentos que incriminaban en actos pederastas y de abuso sexual a varios parlamentarios. Geoffrey Dickens, el diputado laborista que en 1983 entregó al Ministro del Interior los documentos referidos a abusos cometidos por políticos, dijo a su hijo Barry antes de morir que las acusaciones eran explosivas por «los nombres que contenían y el poder que tenían».

Londres fue sacudida también por el caso del ya fallecido presentador de la BBC Jimmy Savile, acusado en 2011 de al menos 450 actos de abuso, sobre todo de menores. Detrás de él «cayeron» estrellas como Rolf Harris, quien manchó con sus actos no solo su programa de televisión en defensa de los niños, sino también la Orden del Imperio Británico que le entregara la mismísima reina Isabel II.

Desde los años 80 se rumora la existencia de una red de pederastas en altas esferas del Gobierno y el activista por los derechos de la infancia Peter McKelvie dijo a la BBC que en redes de pedofilia pudieron contarse unos 20 políticos y hasta personas «bien conectadas» con la familia real.

En suma, en julio la policía arrestó a 660 presuntos pedófilos y pederastas y llama la atención, además de que 12 VIP británicos estaban bajo la lupa, que en la lista estuvieran médicos, maestros, ex oficiales de policía, ¡trabajadores sociales…!

Definitivamente, la maldad nunca tiene origen étnico. Se es vil o se es digno bajo cualquier piel. Lo esencial es que Rotherham y el mundo piensen en los niños. Que se alivien los daños de cuerpo y alma, los nidos rotos, adicciones y hasta conductas suicidas que dejaron las torturas.

En lo que baja el martillo de los jueces, lo más importante es que se luche porque en ningún país a ningún pequeño se le robe su reino unido de la alegría y la paz. Y porque nunca se repita la angustia de Amy, la niña de 13 años que, tras la transformación de su conducta en la casa y en la escuela, confesó un día a su madre el origen de la tragedia, pero lo hizo con un ruego: «No llames a la policía. Esas personas son más poderosas que Dios».

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