A 90 años del «asalto al cielo»

Autor:

Juventud Rebelde
Recuerdo mis primeras referencias escolares sobre la Unión Soviética. Las lecciones se centraban en las «causas del derrumbe» de la URSS y el campo socialista. A la vez, llegaban los efectos de un denominado período especial, que tenía entre sus causas más divulgadas oficialmente la mencionada caída, y se reestructuraban los planes de estudio en las carreras de Ciencias Sociales, transitando algunos profesores universitarios —a grandes saltos a veces— de impartir Comunismo Científico a Historia de la Revolución Cubana.

De tal suerte, mis referencias iniciales no eran positivas. Algún profesor con mayor interés —probablemente graduado en las famosas escuelas del Partido soviético— intentaría matizar el enfoque general con lapidarias y resignadas frases: «tan bueno fue que nos sostuvo muchos años» o «tanto peso tenía en la geopolítica que nos golpeó a océanos de distancia». Lo cierto es que durante mis primeras dos décadas, la escuela tuvo una activa incidencia en la simplificación y desconocimiento de un proceso al que necesariamente debemos mirar y regresar.

La otra referencia han sido nuestros padres. Los que llegaron a mi edad —el cuarto de siglo— en los 80, con aciertos, errores, silencios, desenfoques; tuvieron una cercanía vivencial a la existencia de la URSS. Era un lugar en que estudiaban muchos y hay una generación cuyas licenciaturas y doctorados se verifican en Kiev, Moscú, Bakú. De ello debo destacar —por el efecto que ha tenido en mí con el tiempo— las anécdotas escuchadas que elevaban lo «disidente» de algunos cubanos respecto a la historia oficial que se impartía.

Otros miran esos años con nostalgia y persisten en la añoranza estimulada por un factor doble: lo que existía allá y se podía conocer directamente, y lo que teníamos aquí; por réplica o construcción independiente. Algunos tuvieron una percepción acertada en su complejidad y siguieron paso a paso la etapa final, la glásnot y la perestroika. Otros sucumbieron ante las sutilezas y todavía no he podido aventurar cuán brusco fue el derrumbe para ellos.

Así hemos crecido. Así llegamos muchos al año 90 de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Compartimos el deseo de construir un proyecto anticapitalista y socialista perfectible. A la claridad de no esperar nada del capitalismo debe sumarse, la certeza de que ningún proyecto se construye sin programa, sin agenda. El enfrentamiento a las corrientes liberales —tan a la moda— no debe realizarse teniendo un antiprograma como arma mejor, actuando solo a partir de la deconstrucción de lo que nos propone el Imperialismo. Se trata de lograr una simbiosis que comprenda el desmontaje del Capitalismo, enfatizando en la falsedad de algunos presupuestos que presenta como verdades hechas; y la definición de líneas esenciales básicas en la construcción de alternativas, necesarias en su generalización para su triunfo. En este sentido, para los más jóvenes sería favorable promover una mirada a las experiencias de la Revolución de Octubre y a sus primeros años.

A Cuba y los cubanos nos correspondió legar la posibilidad y practicabilidad de la permanencia del proyecto socialista. Fuimos y somos referentes en la resistencia, esfuerzo multiplicado en las nuevas condiciones y el reordenamiento de las fuerzas políticas que ha ocurrido en América Latina desde hace una década aproximadamente. Pero la resistencia no basta, es punto de partida para nuevas metas y deseos. Parte de un camino más largo que tiene como centro al ser humano, sus aspiraciones y aportes.

La tarea es ardua. Los más jóvenes —y en eso la propaganda mediática no ayuda— establecemos una relación directa entre el Socialismo y la crisis de los noventa, las privaciones, el afloramiento de males sociales, la emergencia como principal método de atención y solución de los problemas.

En esa agudeza que urge, en esa predisposición favorable necesaria en política; se entiende mejor el papel de la Isla en el contexto actual. Cuba se encuentra en la posición de que en la construcción de su propio proyecto puede realizar interesantes aportes en los terrenos teórico y práctico.

Menciono algunos. La idea de la Revolución más allá de los años fundacionales, de los efectos de sus acciones heroicas, de esa etapa inicial en que se extiende y masifica lo que antes concentraban unos pocos; la certeza de que además de esa extensión han de crearse las bases para responder a las crecientes necesidades de gente que hoy tiene aspiraciones mayores y somos más, por obra directa de la Revolución a la que no debe renunciarse.

El valor de la institucionalidad revolucionaria. Mirando atrás: Lenin no negó la institucionalidad, se concentró en construir los hilos de esta con el pueblo y en ponerla al servicio del pueblo. En Cuba es clave velar por la funcionalidad de nuestras instituciones, por el destierro de la burocracia; pero no identifico la solución para ello en su negación, ni en la exaltación de la anarquía.

El papel de la cultura en su concepción más amplia, que incluye también la creación material de los seres humanos y cuidándonos, de un reduccionismo al terreno de lo superestructural que nos haga retroceder al Socialismo Utópico.

A 90 años del «asalto al cielo» reconocemos que la Revolución Bolchevique cumplió la doble misión de demostrar en la práctica la viabilidad de las ideas expresadas por los fundadores del marxismo y a la vez, revisó y actualizó las mismas. La intensidad de la Revolución en sus primeros años solo pudo ser contrarrestada por una reacción y una degeneración del estado obrero de grandes dimensiones, al punto de llegar a la supresión física. Por ello volver a los primeros años de la Revolución es necesario; nos puede dar claves para comprender lo acertado de nuestro camino.

Sin entusiasmos infantiles, irresponsabilidades e ingenuidades sigamos apostando y construyendo la sociedad que queremos. Ejercitemos sus contornos y veremos cuánto se tocan con los perfiles de aquel Octubre de 1917.

*Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria en la Ciudad de La Habana. Fragmentos de las palabras pronunciadas en el Acto de la FEU por el Aniversario 90 de la Revolución Bolchevique.

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