Bolivia es una sola

Autor:

Marina Menéndez Quintero

SI algún remache faltaba para confirmar el afán separatista y balcanizador del referendo convocado para el 4 de mayo en el boliviano departamento de Santa Cruz, ahí está, en la propia aseveración descarada de su prefecto. Después de la consulta, acaba de afirmar Rubén Costas el viernes, «nace una nueva república».

No está en juego solo ya la refundación, que las prefecturas separatistas de la llamada Media Luna han boicoteado desde el inicio, inconformes con cada paso del Ejecutivo del MAS que beneficie a los de abajo. Sobre el tapete se encuentra la integridad de la nación boliviana y no pocos analistas estiman, además, que la maniobra sentaría un precedente negativo para el resto de Latinoamérica, estando a la luz, tan claro, un precepto que ha sido pilar de la política imperial hacia el resto del mundo: divide y vencerás.

El desgaje boliviano, como ha reconocido el propio Costas, tendría su primer paso en Santa Cruz. Después irían los departamentos de Pando, Beni y Tarija, cuyas prefecturas, también en manos de una oligarquía que con los llamados «comités cívicos» constituye el primer partido de oposición al MAS, han anunciado sus respectivos referendos separatistas en las próximas semanas.

El intento, ilegal por anticonstitucional y reprobable por artero, ha convocado el rechazo de movimientos populares y sociales dentro y fuera del país; de partidos políticos, intelectuales, instituciones jurídicas y ejecutivos de la región, quienes se han pronunciado en respaldo al gobierno de Evo Morales.

La tez blanca de Costas podría ser suficiente para indicar la procedencia de esos adversarios, y el carácter de una estrategia que quieren imponer, a despecho de las mayorías indígenas, aquellos que están perdiendo sus privilegios. La consulta ni siquiera está respaldada por el pueblo cruceño, como lo demuestra el hecho de que el prefecto haya recogido únicamente poco más de cien mil firmas para avalar el trámite, entre una población que es una de las mayores de los departamentos bolivianos y cifrada por los censos recientes en más de dos millones de habitantes.

Pero si el ser rubio no bastara para evidenciar sus intereses de clase, sépase que Costas ha sido líder de la Cámara Agropecuaria del Oriente, de la Confederación de Ganaderos, y de los productores de leche..., la flor y nata de esa oligarquía tan bien representada en Santa Cruz, uno de los departamentos más ricos, y donde se encuentra buena parte de los yacimientos de petróleo y gas que constituyen el patrimonio de toda Bolivia, y que quieren para sí.

A su lado muchos advierten la mano y el cerebro de Branco Marinkovic, empresario de origen croata al frente del Comité Cívico de Santa Cruz, y promotor del empeño racista y secesionista conocido como la «nación camba».

Labor de zapa

La nacionalización de los hidrocarburos, decretada por Evo para que el Estado sea dueño de las riquezas y se las explote a favor de toda la población, fue el primer disgusto de los Rubén Costas y Marinkovic. Más adelante, las gobernaturas en manos de la oligarquía y sus comités cívicos se movilizaron hacia Sucre para impedir el trabajo de la Asamblea Constituyente, encargada de plasmar en blanco y negro los cimientos jurídicos de la refundación: una Carta Magna que aún no ha podido ser puesta a la consideración del pueblo, y que sigue cuestionada por los prefectos de la Media Luna.

La instauración del Bono Dignidad, como se ha denominado a la renta vitalicia a la vejez, volvió a levantar después las lanzas de los inconformes, porque se sufraga con el ingreso adicional que recibe Bolivia en razón de un Impuesto Directo a los Hidrocarburos engordado, justamente, gracias a la renegociación de los contratos con las transnacionales, que permitió la nacionalización.

En esa puja, cada intento de los muchos calorizados por el Ejecutivo para consensuar posiciones mediante el diálogo y la negociación, ha sido frustrado por ellos.

Ese es el caldo de cultivo para alimentar odios que ha cebado el imperio. A los alertas sobre la manera en que la Casa Blanca, como en Venezuela, fomenta la subversión en Bolivia mediante agencias mampara como la NED y la USAID y sus enjundiosos presupuestos para talleres donde se educa a la población en temas tales como «democracia», se suman las denuncias de Evo Morales acerca de la injerencia de la embajada norteamericana en los asuntos internos bolivianos.

Un artículo reciente de la Agencia Boliviana de Información señala, con más precisión, la actividad del embajador Philip Goldberg, quien fuera asistente de Richard Holbrooke, identificado como uno de los estrategas de la desintegración de Yugoslavia y cuya llegada a Bolivia se relaciona con el estallido de los primeros intentos divisionistas.

Para evitar desórdenes, el gobierno ha insistido en que no tomará medidas de seguridad adicionales ni enviará refuerzos policiales a Santa Cruz el día 4.

Sin embargo, no puede soslayarse alguna provocación de los mismos que avalan el referendo. Esa fue la práctica en Sucre: los actos vandálicos y las agresiones físicas contra los asambleístas del MAS, obligaron a la Constituyente a concluir los trabajos en Oruro.

No puede descartarse que esa práctica se repita. La desestabilización está dentro de los cálculos de quienes quieren fragmentar a Bolivia.

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