Nicaragua 30 años después: sandinista

Marina Menéndez QuinteroMarina Menéndez Quinteromarina@juventudrebelde.cu
19 de Julio del 2009 0:53:16 CDT

Bien pensado el celebrar los 30 años del triunfo de la Revolución Sandinista con la proclamación de Nicaragua, por segunda vez, como territorio libre de analfabetismo. Ese derrotero cumplido basta para subrayar el hilo que enlaza al proceso iniciado el 19 de julio de 1979 con esta vuelta a la presidencia de Daniel Ortega, que ha enhebrado nuevamente la agujeta de tejer y construir.

La vida de Nicaragua en los últimos dos años permite confirmar que sí: la Revolución continúa.

Los propósitos retomados exhiben la devastación dejada por el duro neoliberalismo que impusieron los gobiernos conservadores desde la inmerecida derrota electoral del sandinismo de febrero de 1990, hasta este mandato.

Es muy profunda la pobreza cuando, como ocurre hoy, la entrega de una res, un cerdo y semillas a las familias campesinas, se convierte en acontecimiento que les devuelve la posibilidad de trabajar y comer.

La propia campaña de alfabetización que concluye era un hecho consumado en los diez años y dos meses de aquella Revolución que derrotó a la dictadura de los Somoza y después, en muy difíciles condiciones, enseñó a leer y escribir a quienes entonces eran iletrados, entregó tierras y viviendas, abrió el acceso a la salud, y luchaba contra un trabajo infantil que en las familias era algo común impuesto por la ancestral pobreza. También dejaba una nueva Constitución que cimentó ese quehacer en pos de la justicia.

Precisamente, los ciudadanos que se gradúan este domingo son parte viviente del legado dejado por 16 años de liberalismo que destejieron lo avanzado, para que el hilo volviera, inmóvil, a la madeja.

Ciertamente hay mucho que celebrar en Nicaragua en esta fecha, como ha comentado algún dirigente popular. Alrededor de una decena de programas sociales están en marcha para que la ciudadanía tenga voz y participación, acabar con el hambre, y que los niños implorando un auto que limpiar bajo los semáforos de Managua, sean solo un recuerdo amargo de las fotos. Se trata de recuperar lo que fue devastado y alcanzar lo que se logró.

Pero repensar los acontecimientos del pasado también nos ayuda a entender otras aristas del presente.

Detenida mediante un proceso electoral viciado por los ataques de la llamada contra, y por el hostigamiento político y económico las dos puntas de esa tenaza que fue la guerra no declarada del republicano Ronald Reagan, a la Revolución Sandinista no solo se la agredió con las armas para después empujarla, ensangrentada, a las urnas.

Nicaragua también fue balón con que el Imperio ensayó los métodos sucios aplicados después contra otros procesos en América y en Europa. Las ayudas solapadas para fomentar a los enemigos internos y la manipulación ABC del injerencismo yanqui de las últimas décadas también se aplicaron contra ella.

Pero más estruendoso es confirmar que los artífices fueron las fuerzas reaccionarias que ahora sojuzgan la constitucionalidad en Honduras.

Sin embargo, América Latina jamás aceptaría esta lección que quiere dársele para que detenga su camino hacia la real independencia, y mucho menos un retorno a los tiempos brutales en que al sandinismo se le emboscó.

Ello confirma la importancia de acompañar al pueblo hondureño en su batalla contra el golpe... Y explica la alegría de que Nicaragua esté ahí, festejando, como lo hace, los 30 años de su Revolución.

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