Símbolos del 7 de Diciembre

Autor:

Armando Hart Dávalos
Fidel calificó a Frank País (primero a la izquierda) como «el más limpio y capaz de todos nuestros combatientes». En el edificio de la Primera Iglesia Bautista, en Santiago de Cuba, el 7 de diciembre de 1934 nacía un varón primogénito, al que el matrimonio formado por el reverendo Francisco País Pesqueira y Rosario García, ambos de origen español, nombraron Frank y que pasaría a la historia de Cuba como uno de sus hijos más queridos y admirados. Treinta y ocho años antes, ese mismo día, caía en Punta Brava, a las puertas de La Habana, el general Antonio Maceo y Grajales, figura legendaria de las dos guerras por la independencia y protagonista de la Protesta de Baraguá. Había realizado la gran hazaña militar de la invasión para traer la guerra al Occidente del país enfrentando la abrumadora superioridad de la maquinaria militar que España llegó a tener en Cuba y del más moderno armamento de la época.

Ambas figuras constituyen símbolos de esa síntesis de lucidez en el pensar y capacidad y coraje para el hacer. Ellos representan también puntos culminantes del pensamiento ético cubano y del papel esencial de la familia en la formación moral y ciudadana.

Comencemos por Maceo. En él está presente esa manera peculiar con la que las masas explotadas de origen africano del Caribe reinterpretaron el pensamiento más elaborado de la cultura occidental que llegaba a Cuba desde Europa. Aquí cristalizó lo que he llamado la cultura Maceo-Grajales; una cultura familiar, que tiene a figuras como Antonio Maceo y Mariana Grajales, y una cultura de cohesión, que también tiene un pensamiento ético. El medio familiar desempeñó un papel decisivo en la creación de la recia personalidad del joven Antonio, el primero de los nueve hijos del matrimonio de Marcos y Mariana, y del patriotismo y espíritu de sacrificio de sus hermanos. En su libro Antonio Maceo. Las ideas que sostienen el arma, el historiador Eduardo Torres-Cuevas señala que gracias al esfuerzo de Mariana, su hijo Antonio pudo estudiar hasta los 16 años en un colegio de Santiago de Cuba y allí contó con maestros cultos de larga vida y mucha rectitud y experiencia. También habría que destacar la influencia recibida en la institución masónica Gran Oriente de Cuba y las Antillas.

El carácter y la conducta de Maceo estaban guiados por su arraigado sentido ético. Las ideas expuestas en carta al capitán general español Polavieja, ilustran sus concepciones morales:

(...) jamás vacilaré porque mis actos son el resultado, el hecho vivo de mi pensamiento, y yo tengo el valor de lo que pienso, si lo que pienso forma parte de la doctrina moral de mi vida.

Y en otra parte de la misma carta agrega:

La conformidad de la obra con el pensamiento: he ahí la base de mi conducta, la norma de mi pensamiento, el cumplimiento de mi deber. De este modo cabe que yo sea el primer juez de mis acciones, sirviéndome de criterio racional histórico para apreciarlas, la conciencia de que nada puede disculpar el sacrificio de lo general humano a lo particular.

Más adelante señala:

Vislumbro en el horizonte la realización de ese mi ideal, casi parecido al ideal de la humanidad, humanizado con los grandes bienes que tiene que realizar en el porvenir. (...) no hallaré motivos para verme desligado para con la Humanidad. No es, pues, una política de odios la mía, es una política de amor; no es una política exclusiva, es una política fundada en la moral humana (...) no odio a nadie ni a nada, pero amo sobre todo la rectitud de los principios racionales de la vida. 1

En cuanto a Frank País me interesa destacar tres elementos claves que intervinieron en la formación de su personalidad: la familia, con una profunda raíz ética cristiana y una tradición de esfuerzos en defensa de los pobres de la Tierra, que representan tanto el padre como la madre de Frank; la escuela, de los bautistas primero, de la que su padre fue maestro, y más tarde de la Universidad de Oriente, institución que precisamente celebra su aniversario 60. El tercer elemento es la comunidad en la que se sintetizan y alcanzan a la vez altos niveles estos principios, es decir, la tradición patriótica y revolucionaria de la ciudad «rebelde ayer, hospitalaria hoy y heroica siempre».

Por demás, Frank era un hombre de acción y, al mismo tiempo, de sensibilidad artística y talento organizativo. Reunía virtudes difíciles de integrar en una sola persona, como son la capacidad de organización, de acción y de pensamiento. Es difícil precisar si era un político con vocación militar o un militar con vocación política. Para él las palabras disciplina, organización, civismo, libertad tenían un valor sagrado, conjugándose en su mente y en su acción y guardando un magnífico equilibrio. Tenía a la vez una abierta y sincera vocación de dirigente. Quien hablara dos veces con él sabía que había nacido para mandar. Y mandaba, con moral espartana y noble espíritu de justicia (...) Era «el más limpio y capaz de todos nuestros combatientes» como afirmara el propio Fidel.

Maceo y Frank subrayan la necesidad de investigar, como un requerimiento esencial para el presente y el futuro de la Revolución, los rasgos definitorios de la autoctonía nacional cubana, en especial en la antigua provincia de Oriente, y su alcance mundial. La memoria histórica es imprescindible y debe recrearse para que opere en nuestra época y hacia el futuro.

En este 7 de diciembre nuestro recuerdo emocionado para estas figuras esenciales de nuestra historia, por su amor a Cuba y su radicalidad fundamentada en sólidos principios éticos, que nos viene de una larga tradición y que podemos resumir en aquella frase memorable de José de la Luz y Caballero:

Antes quisiera yo ver desplomadas, no digo las instituciones de los hombres, sino las estrellas todas del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de la justicia, ese sol del mundo moral.2

Como una continuidad histórica en nuestros días, rendimos también sentido homenaje a los cinco patriotas cubanos, Gerardo, Antonio, René, Fernando y Ramón, ejemplos vivientes de principios éticos y de firmeza revolucionaria en medio de las difíciles condiciones que les han sido impuestas por el imperialismo. Ellos ejemplifican con su conducta el papel decisivo de la familia en la formación de principios morales, de una educación fundamentada en el aserto martiano: «Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre» y de la lucha junto al pueblo por su patria socialista.

1 Torres-Cuevas, Eduardo. Antonio Maceo. Las ideas que sostienen el alma.

2 De la Luz y Caballero, José Aforismo, diciembre de 1861.

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