Armas made in USA para Israel

Autor:

Juventud Rebelde

Beirut nos duele a todos. Veintitrés toneladas de explosivos en una sola noche minaron su cuerpo; la fuerza aérea israelí quería penetrar lo que sospechaba era un búnker del Partido de Dios (Hizbolá). Ya han pasado 17 noches como aquella.

Hay desespero en los halcones de la guerra. The New York Times (NYT) comentaba la pasada semana sobre un «apurado envío de armas de precisión solicitadas por Israel a Estados Unidos de manera expedita».

Los siempre útiles funcionarios anónimos hablaron del poco debate dentro de la administración Bush para la aprobación. Imagino más un puesto de fast food que un despacho presidencial; el pedido llegó por un lado y por el otro ya estaba Condoleezza revisando qué les quedaba por comprar de aquel paquete multimillonario aprobado el pasado año para que Israel compre armas made in USA «según sus necesidades».

O sea, no solo presenciamos el puro estilo del fast food sino que el cheque en blanco abierto para el «inusual pedido» le dio al cliente una capacidad para comprar en Estados Unidos tanto como 100 GBU-28, bombas de 5 000 libras guiadas por láser, destinadas específicamente para destruir búnkeres de concreto. Como opción para los «clientes favoritos» también prevé la venta de municiones guiadas vía satélite.

A nadie le gusta hablar de este pedido; «el Pentágono y sus funcionarios se negaron a describir en detalle las dimensiones y el contenido del embarque a Israel, y no dirán si las municiones se enviaron por carga aérea o por cualquier otro medio», dice el artículo de The New York Times.

¿Sobre qué porción de Beirut lanzará Israel las miles de libras de dolor que vomitarán sus aviones F-15?

El pesado encargo presagia que una larga lista de golpes queda en el bolsillo del sionismo. Según palabras de un oficial israelí citado por el rotativo norteamericano: «No hay tiempo límite, terminaremos cuando hayamos alcanzado el objetivo».

Quien habla es un carnicero; lo imagino blandiendo el cuchillo manchado de sangre palestina, libanesa, árabe. Veo sus huellas incrustadas en el rostro de la madre que llora, cual mujer recién violada que se resiste a morir.

Mientras, David Siegel, el vocero de la Embajada israelí en Washington, dijo al NYT que han «estado usando municiones guiadas a precisión en aras de neutralizar las capacidades militares de Hizbolá y de minimizar daños a civiles. No obstante, como regla, no comentamos acerca de las adquisiciones defensivas israelíes».

David, no es necesario que lo comentes, hay secretos a voces en este mundo de los que no escapa ni el poderoso Mossad; la etiqueta de la apurada compra la han leído ya tantos pueblos en este mundo que hasta los analfabetos saben de qué mostrador han salido.

Cuando hace unos días recibí por correo la triste imagen de niños israelíes que escribían sádicos mensajes para sus vecinos árabes en la cubierta de las bombas que serían derramadas sobre aquellos cuerpecitos, vi manipulada su inocencia; vi el odio sembrado en las mentes de quienes mañana tendrán que reconocer el error y condenarlo con todas sus fuerzas; vi a quienes no convivirán con la hipocresía de una política que desangra a buena parte de la humanidad y edifica con los huesos de sus víctimas un nuevo muro del apartheid.

De victimario a víctima no es posible pasar; ya nadie les cree y eso es más letal que el centenar de bombas GBU-28. Por cada libra de metralla que horade el cuerpo vivo de Beirut se levantan cien banderas.

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