Lesoto, bien al sur y en las alturas

Enclavado dentro del territorio de Sudáfrica, el reino de Lesoto carece de salida al mar  posee un gran número de montañas, como marca particular

Autor:

Juventud Rebelde

El Reino de Lesoto es una monarquía parlamentaria enclavada dentro del territorio de Sudáfrica. Es un miembro de la Mancomunidad de Naciones (británica) y anteriormente era conocido como Basutolandia. Su capital y ciudad más grande, con poco más de 250 000 habitantes, es Maseru.

Carente de salida al mar y con 30 355 kilómetros cuadrados, la nación posee un gran número de montañas, como marca particular. Con una altitud de 1 400 metros sobre el nivel del mar en su punto más bajo, Lesoto tiene la cota inferior más alta del mundo. Dicha cota inferior es más alta que el punto más elevado de 93 países. Eso explica que más del 80 por ciento de su territorio se encuentre por encima de los 1 800 metros.

Lesoto cuenta con más de dos millones de habitantes, el 25 por ciento de los cuales vive en zonas urbanas y el resto en áreas rurales. El sesotho y el inglés son los idiomas oficiales, aunque también se habla el zulú y el xhosa.

En 1966, el país proclamó su independencia de Reino Unido, que desde un siglo antes lo mantenía en calidad de protectorado británico.

El jefe de Estado es el rey Letsie III, mientras el jefe de Gobierno es el primer ministro Pakalitha Bethuel Mosisili, quien inicia este domingo una visita oficial a Cuba.

El legislativo del país consiste de un Parlamento bicameral con un Senado de 33 miembros y una Asamblea de 120 escaños elegidos por cinco años.

Lesoto está dividido en deiz distritos administrativos, a su vez subdivididos en 80 circunscripciones y 129 consejos municipales.

La Constitución de 1993 estableció la división de poderes, por lo que existe un sistema judicial independiente y neutral. Dicho sistema está compuesto por la Cámara de Apelaciones, la Corte Suprema, la Corte de Magistrados y una serie de pequeños juzgados en las zonas rurales.

La economía se basa en la agricultura, sobre todo en el cultivo de maíz, trigo, sorgo, frutas y verduras, y en el capital humano que —como hacen especialmente sus trabajadores en las minas de Sudáfrica— remite sustanciales remesas al país.

Son igualmente significativos los ingresos nacionales por la venta de agua potable a Sudáfrica, considerando la alta demanda de esa gran nación en sus períodos de sequía. Además de la aportada por sus importantes obras hidroeléctricas, otra fuerte inyección financiera proviene de la emisión de sellos postales, principalmente con el fin de coleccionismo filatélico.

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