Vientos del Katrina siguen golpeando fuerte

Autor:

Juana Carrasco Martín

En septiembre no hubo aulas para todos. ¿Pueden creer que Katrina sigue siendo noticia y dando problemas? Y nuevamente un memo indiscreto airea el asunto, al ser revelado por el diario The Washington Post. El documento tiene fecha del 7 de septiembre de 2005, a unos días del 29 de agosto en que el violento huracán arrasó con las ciudades costeras estadounidenses del Golfo, ensañado especialmente en la bella Nueva Orleans, por las incapacidades y negligencias de no pocos.

El cable, titulado Echo-Chamber Message—no sé cómo traducir exactamente este término de relaciones públicas que señala cuáles son los puntos que deben ser repetidos a la prensa, y desde esta, a su ciudadanía y a la del mundo para que crean su versión o su mensaje— fue remitido por una funcionaria de total confianza presidencial, Karen Hughes, desde el Departamento de Estado. Las instrucciones llegaron a todas las embajadas de EE.UU., fueran o no oscuros los rincones del mundo donde están situadas.

El recado era claramente identificable, obvio, definitivo. Aseguraba que tomaban en cuenta a los países que habían prometido o donado contribuciones en pleno desastre, que su generosidad proveía a los norteamericanos de «ayuda práctica y apoyo moral» y «resaltaba los beneficios concretos que las víctimas del huracán estaban recibiendo».

Pero, como afirma el periódico, muchos de los diplomáticos que recibían la encomienda estaban siendo testigos de otra realidad: el gobierno de EE.UU. rehusaba los ofrecimientos de recursos humanos, abastecimientos y especialistas; incluso era incapaz de recolectar la asistencia en dinero en efectivo para las víctimas del terrible fenómeno atmosférico, convertido en verdugo y tragedia.

Ciudadanos por Responsabilidad y Ética, un grupo de interés público, solicitó la información de más de 10 000 páginas de cables, telegramas y correos electrónicos que enviaron los diplomáticos estadounidenses desde diversas partes del planeta informando de las ofertas externas y dando cuenta de los obstáculos que iban surgiendo y los dejaban sin una explicación que dar a la generosidad no aceptada.

Los datos que suministra ahora el diario pudieran reforzar la tesis surgida en aquellos terribles momentos de que había la intención de «blanquear» a Nueva Orleans, de diezmar a su población negra y pobre, de ayudar a la guadaña con un empujón racista.

Vivir en una caja: estímulo para atraer maestros a Nueva Orleans. Los aliados de EE.UU. ofrecieron 854 millones de dólares contantes y sonantes, o en petróleo que podía ser vendido al momento, y solamente 40 millones fueron utilizados para los damnificados o para la reconstrucción. Ni siquiera colectaron los 400 millones de dólares como valor del combustible. Aplicaron, asegura The Washington Post, el veto a determinadas ayudas o los límites impuestos por la burocracia. Se malgastaron suministros y hasta declinaron servicios en medicina o en barcos cruceros que hubieran sido tan necesarios para evacuación y atención a los residentes de la extensa área afectada por los feroces vientos y las inundaciones. Los cargamentos de medicinas enviados por Italia, por ejemplo, se estropearon tras estar expuestos durante semanas a la intemperie...

Grecia puso a disposición de EE.UU. dos barcos cruceros para que gratuitamente fueran utilizados como hoteles u hospitales para los desplazados, y no fueron aceptados porque no arribarían hasta octubre. Sin embargo, la administración de George W. Bush se gastó 294 millones de dólares para pagar las naves de la línea Carnival Cruise, una de las empresas estadounidenses que de hecho medraron a costa de la desdicha, al obtener lucrativos contratos.

Simples cartas de agradecimiento pararon en seco a equipos de búsqueda y rescate de fuerzas armadas aliadas. Hasta valladares políticos se pusieron a la generosidad de otros que no menciona The Washington Post. Recordemos que no aceptaron el ofrecimiento inmediato de Cuba de la Brigada Médica Internacional Henry Reeve, cuando todavía destrozaban los vientos y ahogaban las inundaciones, una tropa de la salud que hubiera podido salvar no pocas vidas...

A casi dos años de la tragedia, ¿está ya recuperada esa población? ¿Reconstruida la urbe? ¿Han regresado quienes debieron emigrar hacia otros estados? Nada de eso; ni han sabido coordinar la reconstrucción, ni tampoco se sabe mucho de dónde llegó dinero y adónde fue a parar, lo que para Melanie Sloan, directora del grupo que suministró esta información al The Washington Post, «deja claro que ellos están tratando de esconder su ineptitud e incompetencia».

La secretaria de Estado Condoleezza Rice encontró esta explicación para darla por ABC News: «Francamente no estamos acostumbrados a recibir ofertas de asistencia extranjera en gran escala»...

Así, FEMA, la Agencia para el Manejo de Emergencias, sigue tan inepta e irresponsable como cuando dejó que Katrina engullera a Nueva Orleans y sus habitantes.

La encuesta que este lunes tienen la cadena ABC y el diario NOLA es elocuente: ¿Confía usted en que FEMA tiene un plan para distribuir la ayuda en la temporada ciclónica que comienza?: Solo 7,4 por ciento dicen: Sí. Una amplísima mayoría habla por su terrible experiencia: el 92,6 por ciento dicen: No.

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