Otra sagrada perla - Opinión

Otra sagrada perla

Autor:

Miguel Ángel Valdés Lizano

En enero de 2008 una coterránea intentaba desde las páginas de este diario conciliar los fantasmas de su infancia en tierras yayaberas con el entorno actual de una de las más representativas construcciones eclécticas espirituanas.

En su crónica titulada Sagrada Sancti Spíritus (29 de enero de 2008), Rosa Miriam Elizalde describía La Colonia Española, un sitio de profundas huellas en el imaginario popular, devenido —como lo definió— en obscena catedral del dinero.

El olor a detergente, flores plásticas y etiquetas parece extenderse hoy entre vitrales y empedradas callejas. Frente al parque principal de la ciudad se rescata el edificio del antiguo Hotel Perla para establecer otra tienda de tres pisos que desafiará a cualquiera de sus similares.

El cambio de función social, junto a las correspondientes adecuaciones arquitectónicas, se presenta como alternativa frente a fallidos intentos por congeniar con una entidad que invirtiera para rescatar la instalación y preservara su uso tradicional desde 1915, fecha de inauguración del inmueble.

La Comisión Provincial de Monumentos y Sitios Históricos vetó el pasado año el cambio de uso y elevó el caso a la instancia nacional, apoyada en el principio de que toda restauración debe concebirse de forma integral, sin evadir el valor identitario arraigado en la memoria colectiva. No pocos espirituanos esperan escépticos la imagen definitiva de la reconstrucción, mientras la nostalgia les devuelve la apariencia original.

Lamentablemente casos como el de La Colonia Española, el Hotel Perla y el Museo de Arte Colonial, también cerrado al público desde hace un año en la tierra yayabera, se repiten en otras provincias, por carencias surgidas a partir de la difícil situación financiera, el bloqueo estadounidense a la economía de la Isla o concepciones que afectan el patrimonio.

La Historia transmite a las nuevas generaciones que también es necesario aplicar mecanismos más pertinentes en la conservación del acervo cultural. Más allá de dádivas, oleajes económicos y sorteos inversionistas, estructuras como las implementadas en beneficio de los centros históricos de La Habana, Trinidad y Camagüey evidencian cuánto recursos aporta el mismo patrimonio a la hora de garantizar su preservación.

Recordemos que la arquitectura da fe de la voluntad de toda época. Los nombres se olvidan, las vidas cambian, pero las piedras custodian por siempre el musitar de cada tiempo.

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