Pasaportes y mentiras

Autor:

Rosa Miriam Elizalde

La meteorología política de Estados Unidos anda de huracanes. El tremendismo es su plato fuerte. Los televidentes norteamericanos deben haberse aguantado de los brazos de la silla cuando escucharon la semana pasada que el gobierno de Venezuela está ayudando a los terroristas de Al Qaeda, Hamas y Hezbollah a entrar en los Estados Unidos con pasaportes falsos.

No basta con el tsunami que tienen en Iraq ni con el volcán que han destapado en el Líbano. Quieren provocar un terremoto en Sudamérica. El comentarista estrella de la CNN, Lou Dobbs, presentó este último viernes a Charles Shapiro, el actual número tres del Departamento de Estado para Latinoamérica y ex embajador estadounidense en Caracas. Este señor dijo ante las cámaras lo mismo que al Congreso durante una peligrosa sesión dedicada a avivar el prejuicioso polvorín contra el presidente Hugo Chávez: «Apostaría a que cualquiera en esta sala probablemente podría conseguir un pasaporte legítimo venezolano rápidamente».

El presidente del Subcomité de Terrorismo Internacional en la Cámara de Representantes, el republicano Edward Royce, anunció que «miles y miles de documentos venezolanos de identidad están cayendo en las manos de extranjeros del Medio Oriente, incluyendo de Siria, Paquistán, Egipto y Líbano». Estos individuos, dice Royce, han sido detenidos por el Departamento de Seguridad tratando de ingresar a los Estados Unidos con falsos pasaportes venezolanos. La novela de horror mete miedo: «Miles de terroristas islámicos usan pasaportes falsos venezolanos para ingresar ilegalmente a los Estados Unidos para poner bombas en el Metro de Nueva York».

El congresista Royce expresó el verdadero propósito de la campaña de falsedades que la Administración Bush ventiló en la sala del Congreso: «Desde mi punto de vista, Venezuela está transitando una tenue línea entre “no cooperar totalmente” y “estado promotor” de terrorismo».

La meta es designar al Gobierno de Hugo Chávez como un promotor del terrorismo, algo que si ocurre requeriría la imposición de una serie de restricciones financieras a Venezuela, igual que dificultaría el otorgamiento de visas para muchos venezolanos.

Washington lanza estas acusaciones sin ninguna evidencia. No presenta ni un solo pasaporte falso, ni a un solo «terrorista islámico» con documentos fraudulentos venezolanos, ni tampoco dice cuántos documentos falsificados supuestamente ha descubierto. Ante las cámaras de CNN, les añade un poco más de sazón a las acusaciones y alega, sin pruebas, que Venezuela le ha cedido a la «Cuba comunista» la potestad para preparar los pasaportes y las cédulas de identidad.

La idea es hacer, como aconseja Goebbels, repetir una enorme mentira muchas veces hasta que se convierta en verdad. Mientras más grande la mentira, más factible el engaño.

En una entrevista telefónica para JR, el embajador de Venezuela en Washington, Bernardo Álvarez, afirmó que las acusaciones de los Estados Unidos «no son ciertas». Añadió que «en Venezuela existen mecanismos formales de gobierno para recibir pedidos e inquietudes de otros gobiernos, y nosotros no hemos recibido quejas o preguntas sobre terroristas que hayan ingresado a los Estados Unidos con pasaportes falsos venezolanos… Estas mentiras desestiman el gran esfuerzo que ha hecho Venezuela para modernizar el sistema de pasaportes y cédulas de identidad», concluyó el Embajador.

Goebbels aconsejaba reunir a diversos adversarios en una sola categoría para que constituyan una suma individualizada. Estados Unidos ha estudiado este principio de la propaganda a la perfección. Por eso mete en la misma sopa del terrorismo a naciones tan diversas como Irán, Cuba, Corea del Norte y Venezuela.

Bush sabe que los republicanos mantienen una ventaja electoral contra los demócratas solamente con respecto a la «guerra en contra del terrorismo». El cálculo político está claro. Para competir en las elecciones, los republicanos necesitan que el presidente Bush fomente tensiones mundiales.

Los politiqueros razonan que si pueden inventar la «noticia» de que varios países son promotores del terrorismo y que constituyen un peligro para la seguridad nacional del país, la población estadounidense apoyaría a su Gobierno ante la grave amenaza inventada. Un pueblo siempre apoya a su presidente durante tiempos de guerra. En tiempos de paz, los politiqueros siembran la guerra.

Pero quien siembra vientos, recoge tempestades. La tercera ley de la dinámica de sir Isaac Newton se aplica también para las relaciones humanas: «Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria». Los violentos vientos sembrados en Afganistán e Iraq serán cosechados con odio y prejuicios antiyanqui por siglos, y las tensiones injerencistas que ahora siembran en Irán, Venezuela y Cuba les llevarán futuros huracanes hasta Washington.

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