Como Roma, un fin para el imperio

Autor:

Juana Carrasco Martín

La advertencia llega desde un lugar no habitual. David Walker, contralor general del gobierno de Estados Unidos a cargo de la Oficina de Control del Gobierno (GAO), avisa que existen «sorprendentes» similitudes entre la actual situación de su país y el fin del imperio romano. Así describió las semejanzas: «Dentro de las fronteras, hoy en Estados Unidos, como entonces en Roma, hay una caída de los valores morales, de la civilidad política y de las prácticas públicas. Ese proceso está acompañado de la necesidad de una continua expansión militar fuera de los confines y la sustancial irresponsabilidad fiscal del gobierno central».

Esta administración de Bush es para el contralor «una plataforma en llamas», y pasa a enumerar varios factores que le sirven de argumento: la insostenible política energética, las deficiencias fiscales, una deuda a punto de explotar, los graves problemas vinculados a la inmigración, y las guerras. Casi podríamos decir que el señor Walker ha descubierto el agua tibia.

Apenas una mirada grosso modo y podemos mostrar alguno que otro ejemplo del caos. Como el funcionario de GAO menciona la ineficacia para poner en vigor una reforma migratoria, resulta apropiado señalar que ahora cada estado de la Unión está haciendo sus propias leyes relacionadas con el tema. En el primer semestre de este año, 41 de los 50 estados aprobaron 170 leyes luego de haberse presentado a las cámaras legislativas 1 404 iniciativas, y son incontables las que se han visto y aprobado en condados y distritos, de tal forma que es prácticamente imposible predecir lo que el presente y el futuro puede deparar para unos 12 millones de trabajadores ilegales que residen en Estados Unidos, los modernos esclavos de este nuevo imperio.

A nivel federal una ocurrencia para enfrentar el flujo de quienes desde las neocolonias ansían llegar a la Roma actual en busca de un sueño dorado: la Patrulla Fronteriza está pidiéndole a sus agentes que se ofrezcan voluntariamente como constructores del muro y las cercas que separarán más aún a México de Estados Unidos, cuando George W. Bush está retirando a la mitad de las tropas de la Guardia Nacional que el pasado año envió a esas regiones limítrofes para fabricar el oprobioso valladar, 70 millas que debían estar finalizadas para septiembre de 2007.

Y si de las fronteras retira tropas, en las operaciones allende los mares hace todo lo contrario, refuerza los efectivos en Bagdad y en la provincia iraquí de Anbar, arremete con saña contra la resitencia en ciudades como Baquba, utiliza la aviación en bombardeos selectivos al mejor estilo israelí, y llena y rellena las cárceles con supuestos miembros de Al Qaeda, porque se niega a reconocer una resistencia popular contra sus tropas ocupantes de Iraq, y mira insistentemente a otros países del área para buscar culpables de su fracaso bélico no admitido.

Roma también fue una inmensa cárcel, lanzó a los leones en el circo o crucificó a quienes se le oponían. Washington tiene en las prisiones iraquíes a 67 000 detenidos (36 000 en sus instalaciones y 31 000 en las manejadas por las autoridades nativas). Tal y como ocurre con los 355 que todavía mantiene encerrados en la Base Penal de Guantánamo, a la inmensa mayoría no le han formulado cargos, pero «disfrutan» de horrorosas condiciones. Nadie sabe a ciencia cierta si las infames prácticas de Abu Ghraib han sido de verdad desterradas.

Apenas sirve la muestra para ver en qué forma Bush está empedrando el camino que le conduce a Roma.

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