La cara no comercial del libre comercio

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Si alguien necesitara convencerse del peso de los TLC en la geoestrategia de Washington hacia Latinoamérica, solo debe observar los esfuerzos de la administración Bush para que su Congreso deje que entren en vigor.

Mientras, en Costa Rica, el ejecutivo usa todas las «variantes» en busca del primer paso y que la población le dé el Sí en noviembre, la ratificación en el Capitolio de Washington de los acuerdos suscritos ya por los gobiernos de Perú, Panamá y Colombia —avalados además por sus legisladores— sigue pendiente.

En la Casa Blanca hay inseguridad, como lo demuestra la parafernalia propagandística armada por el ministro de Comercio de Bush, Carlos Gutiérrez, en momentos en que apenas el Comité de Finanzas del Senado se adentra en el análisis de los tratados, suscritos por el ejecutivo pero no ratificados aún en el mismísimo Congreso norteamericano. Las dudas las tienen los demócratas, y la mayoría que arrebataron a los republicanos, en ambas cámaras, en noviembre pasado, se ha convertido en gigantesca gran piedra en el camino.

A Bush le urge el Sí congresional en medio del estropicio doméstico y foráneo que su política ha causado al país y a su propio partido: no vendría mal un «logro» cuando solo queda un año para la elección presidencial.

Por eso, más que propagar en Perú, Colombia y Panamá las «bondades» de un convenio que ya sus ejecutivos firmaron, la visita que Gutiérrez realiza ahora a esos países podría entenderse como un renovado pedido de paciencia. Lo más lógico, sin embargo, es que sean los gobiernos nacionales quienes traten de persuadir a los congresistas que acompañan a Gutiérrez para que estos, después, convenzan a sus colegas en Estados Unidos.

Apoyado por el senador Charles Grassley —el miembro republicano de más alto rango en el Comité de Finanzas del Senado—, y en compañía del titular de Agricultura, Mike Johanns, Gutiérrez protagonizó el lunes pasado un verdadero mitin en el Capitolio.

El Secretario norteamericano de Comercio expuso a los congresistas el meollo de la disquisición... según el entender de la Casa Blanca. De modo que no solo alabó la manera en que Perú, Panamá y Colombia —dijo— «están demostrando un compromiso con la liberalización comercial» y con el «fortalecimiento de sus relaciones con Estados Unidos». Además, enfatizó que ello es a diferencia de países como Venezuela, Bolivia y Ecuador que, sin respetar las reglas de libre mercado, «están consolidando su poder político».

Como se ve, no está solo en juego la validez de la estrategia latinoamericana de Bush sino, además, la averiada hegemonía hemisférica del Imperio. Debe pensarse, por tanto, que las decisiones finales estarán en consonancia con la manera en que cada partido crea podrá «restablecerla» a un costo menor.

Contradictoriamente — puede apreciarse—, hay muy poco de comercial en los tratados de libre comercio.

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