Espejismos del libre comercio

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Está contento: Alan García quedó bien, pero solo con sus empresarios. Foto: AP El presidente Alan García se entrevistó con Bush agobiado por mil presiones. Tantas, que la suya ha parecido una visita a EE.UU. con el propósito, únicamente, de tranquilizar al sector agroexportador de Perú, donde se corre en estos días la voz de que el nuevo mandatario «no ha puesto todo el interés» en lograr que el Congreso estadounidense ratifique el Tratado de Libre Comercio.

En una carrera loca contra el tiempo, los empresarios del agro peruano quisieran que durante los próximos días se ratifique el TLC: antes de que los congresistas norteamericanos levanten sesiones para sumergirse de lleno en las elecciones legislativas de noviembre.

Alan García había dicho que no podía hacer más que hablar con Bush... Sus ganas de «cumplir» parecían tantas, que algún ex funcionario gubernamental le advirtió que tampoco se trataba de llegar de rodillas a la Casa Blanca. Y García no se arrodilló, pero vituperó de su gente y traspapeló los protagonismos para apelar al temor de Bush, cuando habló de un nuevo «fundamentalismo andino» que —dijo— moviliza a grandes muchedumbres étnicas, y podría desestabilizar a su país si no se ratifica pronto el tratado...

Pero el mensaje solo pretendía tranquilizar a los empresarios peruanos, y no a las grandes mayorías: esa otra cara de la moneda en Perú a quien Alan García, obviamente, ha llamado fundamentalistas, y quienes, por el contrario, protestarán cuando entre en vigor el TLC.

Ya se manifestaron en diciembre cuando el ex mandatario Toledo firmó, y después que los legisladores peruanos le otorgaron el visto bueno casi a hurtadillas, en una ratificación precipitada para adelantarse a la toma de posesión de García, y antes de su propia sustitución.

Algunos de esos muchos opuestos al TLC, han esperado en vano la revisión que prometió Alan García. Y también se han dejado oír. Citado por el periódico La República, W. Mendoza, líder de la Confederación Campesina, recordó que la entrada en vigor del acuerdo acabará con los pequeños productores agrícolas, pues el 84 por ciento de los renglones de esa esfera que se importen, entrarán sin pagar arancel. Eso «arruinaría al agro nacional, que no podrá enfrentar esa competencia desleal de productos subsidiados».

Mientras, solo el tres por ciento de las áreas cultivadas en Perú están destinadas a obtener productos que la economía local pondrá en el mercado exterior.

«El TLC, tal como está, solo beneficiará a los agroexportadores, y no al 95 por ciento (conformado) por los pequeños agricultores y las comunidades campesinas, que son el soporte del mercado de las regiones«, anotó.

Parece, entonces, que el reclamo de García ante Bush no refleja exactamente el sentir de las mayorías en Perú.

LA ANDEAN TRADE PROMOTION AND DRUG ERRADICATION ACT

Empero, el apuro de los empresarios con el TLC no llega gratuitamente, sino provocado por el cercano vencimiento de la llamada Ley de Promoción Comercial Andina y de Erradicación de las Drogas, conocida por sus siglas en inglés (ATPDEA), instaurada por el gobierno de Bush padre en 1991.

Supuestamente, se trataba de promover los cultivos alternativos y «estimular» la eliminación de la coca y otras plantaciones a las que Washington hace tiempo culpa por la drogadicción en EE.UU., aunque de este lado del continente, ellas sigan constituyendo el sustento de decenas de miles de familias campesinas.

Falacias aparte —pues «a cambio» se les ha obligado a la erradicación forzosa—, la ATPDEA solo estipuló el retiro de aranceles a una serie de productos agrícolas y textiles de las naciones andinas para facilitar su entrada en el mercado estadounidense.

La pobreza en que pervive el sur, explica la importancia que la ley tiene. No solamente están preocupados en Perú. Durante una visita a Washington hace algunas semanas, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera apuntó a los funcionarios estadounidenses que el programa no es una concesión; mientras, en Colombia, más de uno ha recordado con preocupación el vencimiento en diciembre de la ATPDEA.

Pero el programa no resuelve los problemas. Los pequeños agricultores peruanos han remarcado que durante estos 15 años en vigor, la ley no ha cambiado en nada su vida.

Mucho menos beneficiará a las mayorías el TLC que Bush, se comprometió a agilizar en su encuentro con Alan García... Y contra el cual protestarán quienes fueron bautizados por el Presidente de Perú como «fundamentalistas».

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