Llueve en La Moncloa - Opinión

Llueve en La Moncloa

Autor:

Luis Luque Álvarez

Zapatero recibió a Ibarretxe para anunciarle su NO a un referéndum en el País Vasco. Foto: AP Si el cielo está nublado, y truena ensordecedoramente, quien se aventure a salir sin capa y llegue a casa hecho una sopa no puede culpar al Instituto de Meteorología...

Al lehendakari (jefe del ejecutivo vasco) Juan José Ibarretxe, le habían anunciado desde Madrid que llovería. Y el martes, durante su encuentro de más de dos horas en el Palacio de la Moncloa con el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, le cayó el chaparrón: no habrá referéndum en el País Vasco para consultar a la población sobre el futuro de esa comunidad autónoma, una de las 17 que integran a España.

El plan de Ibarretxe, voceado desde septiembre de 2007, era someter a las urnas un proyecto de pacto con el gobierno central, cuyas líneas serían el rechazo a la violencia, el compromiso de la sociedad vasca con la vía exclusivamente política y democrática para alcanzar sus objetivos, y el respeto a la voluntad popular (a saber, que si en algún momento los vascos optaran por la separación completa de España, se les respetaría esa decisión; más o menos lo mismo que a los ciudadanos de Irlanda del Norte con respecto al Reino Unido). El día escogido para la consulta era el 25 de octubre de 2008.

Sin embargo, ya Zapatero había dicho «nones». Y el martes se lo expresó al lehendakari: «No se producirá ningún acto en este país que no respete la Constitución y las normas democráticas sobre consultas». La propuesta «no aúna a la inmensa mayoría de los vascos», por lo que «no se producirá ningún referéndum».

A esto, Ibarretxe insistió en que presentará su plan ante el Parlamento autonómico (donde su formación, el Partido Nacionalista Vasco, perdió la primacía en las elecciones de marzo pasado), porque —cree— el NO de Zapatero no es definitivo, y el acuerdo con él «es posible».

Envidiable optimismo, quizá muy necesario, toda vez que el caso vasco es bastante complejo. Hablamos de un pueblo duramente reprimido por el franquismo, con una cultura y unas tradiciones bien diferenciadas de las del resto de la Península, y cuya lengua (el euskera) no posee vínculo con las lenguas de su entorno, todas de origen latino.

Por desgracia, hay un ingrediente indeseado: la violencia. La organización separatista ETA, surgida hace casi 50 años, se ha cobrado hasta hoy 823 víctimas (la última de ellas un guardia civil, el 14 de mayo, pero también han perecido inocentes), y para contenerla, el Estado español ha empleado en ocasiones incluso métodos de guerra sucia. ¿Resultado? Que no ha vencido ni uno ni otro...

La consulta pensada por Ibarretxe habría sido una buena oportunidad para que la gente expresara, con sus votos, criterios quizá no del gusto de Madrid, pero que restan pretextos a las armas, que no aportarán la solución.

¿Dónde se empantana la iniciativa? En que, en efecto, ninguna autoridad autonómica puede convocar un referéndum en España. Según la Constitución de 1978, en su artículo 149.1.32, esa prerrogativa solo la tiene el Estado. Inobjetable, ¿no? Y claro, el lehendakari no lo ignora, por tanto, tal como le ocurrió frente a otra consulta que programó en 2005, debía esperar una desautorización.

Si se necesita poner a tono la Carta Magna con las exigencias de los tiempos y de la diversidad nacional de España, será cosa que decidan los españoles. La ley puede ser muy ley, y se le debe respeto, pero si no responde a las aspiraciones de un colectivo, ¿qué principio de justicia puede impedir su reforma?

Por otra parte, Zapatero asegura que la idea de Ibarretxe «no aúna a la inmensa mayoría de los vascos». ¡¿Cómo lo sabe?! ¿Acaso se efectuó un censo para determinar cuántos desean un mayor grado de autonomía, o la independencia? ¿No es precisamente un referéndum lo que puede brindar cifras concretas para poder hablar de «la inmensa mayoría»?

Como se ve, la idea del jefe del gobierno vasco no escapó al mal pronóstico. Ya veremos qué otras nubes se le enciman antes del 25 de octubre... Y cuál será su próximo paso.

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