Polvos en Kosovo, lodos en Georgia - Opinión

Polvos en Kosovo, lodos en Georgia

Autor:

Luis Luque Álvarez
No demoró mucho, ¿no? Me refiero a la ola de «unilateralidad» que podía brotar del reconocimiento a la independencia ilegal de la provincia serbia de Kosovo.

Ya están ahí dos casos: las repúblicas autónomas de Abjasia y Osetia del Sur. ¿De quién están pidiendo separarse definitivamente? De la república ex soviética de Georgia, que ha devenido en aliado vital de EE.UU. en el Cáucaso. Allí mismito, bien cerca de Rusia.

En realidad, ambos territorios se están manejando por su cuenta ya desde principios de los 90, cuando decidieron cortar lazos con el gobierno de Tbilisi. Las guerras locales que siguieron, con el objetivo de forzar a abjasios y osetas a dar marcha atrás, no alteraron la situación, y en tal estado permanecen hasta hoy: independientes de facto.

Para Washington, la diferencia aquí es que el perjudicado es su amigo-punta de lanza, mientras que Serbia, aliada de Rusia, nunca lo ha sido, ni aun defenestrado y sepultado el ex presidente Slobodan Milosevic, su «coco» de los años noventa. En cuanto a Bruselas, se recela de que Moscú llegue a apoyar estas aspiraciones. «Hay un temor cada vez más fuerte de que Rusia pueda abrir la vía a un reconocimiento de Abjasia», afirmó el 10 de marzo la comisaria europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner. La Unión Europea «siempre ha defendido la integridad territorial de Georgia», recordó, aunque tal vez no tenga una respuesta clara para definir el concepto «integridad territorial de Serbia»...

No van descarriados los temores de la alta funcionaria europea. El pasado 21 de marzo, la Duma (Cámara Baja del Parlamento ruso) aprobó por unanimidad (440 votos contra ninguno), una resolución no vinculante para que el Kremlin otorgue su reconocimiento a Osetia del Sur y Abjasia como Estados independientes. Y aun más: si en la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la semana próxima en Bucarest, se le da entrada a Georgia en el pacto militarista, la Duma insta a Moscú a acelerar el proceso para la obtención de la soberanía de ambas zonas.

Hasta el momento, el presidente ruso Vladimir Putin ha referido que su país no pretende admitir nuevos territorios en su seno, por la «carga financiera» que representarían. Pero de todas formas, si bien a muchos habitantes de esas repúblicas separatistas les interesaría integrarse rápidamente en Rusia, lo primero para alcanzar esa meta sería obtener la independencia de Georgia. Ahí estarían enfocados los objetivos. Nadie está hablando de transferir territorios de un país a otro, como nadie ha visto en este último mes que Kosovo haya sido anexado a Albania, a pesar de que la mayoría de los kosovares (un 85 por ciento) son de ese origen.

A Occidente ahora le hinca en el dedo gordo la eventual fragmentación de un país. Pero, coincidentemente, ¡también los osetas y abjasios son mayoría en sus regiones! Los primeros suman 45 000 individuos, frente a poco más de 17 000 georgianos, mientras que los segundos contabilizan 94 000 frente a 42 000 georgianos. Esto, sin contar a los residentes rusos, que naturalmente tienden hacia Moscú, no hacia Tbilisi. ¿Por qué no aplicar la misma regla que en Kosovo? ¿Cuál es el enrevesado y ultrameteórico principio técnico que lo impediría?

Aquellos polvos trajeron estos lodos, dicen nuestros abuelos. En el Cáucaso deben tener proverbios semejantes...

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