Nada nos puede detener - Opinión

Nada nos puede detener

Autor:

Juventud Rebelde

¡Cuánto orgullo estar aquí hoy con ustedes!

Ayer me convocaron a este encuentro. Quiero decirles que me siento muy honrada, extremadamente honrada.

No quiero extender mucho mis palabras, pero sí transmitirles a ustedes lo que siento. Quizá todos los padres de ustedes se sientan tan o más orgullosos que yo de saberlos ya graduados.

Decir cinco años de una graduación parecería un término muy fácil, pero nosotros, que sabemos lo que representa el tiempo, sabemos que cinco años es un largo tiempo. Haber cumplido con el deber como hijos, hijos de padres, hijos de la patria, amigos y compañeros, representa algo más que todo lo que se pueda expresar.

Estar hoy en un lugar como este, de tanta historia, tanta fuerza de patriotismo y tanta dignidad, es un orgullo para todos ustedes y para nosotros también.

Desde ayer estoy tratando de coordinar en mi mente las palabras adecuadas para que sepan el sentir de nuestros hijos, el orgullo que sintieron al conocer que ustedes han dedicado su graduación a la entereza, al patriotismo y a la dignidad que ellos representan en esas cárceles, donde cada uno soñaba que pronto iban a estar de regreso. Al conocer el veredicto que se dio en Atlanta, ya las ilusiones han quedado un poco atrás.

En este caso, me siento tan vinculada con su escuela, su universidad, porque ya todos conocen que Tonito está estudiando en ella, y había una ilusión por parte de toda la familia de que todo se iba a resolver y que el año que viene Tony iba a estar presente en la graduación de su hijo. Pero nada nos puede detener, nada nos puede mellar y la lucha tiene que continuar hoy más que nunca.

Cada uno de ustedes va a emprender un camino que no va a ser nada fácil, puesto que va a cambiar totalmente sus vidas; no es lo mismo ser un estudiante que ya ser un obrero; pero el trabajo que van a desempeñar, creo que es muy útil, muy necesario en estos tiempos.

Han tenido la dicha de vivir en un siglo donde el desarrollo de sus estudios va avanzando cada día más y ustedes son una muestra de entereza, de sacrificio y de inteligencia.

Independientemente de haber dicho yo que sus padres estarán muy orgullosos, de que nuestros hijos también están orgullosos, así como los familiares a quienes hoy representamos, pienso que nuestro Comandante, desde que conoce de esta graduación, debe sentirse también extraordinariamente orgulloso, cosa esta que, sabiendo que comparto con él casi los mismos años, nos retroalimenta de salud, de esperanza y de una energía increíble, depositaba en todos ustedes que representan un futuro muy promisorio para nuestro país en la posición del desarrollo.

Les pudiera decir, además, que para nosotros los familiares, el camino que va a emprender cada uno de ustedes, el trabajo que van a desarrollar, la labor que hacen y harán en defensa de nuestra verdad representa mucho para nuestra causa, por cuanto el silencio de la radio, de la televisión y los grandes medios de difusión del mundo ha hecho siempre muy difícil que se conozca esta injusticia en todos los espacios.

Por esa razón, yo quiero que cada uno de ustedes —y es lo que les quiero transmitir—, se lleve un pedacito de esta lucha, que va a ser larga, ya lo sabemos; que independientemente del tiempo que sea necesario yo, que soy la que tengo más edad, pienso estar al frente de ese recibimiento cuando lleguen nuestros hijos.

Por lo tanto, ¿qué les puedo decir de la fe que les tengo, de la esperanza que les depositamos? Que nuestros hijos, por quienes estamos nosotros aquí, saben que ustedes han tenido ese interés de brindarles su graduación, en homenaje a este tiempo de diez años que ellos llevan ya presos.

A veces, cuando termino de hablar —y yo realmente tenía interés en hablar con ustedes, en tener un diálogo— y llego a la casa, digo: «¡Ay!, yo quería haber dicho esto, quería haber dicho lo otro, me hubiera gustado esto, me hubiera lo otro», porque nosotros, las personas de esta edad, soñamos mucho y nos ha tocado en esta historia, que nunca lo pensé, transmitir muchas cosas.

En ocasiones hago cosas, digamos, que pueden estar bien; otras veces las hago muy bien, otras veces las hago mal y otras muy mal. Al enfrentarnos a un público también nosotros recibimos ese nerviosismo, pero hoy me siento como en casa, hoy estoy como si fuera uno de los padres de ustedes, llena de orgullo, de un orgullo inmenso.

Creo que ha sido una graduación muy especial, ustedes han estado muy vinculados unos y otros, eso es algo muy importante. En mi época yo no tuve esa satisfacción; sin embargo, la viví con mis hijos, y ahora la estoy viviendo con mis nietos.

Así que me siento muy orgullosa de saberlos felices, de saberlos tan unidos y sé que después del día 19, que va a ser la graduación en el teatro Karl Marx, la despedida la van a sentir mucho más, porque cinco años juntos, después de una etapa de vinculación, de alegrías, en un recorrido que han hecho, y ya después separarse cada uno para su destino, creo que no les va a ser fácil; pero la vida está llena de impredecibles, la vida está llena de sueños, la vida está llena de voluntades, y quién mejor que nuestros hijos para transmitirles, en nombre de ellos, en mi persona y en la de los familiares, que sean buenos, den todo el corazón, den todo el amor y toda la inteligencia que en cinco años han adquirido.

Creo que hay una fe absoluta en que ustedes van a ser los soldados de esta vanguardia que les espera.

Un beso bien grande en nombre de nuestros hijos, en nombre de los familiares. Un agradecimiento inmenso por haber dedicado su graduación a ellos, y sepan que la dignidad, la entereza, la esperanza, el patriotismo de nuestros hijos no va a desmayar nunca. La lucha de ellos es de Patria o Muerte, y en ese sentido quiero brindarles a ustedes el apoyo y reconocimiento de que si algún día tienen alguna falla o un arrepentimiento en algo, piensen en nuestros hijos y creo que a ellos los va a llenar de gran fuerza para continuar la lucha que les espera.

Hay mucho sol, hay mucho calor y yo lo único que quiero transmitirles es mucha alegría, mucho agradecimiento y, por sobre todas las cosas, levántense en la mañana —como me dice Tony— riéndose, que la sonrisa es la expresión más fuerte que pueda recibir un ser humano en la mañana. Él me dice: «Cuando yo veo a los guardias, lo primero que hago es reírme, porque digo: bueno, para que sepan que yo estoy contento, aunque me esté muriendo por dentro». Yo hago lo mismo, así que hagan ustedes lo mismo: levántense riendo, sean felices. Han tenido un privilegio enorme de vivir en esta Revolución. Con todas sus dificultades, este es el país más lindo y más hermoso que hay, por su nobleza, por sus sentimientos y por su unión.

Gracias por apoyarnos.

Gracias por permitirme estar hoy acá con ustedes.

Perdónenme por no hacer las cosas mejor. Creo que hoy he estado regular; pero, de todas maneras, con mucho amor, les deseo muchas cosas buenas a ustedes y a sus padres que son parte de esta satisfacción.

*Palabras de Mirta, madre de Antonio Guerrero, a los integrantes de la segunda graduación de la UCI, en acto celebrado en El Cacahual al concluir la marcha Por la ruta de Maceo, 9 de julio de 2008.

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