El cordón umbilical de un ejército

Autor:

Juventud Rebelde
La historia se repite. Como en Chile, Argentina, Nicaragua o Venezuela... detrás de la oligarquía nacional que no se resigna a que el pueblo tome las riendas de su destino, ha movido sus hilos la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y los graduados de la Escuela de las Américas, ese brazo armado que tantos represores ha aportado a la otrora y triste historia de América Latina.

Los secuestros, las golpizas, la complicidad de algunos medios y la imposición de la censura a los que quieren contar la verdad a su pueblo, así como el amplio despliegue del terror en las principales ciudades hondureñas trae al presente los pecados aún sin castigo del pasado, y siguen el modus operandi de la clase política oligárquica que siempre han representado. Esa que demostró una vez más que cuando se siente acorralada por gobiernos que se parecen cada vez más a sus pueblos, son capaces de revivir los más oscuros y vergonzosos pasajes de ciertos ejércitos latinoamericanos.

Quienes se escudan en la falsa democracia para derrocar a un gobierno legítimamente elegido como el de Manuel Zelaya, engrosan la larga lista de militares que se entrenaron en la siniestra Escuela de las Américas para asesinar, torturar, secuestrar y desmembrar movimientos sociales y de izquierda.

El general Romeo Orlando Vásquez Velásquez, jefe del Estado Mayor del Ejército hondureño y uno de los principales golpistas, fue alumno de la famosa institución formadora de apátridas latinoamericanos. El largo listado de egresados en Honduras recoge también fichas como la del actual jefe de la Fuerza Aérea hondureña, el general Luis Javier Prince Suazo, quien echó a andar aviones amenazantes sobre el territorio nacional. En una base aérea, y con su apoyo, se escondió el material de consulta popular que los militares se negaron a distribuir y que posteriormente Zelaya, acompañado por el pueblo hondureño, pudo rescatar. También uno de los aviones bajo el mando de Suazo transportó al Jefe de Estado secuestrado hasta Costa Rica.

Allí, donde mismo estos golpistas aprendieron cómo aterrorizar a una nación, también se formaron los dictadores hondureños Juan Melgar Castro (1975-1978) y Policarpo Paz García (1980-1982). Este último intensificó la represión y los asesinatos del Batallón 316, uno de los más temidos escuadrones de la muerte en América Latina, responsable de secuestros, torturas y asesinatos en Honduras, fundado por graduados de la Escuela de las Américas con ayuda de militares argentinos también titulados en esa academia de terroristas de Estado.

Otra ineludible conexión es que las fuerzas armadas hondureñas fueron reestructuradas durante el reinado en ese país de John Dimitri Negroponte como embajador de Estados Unidos.

Allí, junto al general y jefe de las Fuerzas Armadas Gustavo Álvarez y el presidente, Roberto Suazo Córdoba, era considerado como uno de los políticos más poderosos e influyentes en ese traspatio norteamericano.

Este embajador de la CIA también se preocupó personalmente por las operaciones contra el gobierno sandinista, y promovió la creación del Batallón 316.

Además, estuvo involucrado con el tráfico de armas y drogas abasteciendo el arsenal de los escuadrones de la muerte. Así, supervisó la creación de la base aérea El Aguacate, desde donde los hombres de la Casa Blanca, tan preocupada en aquella época por el desarrollo de la Revolución sandinista, organizó la guerra sucia que socavó al gobierno de Daniel Ortega; misión que tuvo ramificaciones en otros países centroamericanos y en la que participaron también terroristas de la calaña de Luis Posada Carriles. El diablo siempre los junta.

En agosto de 2001 unas excavaciones descubrieron los restos de 185 personas que habían sido torturadas y asesinadas en ese enclave militar en territorio hondureño.

Sin embargo, todas estas atrocidades no acabaron con la carrera ¿diplomática?, de Negroponte, sino que fueron el pasaporte para que siguiera ascendiendo. Luego, su par, George W. Bush, lo hace renacer convertido en jefe de los servicios de espionaje estadounidenses.

El cordón umbilical es extenso, los principales jefes militares hondureños de hoy, son los mismos de entonces, siguen lecciones e instrucciones. El pasado no puede ni ocultarse, ni olvidarse; el presente exige también que algún día reciban el castigo que merecen.

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