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AGOA: ¿oportunidad para quién?

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Aún no transcurre un mes desde que Barack Obama puso los pies en Ghana, y ya Hillary Clinton le pisa los pasos a su presidente en una visita mucho más ambiciosa en objetivos, escalas y duración. Nada nuevo lleva la Secretaria de Estado norteamericana a África, la guía la lanzó Obama en su estancia en Ghana: trabajar por la «democracia» —al estilo occidental, por supuesto—, asegurar los intereses norteamericanos —para lo que siguen esgrimiendo la hipócrita guerra contra el terrorismo de Bush—, y contrarrestar la creciente relación comercial de China con los países africanos.

Uno de los principales puntos de la agenda de la Clinton en Kenya —la tierra de los antepasados del jefe de la Casa Blanca— fue su participación en el VIII foro sobre la Ley de Oportunidades y Crecimiento para África (AGOA), en el que más de 30 delegaciones del continente entero tuvieron que escuchar las críticas de la titular estadounidense sobre el «poco aprovechamiento» que hasta el momento habían hecho los países que entran en este acuerdo, que rige, desde 2000, las relaciones comerciales entre Estados Unidos y ese continente.

Pero, ¿qué significa la AGOA? ¿Se trata realmente de una iniciativa encaminada a impulsar el desarrollo económico africano, como siempre ha destacado el discurso de Washington en estos nueve años de su implementación?

Desde la administración de William Clinton —tan demócrata como Obama y esposo de la jefa de la diplomacia estadounidense—, ya África se revelaba como uno de los paraísos hacia el cual Washington tenía que girar su atención, pues allí se encontraban las grandes reservas de petróleo y gas tan necesarios para el gigante americano.

Entre otros postulados, la ley establece el «libre acceso» de productos africanos al mercado estadounidense, a cambio de aceptar recetas neoliberales y la injerencia y el saqueo de las transnacionales norteamericanas. Pero la eliminación de las barreras arancelarias es una vieja trampa, porque lo que más sale de África son materias primas.

Para clasificar en la AGOA, además, los candidatos africanos deben reunir determinados requisitos, como tener una economía basada en el libre mercado y en la que el Estado prácticamente no tenga voz ni voto, o al menos progresar en el establecimiento de la misma; eliminar las barreras para el comercio y las inversiones de Estados Unidos; aceptar la agenda de seguridad nacional de Washington; y velar por el cumplimiento de los derechos humanos vistos, claro está, desde el prisma reducido y politizado de la Casa Blanca.

Un punto muy especial de este acuerdo es el referido a los textiles: los artículos de vestir que tienen preferencias en las aduanas norteamericanas son los producidos con tejidos estadounidenses. De esta manera la industria textil de Estados Unidos no tendrá sombras en la competencia, al mismo tiempo que impide a los países AGOA la producción de sus propios tejidos, resultantes de las materias primas africanas.

Cumplido ese formulario, cuando un país africano ingresa en ese mal negocio que representa la AGOA, consecuentemente ya le estará abriendo las puertas a las transnacionales norteamericanas, y limpiándoles el camino para su expansión.

Además, las «concesiones» de la aduana norteamericana a los países africanos son fundamentalmente para las exportaciones primarias, entre ellas las materias primas, en tanto obstaculiza el desarrollo de actividades económicas con un mayor valor agregado. Así, estas economías seguirán siendo débiles y sentirán el mayor peso en momentos de crisis, durante las cuales se tambalea la demanda de sus rubros y disminuyen sus precios.

La AGOA es un instrumento que sintoniza perfectamente con la estrategia geopolítica de Washington para asegurarse el control del petróleo africano, uno de los productos más beneficiados por esta iniciativa saqueadora.

En 2008 el crudo africano adquirido por Washington representó el 92,3 por ciento del total de las importaciones que hizo mediante la AGOA. También, la compra de metales y minerales se incrementó en 58,8 por ciento, mientras que los textiles y productos agropecuarios declinaron en 10,4 y 7,9 puntos porcentuales, respectivamente.

Otro dato que evidencia lo excluyente del comercio que propone Washington a África, es que el 83,7 por ciento de las exportaciones hacia Estados Unidos se hicieron solo desde cuatro países del continente: Nigeria, Angola, República del Congo y Sudáfrica.

Entonces, África no necesita regaños, sino que los países que pretenden ser sus socios trabajen con ella en igualdad de condiciones. Solo así, la implementación del AGOA estará en función del verdadero desarrollo africano, y dejará de ser un instrumento neocolonizador.

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