Venezuela exige respeto - Opinión

Venezuela exige respeto

Autor:

Marina Menéndez Quintero
CARACAS.— De «buenas» intenciones está hecho el camino al infierno... y de mentiras y manipulaciones la catilinaria de los enemigos de la Revolución Bolivariana, dentro... y fuera de Venezuela. Ello puede explicar por qué el Consejo Nacional Electoral, habiendo promulgado hace más de una semana las normas que regirán la campaña con vistas a los comicios regionales de noviembre, se reúne ahora con los medios de difusión para insistir en la necesidad de que se cumplan las reglas.

Este martes comienza oficialmente el período proselitista, y quien haya visto su etapa previa puede intuir que las puntualizaciones del CNE no versarán solo acerca de los espacios de que disfrutarán. Es muy probable que el máximo ente electoral deba hacer énfasis, además, en los contenidos.

Como tramposos prestidigitadores, las cabezas visibles de la oposición llevan semanas con la balanza fuera del fiel de la ética: lo mismo dicen mentiras que callan la verdad. Para eso cuentan con la televisora Globovisión y el periódico El Nacional, entre otros medios que, más que eso, parecieran estar optando ellos mismos por algún puesto.

Es que son artífices y protagonistas... No debe extrañar que sigan. Carentes de argumentos, a quienes adversan a la Revolución solo les queda desacreditar la obra bolivariana que, sin embargo, avanza estos días con los renovados bríos de quienes saben lo que está en juego.

Una campaña de recolección de fondos está en marcha en todo el país desde el sábado, para que militantes del PSUV y simpatizantes sufraguen la campaña de sus postulados mediante el aporte de un día de haber —o lo que puedan—, lo que adjudicará al financiamiento una total transparencia.

Más de 600 puestos que van desde las gobernaturas y alcaldías hasta los miembros de los consejos legislativos, pasando por los concejales de Caracas y Alto Apure, se votan el 23 de noviembre. Unos 8 000 candidatos aspiran.

Inscritos para votar están poco más de 19 millones de ciudadanos, el universo al que los plumíferos quieren hacer víctima de su vendaval.

El injustificado cuestionamiento a los decretos aprobados con la Ley Habilitante, y a las inhabilitaciones —que acompañó un incendiario llamado a tomar las calles—, se ve como el ingrediente indispensable para una asonada ahora, a la luz de la denuncia de complot y planes de magnicidio formulados por el programa La Hojilla, y confirmados por el Parlamento y por Chávez.

Según aseguró el ex vicepresidente y prestigioso analista José Vicente Rangel, el domingo en su programa de Televen, los de la oposición «están trabajando con dos agendas: la electoral y la subversiva». Y como las investigaciones siguen en la Asamblea Nacional, se reservó nombres para «no contaminar» las indagaciones.

Sin embargo, indicó, «hay indicios y pruebas suficientes» acerca de lo que calificó como «una conjura con abundante logística y apoyo del gobierno yanqui». ¿Alguien lo duda?

También los últimos días han sido prolíficos en hechos que prueban cómo se sigue aportando desde el exterior a la sucia guerra mediática contra Venezuela.

Luego de un mentiroso informe que cuestionaba el respeto a los derechos humanos aquí, la expulsión de seguía dando «trigo» este lunes al noticiario matutino de Globovisión, y no solo a su gerente y compinches sino, también, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

Presta a reivindicar a la institución como el «ministerio de colonias» que siempre ha sido, la Comisión —de la mano de Vivanco, que está vinculado con ella— habría manifestado su inconformidad con la medida, según dijo el canal.

Sin embargo, no hay duda de que el «estudioso», cuya labor de zapa al lado de los peores intereses de Washington es enjundiosa y larga, vino ahora en otro momento preciso: a desbrozar terreno para que los ahijados del imperio tuvieran otro carrusel de falacias donde montar y marear a la ciudadanía.

Y es lícito preguntarse: ¿por qué un Estado soberano tendría que soportar que entes extranjeros no oficiales y nada imparciales como el chileno Vivanco y HRW lleguen como turistas y luego brinden «informes» y conferencias de prensa de falso contenido, que solo buscan dar vuelo a la subversión? La menor de las mentiras aducidas fue que en la nación bolivariana existe «intolerancia política» y no hay «libertad de expresión». Escuchando y leyendo cada día a los escribanos de la manipulación en Venezuela, ¿habrá quien crea algo así?

Todo gobierno tiene el derecho a defender la verdad y a que se le respete. Más aún si de ello depende la institucionalidad y la sacrosanta gobernabilidad que tanta «preocupación» causan en HRW y en la Casa Blanca.

Entonces, lo más racional que podrían hacer tantos interesados en el bien de Venezuela, es dejarla hacer para que, como ha exhortado Hugo Chávez, los comicios sean con apego a las leyes, prevalezca la paz, y no se repitan los desmanes del 11 de abril de 2002.

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