Brasil: en la antesala de las urnas

La carrera presidencial, que podría significar un cambio de rumbo en el país y en la región, lleva el velo de la incertidumbre

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

No es solo la celebración de la más reciente Copa Mundial de fútbol y la deprimente goleada que le propinara Alemania a la selección anfitriona en semifinales lo que le da relevancia al año 2014 en la historia de Brasil. Junto a la samba, los carnavales, el balompié y la deliciosa caipirinha, las elecciones presidenciales son un hecho de extrema magnitud en el Gigante Sudamericano, pero también para la región y para el mundo.

Se trata de la sexta potencia económica mundial, el quinto país del planeta por superficie y que cuenta con una población de 202 millones de habitantes, con lo que redondea el perfil de una nación importante. Líder del Brics, conglomerado que integra junto con Rusia, India, China y Sudáfrica, Brasil es un segmento valioso por su peso económico, pero también por sus cualidades políticas, que operan como contrapeso a Estados Unidos y las viejas potencias que creen poder dominar el mundo como en el siglo XX.

Este gigante también está entre los gestores del nuevo rostro político que hoy muestra América Latina y su papel ha sido fundamental en el nacimiento y desarrollo de procesos integracionistas regionales como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac),  entre otros. Importante ha sido también su trabajo en favor de la concertación política y la proliferación de proyectos progresistas de izquierda en nuestra región.

Razones de sobra para que mantengamos los cinco sentidos enfocados en la disputa entre el Partido de los Trabajadores, en el poder desde hace más de una década y actualmente liderado por Dilma Rousseff, y el Partido Socialista del Brasil, que lleva como candidata presidencial a la centro-izquierdista Marina da Silva.

Como tercera opción, pero sin apenas posibilidades de ascender al Palacio de Planalto, figura Aécio Neves al frente del Partido de la Social Democracia Brasileña, quien de antemano ha dado su aval a Silva para una eventual segunda vuelta.

Todos los sondeos publicados en los últimos días coinciden en que Rousseff y Silva serán las candidatas más votadas en la primera vuelta del 5 de octubre y que las elecciones se decidirán el día 26, aunque las cuentas de las grandes encuestadoras en Brasil no intentan favorecer nunca a la candidata oficialista.

Una lid entre mujeres

Dilma Rousseff y Marina da Silva. Dos mujeres de pulso, con gran personalidad. Ya se habían enfrentado cuando eran ministras del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva y ambas sostuvieron entonces una dura disputa sobre el tema de la defensa de la Amazonía. Marina Silva se rindió, terminó dejando el Gobierno y después el PT. Hoy vuelven a enfrentarse en el duelo electoral.

La primera, sucesora del carismático líder del PT, Luiz Inacio Lula da Silva, trae como principales armas las conquistas reales de los cuatro años de su mandato, algunos heredados del anterior desempeño de su Partido y continuados y desarrollados en el suyo.

Para los cerca de 40 millones de brasileños que salieron de la pobreza durante los tres mandatos del PT y para los muchos que llegaron a la clase media en los últimos 12 años, Dilma sigue siendo una opción rentable.

Fortalezas más que debilidades han caracterizado su Gobierno. Tasas de desempleo por debajo del cinco por ciento en plena crisis mundial y creación de programas de beneficio social y económico, están entre esos baluartes. Las reservas internacionales de Brasil se elevan a 380 millones de dólares.

Sin embargo, tras un boom económico sostenido durante varios años, este es absorbido por la crisis económica mundial,  y el país ha visto decaer su tasa de crecimiento, luego de haber sido una de las más altas de la región. También los índices de inflación hoy son altos.

En casi cuatro años de gobierno, Rousseff ha continuado el desarrollo de políticas sociales inclusivas en el área de salud, vivienda, alfabetización, alimentación, deporte, entre otras. Pero como elemento fundamental se distinguen los resultados concretos del Programa Más médicos, que ha beneficiado a más de 50 millones de brasileños, el 85 por ciento de los cuales están satisfechos.

El proyecto consolida la base social de las zonas rurales y en parte también de las grandes ciudades, al extremo de que algunos candidatos que iniciaron sus campañas criticando este programa, en el camino han tenido que cambiar ese discurso.

Más médicos incluye actualmente a cerca de 12 000 profesionales de la salud cubanos y de otras naciones, medida que ha sido atacada por algunos sectores de derecha. Al respecto, Dilma ha defendido que se intentó contratar a médicos brasileños, y no fue el número suficiente; después buscaron médicos formados por Brasil de cualquier nacionalidad y tampoco obtuvieron el número necesario. «Hoy tenemos más salud gracias ese programa», ha sentenciado.

En el área económica, ante las presiones de la derecha para que se aumentara el precio del petróleo, Dilma se mantiene firme, y tanto, que la oposición centra su discurso en que el actual Gobierno propicia la inflación y la corrupción que acechan al país.

No obstante los ataques, se hace evidente que las políticas económicas del PT superaron con creces las de los gobiernos oligárquicos de antes.

Defendible es el papel de regulador de la actividad económica asumido por el Estado, que subsidia tanto a los más pobres como a industrias en problemas, mediante rebajas tributarias o créditos públicos. Estos proyectos han beneficiado a un sector no despreciable de la burguesía brasileña y que ahora no parece estar dispuesto a cambiar lo logrado.

Para sus próximos años al frente del Gobierno, Dilma propone la continuidad. Según ha reiterado durante estos meses de campaña, seguirá defendiendo la inversión de recursos obtenidos de la explotación petrolera en la educación. En ese sentido, además de garantizar la mejora de salarios para profesores, ha mencionado el otorgamiento en 2015 de cien mil becas para jóvenes que deseen estudiar en el extranjero en la denominada segunda etapa del programa Ciencia sin fronteras.

Del otro lado: Marina Silva. Irrumpió de lleno en la campaña presidencial brasileña en agosto pasado, tras sellar una alianza y compartir fórmula con el socialista Eduardo Campos, que venía remando en las encuestas pero no podía salir del tercer lugar, detrás de Rousseff y de Neves. Pero Campos muere en un accidente de aviación y el PSB optó por poner a Marina da Silva, su candidata a vice, en reemplazo del fallecido.

Silva, quien hace dueto ahora con Beto Alburquerque, se presenta como ambientalista, profundamente religiosa y ferviente evangélica y atrae casi tres veces más apoyo que su desaparecido antecesor. A juzgar por las opiniones de sectores sociales y las reflejadas en algunas encuestas, ese cambio favoreció mucho al PSB, que rápidamente dejó atrás a Neves y empezó a disputar voto a voto con el PT.

Ex ministra de Medio Ambiente del primer mandato de Lula, tiene como sus principales aliados a los bancos, los representantes del agronegocio y de programas neoliberales, así como a los medios de comunicación, que potencian su figura.

Defendiendo ahora los programas sociales del oficialismo que en sus inicios criticó, promete mantener y profundizar aún más la atención social, lo que contrasta o contradice su otra propuesta de reducir el tamaño del Estado, limitar la acción de la banca pública y quitarle beneficios a la industria, como declaró esta semana su asesor económico, Eduardo Giannetti.

Otra política de claro corte neoliberal en la lista de propuestas de Silva es garantizarle plena autonomía al Banco Central, a fin de que —dice— el país recupere la credibilidad que supuestamente ha perdido en los mercados, fenómeno que atribuye tanto al «mal intervencionismo» del Gobierno —como reitera una y otra vez—, como al débil crecimiento económico de los últimos años. Esta decisión, afirman analistas, daría el control del banco al sector financiero privado.

En el plano político, en una reciente entrevista con la agencia AP, Marina habló de un cambio de rumbo en la política exterior brasileña y recalcó que, de llegar al poder, podría revitalizar los lazos diplomáticos y económicos con Estados Unidos y Europa, con quienes promovería, principalmente, la firma de nuevos tratados comerciales. Además, ha hablado de dar paso a mecanismos integradores como el Mercosur y afianzar su influencia en otros.

Bien evidente y criticado ha sido el cambio de discurso que ha mantenido Silva cada vez que se siente presionada. Hace pocas semanas y en menos de 24 horas, tuvo que dar un paso atrás en su apoyo a los derechos de los homosexuales y al matrimonio civil igualitario, opciones que sorprendieron a su electorado evangélico.

Por su parte, Aexio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña, hace fórmula con Aloysio Nunes. Neves, ex gobernador de Minas Gerais, ha vendido una imagen atractiva y explota el hecho de ser nieto de un importante político brasileño fallecido en 1985, Tancredo Neves, pero marcha en un distante tercer lugar, sin posibilidad alguna.

Encuestas, escándalos y medios de comunicación

Encarnizado y despiadado ha sido el despliegue de los medios de comunicación y las grandes encuestadoras en contra de Dilma Rousseff. Sin dudas, en estas elecciones, Marina Silva fue elegida por los grandes medios para evitar la reelección de la actual Presidenta.

Estudios revelan que el 97 por ciento de la población brasileña usa la televisión como medio de información principal y atendiendo a este fenómeno la Ley electoral establece que, en contienda, los candidatos constan de 25 minutos diarios al aire para lanzar su discurso político y atraer a su electorado.

Aunque más de la mitad de este tiempo le corresponde al PT y las organizaciones políticas aliadas, muchos consideran que la arremetida de Silva en los medios  es fenomenal.

Contra Dilma también ha sido candente el reciente escándalo dentro de Petrobras —debido al peso económico y político de esa empresa— que ha emergido como nitroglicerina, siempre en detrimento del Partido de los Trabajadores.

Si bien es cierto que una derrota del PT implicaría un cambio político importante dentro de Brasil y para la región, aún es temprano para llegar a conclusiones. El diario Folha de Sao Paulo decía hace algunos días que «Marina asusta a los vecinos» en referencia a sus manifestaciones en cuanto a política exterior. Pero Rousseff no es persona de tirar la toalla. Para muchos observadores, ella es la mejor candidata que Brasil puede tener hoy; capaz de brindarle al país un futuro más justo, más democrático, donde el desarrollo esté a favor del bienestar y de la justicia social.

No obstante, es evidente que en el gigante se está dando una lucha enorme entre dos mujeres «de armas tomar».

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