Día de prueba para Palestina

Autor:

Luis Luque Álvarez

Nada errado anduvo el César con su «divide y vencerás». Si un pueblo se deja azuzar por sus enemigos, se confunde, se vuelve contra sí mismo y se distrae de sus objetivos más nobles, dará alegría a sus opresores: el yugo permanecerá.

Un titular del Comité Democrático Palestino de Chile, ilustraba el martes una triste situación: «Vergüenza: Militantes de Al-Fatah incendian el Parlamento palestino en Ramala. Ocho muertos en Gaza». ¿Palestinos contra palestinos? ¿Los oprimidos en batalla campal contra los oprimidos?

De resultas, el gobierno, dirigido por el Movimiento de Resistencia Islámica (HAMAS), suspendió el lunes la actividad en todos sus ministerios. El martes, un comunicado de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, comúnmente vinculadas a Al-Fatah, lanzó amenazas contra importantes dirigentes de la formación política musulmana.

Hasta ahora, 12 palestinos murieron y 150 resultaron heridos. La misma sangre corriendo por la misma tierra.

Algunas notas. Cabe decir que no se trata de una «guerra civil» ni nada que se parezca. La dimensión de los choques no es tan general como para señalar una fragmentación entre amplios sectores de la sociedad palestina, un pueblo que, llegado el momento de mostrar conciencia cívica, como en los ejercicios electorales, lo ha hecho con disciplina y un alto nivel de participación. Además, precisamente en este instante, los dirigentes de HAMAS y Al-Fatah negocian la formación de un gobierno de unidad nacional.

No obstante, los disparos de algunos hacen más ruido en la prensa mundial que la civilidad de millones. ¿Y qué hay de las causas de esta inestabilidad?

La disparidad de ideas no es motivo suficiente para que seguidores de uno y otro bando se vayan a los puños. Parece ser que la presión de Israel, EE.UU. y la UE sobre el gobierno de HAMAS está afectando a algunos de horizonte corto, no dispuestos a analizar de modo realista el origen de su tragedia.

Desde que en las elecciones de enero, HAMAS recibió la mayoría del voto y la encomienda de formar gobierno, Tel Aviv, Washington y Bruselas cerraron la válvula de las finanzas. Las autoridades sionistas han retenido hasta la fecha los pagos que, por concepto de impuestos a los productos que entran en territorio palestino, debe transferir a la ANP, a razón de 50 millones de dólares mensuales. Se queda con ellos, y basta.

EE.UU. y la UE, por su parte, cesaron sus contribuciones monetarias, que apenas permitían malvivir a la administración pública palestina. Injusticia sobre injusticia, pues ambos tienen una grave responsabilidad histórica porque hasta hoy no haya sido erigido un Estado palestino sostenible, independiente y en paz junto a Israel. Para eso han sido bastante morosos, pero ahora blanden el látigo con mucha presteza...

¿Y qué ha pasado? Que grupos de manifestantes exigieron al gobierno de HAMAS el pago de sus salarios. Pero el gabinete palestino, debido a la asfixia provocada por los poderosos, no dispone de fondos para hacer frente a estas necesidades. Algunos optaron entonces por «solucionar» el problema por medio de la violencia, y de ahí las imágenes de caos en las calles. El gobierno israelí ha hecho saber que sigue «con atención» los acontecimientos, aunque quizá le faltó decir que los aplaude, mientras Washington y Bruselas se encogen de hombros «inocentemente»...

Sin embargo, vana espera la de quienes sueñan un baño de sangre. Un pueblo que, pese a tanta humillación y despojo, permanece apegado a su tierra, no cederá a la tentación de quienes le susurran aires fratricidas. Hoy es día de prueba para Palestina. Ayer también lo fue, y mañana lo será...

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