Voto en Viena - Opinión

Voto en Viena

Autor:

Luis Luque Álvarez
Los austriacos eligen mañana un nuevo gobierno, en unos comicios en los que la ultraderecha pudiera resultar fortalecida

Cuando se escucha hablar de Austria, generalmente se evoca el legado de Mozart, Haydn o Schubert, que hicieron de esa nación un referente para los amantes del arte musical. O se piensa en el país altamente desarrollado, que consagró su neutralidad al término de la Segunda Guerra Mundial.

No viene a la mente, de seguro, la inestabilidad política. Pero con un gobierno electo en 2006, que se derrumbó dos meses atrás, y con la convocatoria a nuevos comicios este domingo, algunos pueden comenzar a percibirla.

El gabinete que se vino abajo estaba formado por una coalición entre el Partido Socialdemócrata (SPÖ) y el Partido Popular (ÖVP, centroderecha). El líder de la alianza, el canciller socialdemócrata Alfred Gusenbauer, anunció en junio su intención de someter al voto popular los futuros tratados europeos. Y su vicecanciller, Wilhelm Molterer, del ÖVP, en desacuerdo, vio en ello la oportunidad para pedir comicios anticipados.

El panorama es complejo. Aunque los sondeos anticipan que el SPÖ y su nuevo líder, Werner Faymann, saldrán ganadores, es curioso que, según Austria News, casi un 40 por ciento de votantes haya estado indeciso hasta última hora. Y lo peor es el pronóstico de que la extrema derecha, representada por el Partido Liberal (FPÖ), de Heinz-Christian Strache, pudiera quedar en segundo lugar. Si otra fuerza de este corte, la Alianza por el Futuro de Austria (BZÖ, más pequeña que el anterior), del neonazi Jörg Haider, lograra algún avance, sería un preocupante síntoma de mayor falta de confianza en los políticos tradicionales y de opción por la intolerancia.

Al habla con JR por correo electrónico, Anton Pelinka, eminente profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Innsbruck, ve la causa del declive de la coalición SPÖ-ÖVP en que «un partido parecía estar más interesado en bloquear cualquier éxito del otro, en vez de alcanzar éxitos compartidos para todo el gobierno».

—Se dice que la decisión de Gusenbauer sobre los tratados europeos fue oportunista, para remontar en las encuestas...

—Sí, fue un juego oportunista. Fue un llamado populista y «patriótico»; diría incluso «nacionalista», y además, fue un gesto de sumisión ante la prensa.

El vicepresidente de la Asociación de Amistad Austria-Cuba, Christian Buchinger, opina de modo semejante: «Fue una decisión oportunista; Gusenbauer deseaba obtener buena prensa del diario de mayor tirada, el Kronen Zeitung. Pero fue también una señal correcta a la gente, bastante molesta con las políticas europeas alejadas de la vida de los ciudadanos».

«Por otra parte, en relación con otros países de la Unión Europea, la situación no es extremadamente inestable, aunque para las circunstancias austriacas, lo es bastante. Una de sus causas estriba en que los problemas de la globalización afectan las respuestas gubernamentales. Los problemas sociales aumentaron durante los años 90, a la sombra del neoliberalismo, pues la gestión de los socialdemócratas en otras alianzas con los conservadores incluyó privatizaciones neoliberales. La última gran coalición logró detenerlas, pero no implementó políticas nuevas».

—Algunos medios hablan de una vuelta de Jörg Haider a los primeros planos*. ¿Qué posibilidades tiene?

—Pienso que el «renacimiento» de Haider no es muy realista, porque solo es fuerte en la provincia de Carintia (en el sur, donde es gobernador). Los buenos tiempos ya pasaron para él, aunque la extrema derecha posee fuerza, con un 15 o 20 por ciento de preferencias.

—El principal ganador de la ultraderecha —opina el profesor Pelinka— será el FPÖ, no el BZÖ de Haider. Pero estos dos partidos tienen mucho en común, y si alcanzan juntos el 25 por ciento del voto, lo cual es una real posibilidad, será una señal de alarma.

*Jörg Haider, un personaje con una agenda antiinmigrante, y que llegó a decir que «las SS fueron una parte del ejército alemán que merece ser honrada», llevó al FPÖ —del que se separó en 2005—, a una coalición de gobierno con el ÖVP en el año 2000. Esa jugada política motivó que el resto de la UE cesara su cooperación con Austria durante algunos meses.

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