Militares venezolanos nunca apuntarán al pueblo

Al recordar El Caracazo, Maduro destacó la unidad en torno al ideario de Bolívar, y el alto mando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana reafirmó su fidelidad al proyecto nacional

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Juventud Rebelde

CARACAS, febrero 27.— Después de 27 años de la masacre que siguió a la sublevación popular conocida como «El Caracazo», los militares de Venezuela tienen la firme convicción de que «nunca más empuñarán sus armas contra el pueblo», dijo este sábado el jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), general Vladimir Padrino.

Tenemos la convicción de que los soldados de la patria «nunca más empuñarán sus armas contra el pueblo y permanecerán siempre a su lado en procura de la suprema felicidad, la paz y la convivencia de un Estado democrático, con verdadera justicia social y libertades plenas», dijo Padrino en un comunicado, según EFE.

El jefe militar afirmó que a finales del siglo pasado la institución castrense venezolana «se caracterizaba por un marcado distanciamiento de la población civil», lo que se cambió con Chávez.

Chávez fue «modelando y forjando la nueva FANB, que tiene carácter eminentemente popular y está profundamente comprometida con el respeto irrestricto a los derechos humanos», remarcó el general, quien sostuvo que la FANB «ha alcanzado un nivel de conciencia superior», afianzado «bajo el acertado liderazgo» de Nicolás Maduro.

«Nos sentimos plenamente integrados a la sociedad venezolana, en perfecta unión cívico-militar y participando activamente en el desarrollo nacional», agregó Padrino, quien expresó su pesar a los familiares de las víctimas de la masacre.

Este sábado, en transmisión conjunta de radio y televisión desde el Palacio de Miraflores, el presidente Nicolás Maduro afirmó que la FANB y el pueblo son uno solo. «Ahora somos hermanos, somos uno solo, somos un pueblo en unión cívico-militar, 27 años después, con un solo objetivo conducido por un solo ideal, el de el Libertador Simón Bolívar», agregó, según AVN.

«El Caracazo» fue una revuelta popular que comenzó en las barriadas pobres de la capital venezolana y sus alrededores, el 27 y 28 de febrero de 1989, en rechazo a las alzas de precios y tarifas exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en acuerdo con el Gobierno de Carlos Andrés Pérez.

La jornada de disturbios y saqueos fue sofocada a tiros por militares y policías que dejaron un número aún no determinado de víctimas y que varias fuentes ubican entre 300 y 3 000 muertos y más de un millar de heridos.

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