Y siguen saltando conejos

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Finalmente el conejo que faltaba por saltar ha asomado el hocico en el sombrero. Y se comprueba cuál era el fin de los misiles disparados contra el campamento de las FARC arrasado en Sucumbíos el pasado 1ro. de marzo, en pleno territorio de Ecuador.

De la computadora portátil del acribillado comandante guerrillero Raúl Reyes brincan, como liebres asustadas por la varita del mago, las acusaciones que empecinadamente tratan de llevar in crescendo el conflicto que América Latina quiere evitar. Uno tras otro los «documentos» ven la luz, lanzando contra estos o aquellos la más terrible acusación que pueda levantarse contra alguien después del derribo de las Torres Gemelas y el destape de la ofensiva de Bush: terrorista.

Así, el calificativo lo mismo podría estamparse a un líder popular de los movimientos contra los TLC en Costa Rica, que a un gobierno. Cualquiera puede estar en la lista negra... si su nombre aparece en la computadora que, inexplicablemente para muchos, resistió el bombardeo feroz contra el campamento de las FARC, y está siendo objeto ahora de un examen exhaustivo de la INTERPOL.

Ofreciendo adelantos del contenido de la laptop, algunos medios hablan ya incluso, de unas 400 «organizaciones legales e ilegales del continente» con vínculos con las FARC, y de 17 países hasta los cuales habría extendido sus contactos la guerrilla... que lamentablemente también para América Latina, ha sido identificada de antemano como «terrorista».

El gobierno de Ecuador fue el primero en sufrir el remezón cuando el impacto del operativo colombiano en Sucumbíos ya se había apagado. Desde que la computadora de Reyes empezó a «hablar», se han sucedido las «pruebas» que señalan al Ejecutivo nacionalista y patriota del ecuatoriano Rafael Correa como colaborador o, incluso, beneficiario de dinero de la guerrilla. Uno de los primeros «desclasificados» fue la foto que mostraba al ministro de Seguridad ecuatoriano, Gustavo Larrea, presuntamente en un campamento guerrillero con Reyes... Pero la prueba se derrumbó cuando el dirigente del Partido Comunista de Argentina, Patricio Echegaray, se presentó ante los medios para aclarar que él era el hombre de la fotografía.

Mientras algunos emplean la ironía para gastar bromas amargas a cuenta de semejante «elocuencia» cibernética, otros se organizan para protegerse de los daños que tales «revelaciones» puedan causar. Ese es el motivo de que se fundara en Caracas una agrupación sui géneris, en verdad: la «Asociación de Víctimas del computador de Raúl Reyes». «Esta computadora de la cual aparece toda clase de documentos, ha atropellado a muchísima gente y hasta ha puesto en duda la identidad de personas; por esa razón fundamos esta asociación», explicó su presidente, Roberto Aranguibel.

Las acusaciones, sin embargo, siguen, y han impedido hasta ahora el total restablecimiento de las relaciones entre Quito y Bogotá y provocado la gira que Correa realiza por Europa ahora, para explicar la situación. Sobre todo, porque la INTERPOL entrega este jueves el informe con los resultados de los estudios forenses que le ha estado practicando a la computadora... que en realidad eran tres, así como tres eran los discos duros externos ocupados en el campamento en ruinas, y algún otro aditamento para almacenar información, según los trascendidos más recientes. Y hay que estar preparados, porque el informe, ¿hacia dónde más salpicará?

La verdadera intención

Pero los últimos propósitos de esto que ya muchos identifican como componenda mediática quedaron más claros el fin de semana pasado cuando, por fin, funcionarios no identificados de la Inteligencia de EE.UU. dieron «la cara» para afirmar que, a tenor de los archivos de las computadoras de Reyes, «los vínculos del presidente venezolano Hugo Chávez con los rebeldes colombianos son más profundos que lo sospechado inicialmente».

Resulta una aseveración preocupante cuando se conocen los esfuerzos de la Casa Blanca y de los sectores de poder que sostienen a la administración, por hallar un asidero que les permita emprenderla contra la Venezuela bolivariana.

Persistentemente, las autoridades de la administración Bush han tratado de descalificar injustamente al gobierno de Chávez por su gestión en el combate al narcotráfico. No debe sorprender ahora que también se le quiera incluir en la caprichosa lista yanqui de quienes promueven «el terror». Acuñar su mentiroso concepto de lucha contra el terrorismo en Latinoamérica, podría ser quizá la única excusa buena para los propósitos de Estados Unidos de injerencia en una región que se desata y renueva.

Para más señales, el embajador estadounidense en Bogotá, William Brownfield, ha dicho ya del interés de su gobierno por conocer los archivos del ordenador, una vez que la INTERPOL dictamine este jueves si los documentos son o no auténticos.

Por eso, quizá, saltan tan azorados los conejos.

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