El cocodrilo llora por Beit Hanoun

Autor:

Luis Luque Álvarez

Palestinos comparan a Israel con los naziz, durante manifestación en Gaza. Foto: AP Mientras devora los trozos de sus víctimas, el cocodrilo deja rodar algunas lágrimas. ¿Remordimientos? ¿Compasión? Quien crea que esto es lo que le oprime el corazón, está en Belén con los pastores.

Este martes, en el Consejo de Seguridad de la ONU se vieron reacciones similares a las del saurio, cuando el representante israelí se refirió a la última masacre de palestinos: «Israel está profundamente entristecido».

Estos son los hechos: Varios obuses de la artillería sionista cayeron en la madrugada del miércoles sobre cinco casas en la localidad de Beit Hanoun (norte de Gaza), y mataron de un golpe a ocho niños, cinco mujeres y cinco hombres.

Números son números. Cifras frías, repetidas por las agencias de prensa. Los testimonios, en cambio, impactan. El diario español El País recoge el de Ibrahim al Attamne, quien regresaba de la mezquita cuando vio los cohetes israelíes cayendo sobre su vivienda. Su hija, Ghadir, tenía seis meses. «Mi primo recogió sus pedazos en una bolsa».

En una bolsa, literalmente. Es comprensible entonces por qué el gobierno israelí está «profundamente entristecido»...

La explicación oficial indica que se trató de «un error técnico del sistema de dirección de la artillería». Así, el «moderado» primer ministro Ehud Olmert —afortunadamente es «moderado»— lo repite: «Fue un error técnico, y volvemos a decir que lo lamentamos».

El ministro de Defensa, el ex líder sindical Amir Peretz, ha pedido reexaminar «las reglas de los disparos de artillería en la Franja de Gaza» —¡toda una muestra de buena voluntad!— , mientras el enviado de Tel Aviv ante la ONU, Daniel Carmon, insiste: «Debe quedar claro a todos que el blanco de Israel no son objetivos civiles; el enemigo de Israel no es el pueblo palestino».

Eso sí, la coletilla de que los asesinados «son de hecho víctimas del terrorismo de HAMAS», en alusión al Movimiento de Resistencia Islámica, es simplemente un mal cuento: si HAMAS es mi enemigo, puedo atacarlo donde sea. Si en el empeño mis bombas matan a inocentes, no es mi culpa. Es HAMAS el responsable.

Pero ¿acaso no sabían los jerarcas militares israelíes que estaban operando en un área civil? Cuesta trabajo creer que un país dotado —Pentágono mediante— con los medios de guerra más modernos que existen sobre la tierra, no sepa a ciencia cierta a dónde lanza sus cohetes. ¿Cuál es la sorpresa y la angustia oficial?

Además, el Protocolo Adicional I de los Convenios de Ginebra, es suficientemente claro: «No serán objeto de ataque ni la población civil como tal ni las personas civiles. Quedan prohibidos los ataques o las amenazas cuya finalidad principal sea aterrorizar a la población civil. Los bienes de carácter civil no serán objeto de ataque».

Y por supuesto, se prohíben los ataques indiscriminados, entendidos estos como «los que pueden alcanzar indistintamente a objetivos militares y a personas civiles o a bienes de carácter civil».

No es difícil entenderlo: aunque hubiera un grupo de milicianos de HAMAS en medio de las viviendas de Beit Hanoun despedazadas el miércoles, el ejército israelí debía abstenerse de lanzar sus cohetes. No tiene más lecturas.

Según parece, al cocodrilo le place más llorar que leer.

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