Bush entre vetos y llamadas telefónicas

Autor:

Juana Carrasco Martín

Desde el portaaviones Dwight Eisenhower las amenazas para Irán. Voy a vetar, esa era la advertencia desde antes. Y luego que la Cámara de Representantes y el Senado condicionaran el financiamiento de la guerra al establecimiento de un plazo para la retirada de las tropas estadounidenses en Iraq, George W. Bush ha ratificado su amenaza: «Lo vengo diciendo claramente desde hace semanas: si alguna de estas versiones llega a mi despacho, le opondré mi veto».

Nancy Pelosi, la demócrata que ahora preside la Cámara de Representantes, le recomendó de inmediato: «Respire hondo»... «Cálmese. Hay un nuevo Congreso en el pueblo. Nosotros respetamos su papel constitucional; respete el nuestro. La guerra debe termina. El pueblo estadounidense perdió la confianza».

Pero el W. no entiende que sus tropas tengan que salir del país mesopotámico en marzo de 2008 para que le aprueben la suma multimillonaria de emergencia para Iraq y Afganistán, según la versión senatorial; o el 31 de agosto de ese mismo año, de acuerdo con los representantes. Una versión conciliada será la que se presente al sujeto del Despacho Oval de la Casa Blanca, y entonces este echará a andar su poderío.

El conflicto está planteado, y si ambos —el ejecutivo y los legisladores— se mantienen en sus trece, los del Capitolio tendrán que votar nuevamente para obtener entonces el visto bueno de dos terceras partes de sus miembros, lo que deja entrever que el mandatario se saldrá con la suya. De Iraq se irán cuando le de la gana, a no ser que la resistencia...

Los partidarios de salir del sangriento y costoso embrollo saben que solo están presionando al equipo bushiano, pero ponen el hombro para el intento, aunque no logren fuerza de ley, con la mira también puesta en las elecciones presidenciales de noviembre de 2008, esperanzados en que la guerra sea otra vez un asunto crucial.

Entretanto, Bush hacía otros amagos, también vinculados a su visión bélica. En este caso, elevaba considerablemente la cuenta telefónica de la Casa Blanca, puesto que este miércoles llamó a Moscú, Berlín y Londres con dos aspiraciones primordiales: el despliegue de un sistema de defensa antimisiles en Europa Central —específicamente en Polonia y República Checa—, y buscar apoyo a las presiones contra Irán y su programa energético nuclear.

A su más íntimo socio, el primer ministro británico Tony Blair, le dio «respaldo pleno». Es decir, ratificó estar de perfecto acuerdo con la acción militar provocadora que llevó a la captura de 15 marinos reales en aguas iraníes del estrecho de Shatt al Arab —por cierto, Irán acaba de anunciar que liberará a la única mujer de ese grupo.

La maniobra de la pérfida Albión, que exige la liberación de todos sus uniformados, podría servir de justificación a mucho más que las sanciones contra el pueblo persa que acaba de aprobar el Consejo de Seguridad de la ONU. Por lo pronto, Londres congeló este miércoles sus relaciones con Irán, medida a la que un diplomático iraní no identificado restó importancia, arguyendo que hace rato esas relaciones están frías e inactivas.

El timbre también sonó para Angela Merkel, con quien Bush habló de la situación en Oriente Medio para dar algún consejo antes de la visita que la canciller federal alemana realizará el próximo fin de semana a Jordania, Israel, los Territorios Autónomos Palestinos y el Líbano. No se dio a conocer si se pronunció el nombre de Irán.

Por último, hubo distorsión en la llamada hecha al Kremlin. El presidente ruso, Vladimir Putin, y el estadounidense George W. Bush discutieron sobre la Resolución 1747 adoptada por el Consejo de Seguridad y quedó claro que esta descarta el uso de la fuerza contra Irán, un recordatorio oportuno, sobre todo si se tiene en cuenta que también este miércoles la Marina estadounidense concluyó su mayor exhibición de fuerza en el Golfo Pérsico desde la invasión a Iraq: el despliegue de portaaviones, 15 barcos de guerra, 125 aviones y 13 000 marinos en un ejercicio realizado a unos relativamente pocos kilómetros de las costas iraníes.

Putin también expresó preocupación por los planes estadounidenses para establecer una base del llamado escudo antimisiles en Europa, tan próxima a las fronteras rusas que levanta no pocas suspicacias entre los analistas sobre cuáles son sus objetivos y se considera por Moscú una «amenaza directa» a su seguridad. No fueron estos los únicos temas discrepantes...

Así que amenazas de veto y timbrazos que alarman comparten un panorama donde la Casa Blanca de Bush mantiene la belicosidad como modus operandi.

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