Contentando al niño

Autor:

Luis Luque Álvarez

Como un buen alumno que hace la tarea, y recibe de recompensa un paseo al parque —«vamos, nené, que te has portado de maravilla»—; así deben sentirse las autoridades de Marruecos, que este martes, llegaron a un acuerdo con los 27 países miembros de la Unión Europea para un nuevo estatuto de Asociación Avanzada entre el bloque comunitario y el reino alauita.

Las buenas intenciones de las partes pasan por celebrar cumbres bilaterales, establecer un acuerdo de libre comercio —las mercancías pasarían sin mayores barreras, no así las personas, es decir, los marroquíes, que obtendrán solo estancias temporales en la UE—, y se pondría a disposición de Marruecos gruesos recursos financieros de los que se acuerden en el próximo presupuesto comunitario, que cubre el período 2013-2020.

De igual modo, Rabat colaborará con la Agencia Europea de Seguridad Aérea, el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, las oficinas europeas de cooperación judicial y policial, y las agencias de Medio Ambiente y Seguridad Marítima. En fin, un conjunto de incentivos que, según reza en una declaración expedida en Bruselas, pretende dar ala «a las expectativas y necesidades específicas de Marruecos, para acompañarle en su valeroso proceso de modernización y democratización».

Habría que ver, no obstante, cuán «valerosa» es la «democratización» de un régimen monárquico que mantiene sometido, contra la voluntad internacional, a un territorio que no le pertenece: el Sahara Occidental. ¿Cómo es posible que la UE intente hacer ver que todo está «que no puede estar mejor», como decía el volteriano Cándido, cuando hablamos de un Estado que ocupa militarmente, desde 1975, el territorio de otro pueblo, que no desea ver ni en pintura el yugo de un gobierno extranjero, aunque aparezca bajo los tintes rosas de una presunta «autonomía»?

El informe de 2008 de Amnistía Internacional expresa, además, las continuas violaciones en derechos humanos. Solo un trozo servirá para ilustrar: además del castigo por las críticas a la monarquía, de las expulsiones de inmigrantes y del encarcelamiento de hombres por «conducta homosexual», ha continuado la «normal» represión contra los independentistas saharauíes, cientos de los cuales fueron arrestados, incluidos menores de edad.

«Decenas de ellos denunciaron haber sido objeto de tortura o malos tratos a manos de las fuerzas de seguridad durante los interrogatorios», detalla el texto, y añade: «Decenas de estudiantes (saharauíes) fueron detenidos, y muchos de ellos, golpeados. Sultana Khaya perdió un ojo, al parecer a consecuencia de las palizas. La mayoría quedó en libertad sin cargos, pero unos 20 fueron declarados culpables de conducta violenta y se les impusieron penas de hasta un año de prisión».

Es esta tragedia la que, incomprensiblemente, premia la UE. Claro, que el paseo sabatino de este difícil alumno que es el régimen de Mohammed VI, no es en absoluto gratuito. El ministro de Exteriores marroquí, Taieb Fasi Fihri, «feliz» por el manojo de excelentes intenciones (que por demás, no tienen fecha concreta de realización), aprovechó para recalcar el «compromiso» de su país de regular la emigración hacia la UE en función de las necesidades económicas europeas.

Esta sutileza es, al final de todo, el «pollo del arroz con pollo». Ni Rabat está inmerso en una modernización tan «valerosa», ni el cielo se va a caer, ni el rey lo debe saber. En estos momentos hay cuatro millones de marroquíes viviendo en la UE, adonde han llegado intentando cubrir el enorme abismo económico que los separa de la Europa desarrollada.

Pues bien: ¡Muchos más llegarían si las autoridades marroquíes no les ponen coto! Y ni qué decir de los emigrantes africanos que pretenden utilizar el estrecho de Gibraltar como puerta de entrada al Viejo Continente. Si hoy es arduo para los gobiernos europeos poner límites a los que parten en cayucos desde otros lugares de África, ¿qué dolor de cabeza no les dará si Marruecos, trampolín hacia Europa, les deja vía libre?

Por eso, solo por eso, conviene mantener contento al muchachito. Aunque ni sea modelo ni haya hecho jamás su tarea...

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