La insurgente estrella del Che

Autor:

José Alejandro Rodríguez
De vez en cuando se nos extravía del firmamento la estrella del Che. Entonces damos tumbos por los caminos y se nos oscurece el horizonte. Nos bloqueamos de sinrazones y angustias ante el peso de las contradicciones y paradojas cotidianas, como si ese astro no estuviera allí siempre —aunque a veces se nos esconda en el paisaje—, alumbrándonos en el escarpado y laberíntico ascenso de la plenitud humana, que es el vivir en lo difícil, y darse con arrojo.

Personalmente escojo el Che complicado y rebelde de todos los días, el «conflictivo», en la más noble y alta acepción de la palabra; no el ícono eternizado que algunos quieren envolver con solemnidad y frases altisonantes, para postrarnos ante él y venerarlo como algo inalcanzable, repitiendo paradójicamente «Seremos como el Che»... aunque no pocas veces nuestros actos lo nieguen; a él, que fue espartano ejemplo de consecuencia entre vida y pensamiento, conducta y palabras.

Con plena libertad escojo a mi Che como el azimut de esta expedición por la vida, avizor y alertándonos de cuantos atajos o quebradas puedan desviarnos el rumbo y atrasarnos; de cuantas paradas y espejismos puedan sumirnos en la autocomplacencia y el triunfalismo ciego y sordo, que son la muerte por asfixia de una Revolución. Sí, él nos salva como un guía montaraz, entre los sutiles marabúes de estos tiempos.

Ahora, cuando el mundo entero lo evoca mayormente en su arista épica, prefiero ver ese legado guerrillero solo como el germen de su batalla mayor por fundar un mundo nuevo y justo, ya en los desafíos de la paz. Dialéctico revolucionario, alérgico a cualquier dogma, desplegó su faceta de constructor del socialismo, de ministro y funcionario —que no de burócrata— no como un mandamiento inamovible ni incuestionable, sino siempre ventilando las propias decisiones, lineamientos y conceptos que iban cuajando, con el curso de la vida. Sin aferramientos.

Su osadía y temeridad para el combate la desplegó en aquellos tiempos fundacionales en la propia reflexión crítica con que acompañó la obra creadora de la Revolución, el desenmascaramiento y análisis de todo lo mediocre, torpe y malsano que la entorpece desde adentro.

Entre las inmanencias del Che que más pueden protegernos en estos complejos tiempos, si las aplicamos inteligentemente, está aquella virtud suya de ir pensando la Revolución mientras se hace, con el libre crédito a la duda científica y a rectificar todo lo que, en nombre de lo más sublime, lo esté enlodando en la inoperancia.

Polémico y problematizador en el pensamiento, lo fue también en los métodos de dirección, en su concepto de dirigir con el consenso de los trabajadores y no con imposiciones tecnocráticas. Sus irrupciones por las puertas traseras de las fábricas y entre la grasa de los talleres, precedían y superaban como retroalimentación sus despachos con los funcionarios subordinados. Como ministro y cuadro de la economía cubana, nos está dando lecciones todavía de que las virtudes y ventajas del socialismo no se imponen per se, ni cuajan con el voluntarismo y el decreto, sino que se hacen carne y sangre del más importante sujeto de la economía, que es el trabajador.

Creativo por antonomasia, nunca cercenó el debate y la polémica como método dialéctico para llegar a la verdad. Y aun cuando su pensamiento económico no pueda ser traspolado al calco en las condiciones del presente, muchas de sus formulaciones sobre el control, la calidad, la eficiencia y el papel vertebrador del cuadro y su ejemplo, son todavía palpitantes incitaciones, provocaciones a la vergüenza nacional para que la economía socialista logre demostrar su superioridad con hechos más que con palabras.

Hoy, cuando Cuba está abocada a profundas reflexiones y transformaciones acerca de asuntos estructurales y funcionales de la economía y la sociedad, y a enmendar falencias y debilidades manifiestas, que asfixian el espíritu libertario del socialismo, se hace imprescindible el transparente y honesto enfoque del Che, su ética intelectual, política, pública y personal; su rechazo a toda tecnocracia que empañe el sentido esencial del socialismo: llegar al ser humano y venir desde él.

En los combates que aún Che debe librar por los senderos de la libertad y la justicia, y en esos otros posteriores de cimentar una nueva vida, el Guerrillero Heroico va adelante con su cañón de futuro no solo matando canallas, sino identificando incapaces, genuflexos, burócratas y cobardes. Él nunca nos abandonará, siempre que seamos capaces de desafiar cuanta zarza se nos interponga, para conquistar la plenitud a la luz de su estrella siempre inquieta y soñadora.

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