Chile emprende un paso decisivo

El país sudamericano inicia un proceso para elaborar una nueva Constitución

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Sorpresivamente, en una alocución televisiva, el pasado martes la presidenta Michelle Bachelet hizo el anuncio. Cumpliendo con una de las promesas que la llevó por segunda vez al Palacio de la Moneda en 2013, la mandataria informó a Chile y al mundo que el país emprenderá un proceso para elaborar una nueva Constitución.

«En septiembre, mes de Chile, daremos inicio al proceso constituyente abierto a la ciudadanía, a través de diálogos, debates, consultas y cabildos, que deberá desembocar en la nueva Carta Fundamental, plenamente democrática y ciudadana, que todos nos merecemos», le expresó la Bachelet a los chilenos.

Y es que en una nación reverdecida por una generación que cambió el estancamiento político que vivió durante décadas y tomó las calles, harta y sin miedo, para reclamar su derecho a desligarse de tantos rezagos dictatoriales y de políticas neoliberales, el tema clave para un radical cambio es la sustitución de la Carta Magna aprobada en 1980 por la dictadura de Augusto Pinochet.

Aquella, la pinochetista, ya fue reformada en varias ocasiones en los últimos 25 años, pero aún no ha sido modificada en lo más profundo. Mantiene todos los pilares del pinochetismo, además de que fue gestada y parida bajo el auspicio del neoliberalismo, engendro que tuvo sus primeras cimientes en el Chile de la década de 1980.

Sorpresa, aplausos y críticas recibió el anuncio de la Presidenta que viene acompañado también de un paquete de medidas contra la corrupción, tema latente en el escenario político y que ha hecho, según los medios de comunicación, decaer algo la popularidad de la Bachelet en las últimas semanas.

El camino claro que no será fácil. Ya lo advertía la Presidenta en su discurso: estas propuestas enfrentarán el cuestionamiento de muchos. Conflictos de intereses y confrontación de opiniones entre el oficialismo de centro izquierda que la propone y la oposición derechista de mano con el empresariado, comienzan a vislumbrarse sobre todo en cuanto al mecanismo que se determinará para su construcción.

Este punto, ya en discordia, no fue zanjado por la Presidenta en su discurso. Mientras sectores de derecha y parte del oficialismo se inclinan por una comisión parlamentaria, el ala izquierda del Gobierno ha planteado una Asamblea Constituyente, aspiración que fue criticada por el empresariado, que habla de temores en cuanto a la reacción del mercado.

Otros, también desde la oposición, critican la nueva ola de cambio. «No es el momento», dicen los políticos. «Genera incertidumbre», especulan los empresarios.

«Lo que interesa es que exista participación», opinó muy certeramente Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista (PC), ubicado dentro de la Concertación oficialista.

En cambio, la derechista Evelyn Matthei, ex candidata presidencial, criticó la decisión y la calificó como una «maniobra distractiva» de la Presidenta.

De conjunto con el anuncio de la nueva Carta Magna, Bachelet detalló algunas medidas que impulsará para terminar con los masivos casos de fraude fiscal para financiar campañas políticas, además del tráfico de influencias. «No hay más tiempo que perder», afirmó la mandataria al etiquetar como urgentes los primeros proyectos de ley anticorrupción.

Entre las medidas, detalló que habrá normas para que se transparente completamente el financiamiento de la política, incluida la eliminación de los aportes anónimos y reservados que reciben los candidatos.

Es este el momento para grandes cambios. Con un Parlamento rejuvenecido donde la prioridad es marcar una nueva vía hacia el futuro; con el reverdecimiento de movimientos sociales que, desde distintos intereses y orígenes, exigen un cambio del sistema social, político y económico del país, Chile es hoy una sociedad lista y madura para apoyar estas transformaciones históricas.

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