28 de septiembre

Autor:

Armando Hart Dávalos

Hace 48 años, hablando en la terraza norte del antiguo Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, Fidel llamó al pueblo a organizarse en todo el país para enfrentar las acciones de la contrarrevolución interna y externa. Nacieron entonces los Comités de Defensa de la Revolución, esa formidable organización de masas que ha asumido numerosas tareas en todos estos años, entre ellas la de mantener la vigilancia revolucionaria del pueblo. Hoy, con toda esa formidable experiencia acumulada y en medio de las complejidades de la actual situación nacional e internacional es válido preguntarse: ¿cuáles debieran ser sus tareas priorizadas para hoy?

La respuesta de numerosas familias, tras el paso de los huracanes Ike y Gustav, en diversas regiones del país, brindando sus casas para instalar en ellas aulas como una contribución al reinicio del curso escolar me confirman en la justeza de algo sobre lo que hace tiempo vengo insistiendo referido a la importancia de la familia como núcleo movilizador de carácter social vinculado a la escuela y a la comunidad.

Estamos persuadidos de la necesidad de llevar a cabo un proceso de análisis que tomando como punto de partida la experiencia de la educación de masas, nos guíe en la creación en cada barrio, municipio, provincia y a nivel de la nación, de un grupo coordinador adscrito al Poder Popular integrado por la representación de la familia, la escuela, la comunidad y los medios masivos. Esto con el objetivo de articular y promover las ideas de Fidel en la cultura de todo el pueblo y, por tanto, en sus ideas pedagógicas.

Hoy, al calor de este aniversario 48 de los CDR, pienso que por ahí anda una de sus más importantes tareas. Familia, escuela y comunidad articuladas desde la base hasta la cúspide pueden ser un instrumento de enorme importancia para la movilización social. Casi medio siglo después, invito a los CDR a estudiar, con la experiencia adquirida y sin renunciar a su rico patrimonio en otros frentes, estas nuevas formas que puede alcanzar el movimiento social que necesita no solo Cuba, sino el mundo.

Hoy, a escala social, existe la más profunda crisis institucional de la historia. Tres pilares, la familia, la escuela y la comunidad, que sostenían la civilización occidental han entrado radicalmente en crisis. La familia, como núcleo central, junto a la escuela, la comunidad y los medios masivos constituyen pilares indispensables para este proceso del que Lenin hablaba, a principios del siglo XX, acerca del «Qué hacer». Hoy podemos decir que hay que encontrarlo por el camino de unir a todos los factores que integran la comunidad y la familia hasta alcanzar su plenitud nacional e incluso internacional.

En cuanto a los medios masivos de comunicación, recordemos que el pensamiento de la Ilustración nos dejó la teoría de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Fue precisamente Montesquieu en su obra maestra El espíritu de las leyes (1748), quien postuló que debía garantizarse una separación y un equilibrio entre los distintos poderes a fin de garantizar los derechos y las libertades individuales.

La práctica histórica le agregó un «cuarto poder», el de la prensa, a la que hoy llamamos medios de comunicación masiva. Ese llamado cuarto poder se ha convertido, en medio de una aguda lucha por controlar las conciencias y las ideas, en un elemento clave. Los avances tecnológicos de esta esfera han acentuado su influencia en todos los procesos sociales.

Como elemento esencial de ese proceso contamos con el legado intelectual de José Martí, que constituye un referente ético y político del futuro al que aspiramos para las generaciones venideras, y con la cultura que el Apóstol y Fidel representan se pueden encontrar los caminos del socialismo en Cuba y en el mundo.

Hay que relacionar, de un lado, el movimiento social que se viene desarrollando con fuerza en distintas zonas del mundo, y del otro el de carácter cultural, universitario y científico en general. Cada uno de ellos tiene enorme significación. Estructurados, pudieran conducirnos al desarrollo de las mejores formas institucionales que recuerda la memoria histórica.

Por estas razones, en el aniversario 48 de los CDR y contando con la experiencia que ya tienen en organizar desde la base las mejores iniciativas para enfrentar el trabajo ideológico, invito a debatir acerca de esta necesaria articulación, nudo gordiano del sistema institucional que requiere el siglo XXI.

Recordando las palabras de aquel discurso fundacional de 1960, hago un llamado a debatir esos temas cardinales; así prestaremos un servicio no solo a Cuba, sino a la humanidad, así estaremos a la altura de Martí y de Fidel.

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