«Cásese con mi hijo, signorina» - Opinión

«Cásese con mi hijo, signorina»

Autor:

Luis Luque Álvarez

El planeta se ha convertido en un valle de lágrimas... económicas. En Italia, como en toda Europa, hay expectación, preocupación. Aunque unos cuantos brincan de alegría: las organizaciones mafiosas. ¿Quiénes si no?

Berlusconi ha propuesto un paquete de medidas cuyo alcance es considerado insuficiente por los sindicatos. Foto: Reuters Cuando conseguir préstamos bancarios se vuelve más arduo que descubrir un oso polar en la Amazonía, ellas —la Mafia siciliana, la Camorra napolitana, la Ndrangheta calabresa, etc.— se transforman, según un reciente informe de inteligencia, en generosas fuentes de crédito para los menesterosos y en compradoras de los negocios malparados, mientras observan cómo el aumento de los desempleados promete nuevos reclutamientos en las filas del crimen.

Pero dejo aquí a los alumnos de Al Capone. Sus nuevas «oportunidades» no son sino otra consecuencia de la crisis económica, pues en la bella Italia (sexta economía del orbe) también se prenden bombillos rojos. El Instituto de Estadísticas local refiere que el Producto Interno Bruto (PIB) retrocedió un punto porcentual en 2008, al caer las importaciones y las exportaciones, encadenadas, claro, al derrumbe del comercio mundial.

Los pronósticos tampoco invitan a la risa. El gobierno del primer ministro derechista Silvio Berlusconi estima que, para este año, el PIB se contraerá un dos por ciento, y unos 600 000 empleos pueden quedar colgados de la brocha. Sin embargo, ¡sorpresa!, mientras en los países vecinos la coyuntura económica induce a los electores a mirar con desgano a sus gobiernos, en Italia el partido oficialista (Pueblo de la Libertad) ¡incluso gana elecciones!, como se demostró en febrero en la isla de Cerdeña.

Un analista italiano, Marco Valli, citado por la cadena británica Reuters, da solución a la intriga: «Italia está acostumbrada a una economía estancada, y la sociedad siente mucho menos la diferencia de ir de crecimiento cero a menos dos por ciento, que lo que se siente en otros sitios donde se va de tres por ciento a menos tres por ciento».

En esta cuerda, tanto el bajo crecimiento como el poco riesgo son vistos como fortalezas. Se celebra que los bancos italianos sean más cautelosos en sus operaciones que los de otros países, y que las familias, gracias a su tradicional alto nivel de ahorros, puedan soportar mejor los embates de lo que viene.

El gabinete de Berlusconi, no obstante, le quitó el papel de colorines a un paquete de estímulo económico dotado de unos 6 000 millones de euros, con medidas como la entrega de un bono a familias de bajos ingresos, junto a un alivio impositivo a los trabajadores de menores salarios (además de a las empresas), un ligero incremento en la ayuda a los desempleados, y planes para invertir en infraestructura.

Ahora bien, si miráramos las poderosísimas sumas puestas sobre el mantel en España, Alemania, Reino Unido y Francia, los pobrecitos 6 000 millones de Berlusconi se esconderían avergonzados. Ya, ya, las condiciones no son las mismas, según se explicó. Pero los sindicatos se han encargado de recordarle al Cavaliere que incluso la Comisión Europea sugirió cifras mucho mayores para ayudar a los afectados. Y valga que los trabajadores estén reclamando, pues el Partido Democrático, que intentó hacerle una oposición sólida a la derecha, quedó maltrecho tras la renuncia de su líder, Walter Veltroni, golpeado por los continuos reveses electorales de su formación. Hoy lo apodan «Walterloo».

Así, el primer ministro, que es el segundo hombre más rico de Italia, tiene las manos más libres que lo que hubiera esperado, y como le gustan las bromas, le sobra tabla para decirle a una muchacha, que le exponía sus apuros económicos: «Pues cásese con mi hijo, signorina? Ignoro cuán extensa sea la prole del magnate-gobernante, como para que pueda darles esa opción a otras millones de jóvenes.

Muy pocos —tal vez únicamente la mafia— tendrán ganas de reírle la gracia...

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