UNASUR y el intrusismo de Washington - Opinión

UNASUR y el intrusismo de Washington

Autor:

Marina Menéndez Quintero

La falta de acuerdos mantiene sobre el tablero la necesidad de establecer «los mecanismos de confianza» en torno a los cuales avanzaron, pero no pudieron hallar total consenso los ministros de la UNASUR. Pero, sobre todo, la ausencia de resultados en su cita del martes en Quito, dejó ver otra vez el daño que ocasiona la perniciosa injerencia de «terceros» en los asuntos de la región. Máxime cuando se trata de Estados Unidos.

Fue la renuencia de Colombia a mostrar los detalles de su acuerdo militar con Washington lo que inhibió la posibilidad  de mayores resultados en la reunión, a pesar de que, según trascendidos, estaba listo el proyecto que analizarían los titulares, discutido desde la víspera por sus delegados, y pese a que era justamente ese acuerdo el motivo primero del encuentro.

Bogotá sigue guardando silencio en torno al convenio, del que solo Estados Unidos parece autorizado a hablar, aunque haya caído al vacío la propuesta de los presidentes latinoamericanos que querían oír las explicaciones, en directo, del propio Barack Obama. En su lugar, voceros y funcionarios del Departamento de Estado reiteran los vanos esfuerzos para persuadir de que «no es peligroso» lo que se trama, e insisten en convencer que no se abrirán bases yanquis en Colombia, sino que se usarán las colombianas.

La explicación no calma cuando documentos de las propias Fuerzas Armadas estadounidenses han mostrado que ese es, precisamente, el interés: que el Pentágono pueda utilizar los enclaves colombianos para vigilar y moverse rápido dentro de América Latina y que, además, les sirva de trampolín para saltar a otras regiones, lo que igual seguirá siendo letal para muchas soberanías.

Pero lo que más llamó la atención fue que, a la misma hora en que los cancilleres y ministros de Defensa de Sudamérica se reunían en Quito para ventilar sus asuntos, la secretaria norteamericana de Estado, Hillary Clinton, reclamaba a Venezuela que «transparentara» los acuerdos establecidos entre Caracas y Moscú, que ya el presidente Chávez, por iniciativa propia, explicó en la Cumbre de UNASUR en Bariloche: se trata de mantener y renovar el viejo armamento, con la única mira puesta en la defensa.

La declaración de la Clinton —en medio de una conferencia de prensa con motivo de la visita a Washington de Tabaré Vázquez, el presidente de Uruguay—, pareció una mala asistencia a Colombia, lanzándole, desde tan lejos, una peor justificación para no explicitar el convenio que dejará a EE.UU. usar las bases colombianas o… ¿quién sabe qué más, todavía sin revelar? En todo caso es evidente el deseo de levantar una cortina de humo sobre el hecho que realmente amenaza a los sudamericanos y específicamente a Venezuela, como vemos, a merced ahora de una nueva campaña mediática lanzada desde el Norte, sin tapujos.

En tal dirección, los reclamos del canciller colombiano, Jaime Bermúdez, también parecieron a tono y alertaron de otros peligros cuando apuntó que «la guerra contra el terrorismo y el narcotráfico» deben estar igualmente en la agenda de América del Sur.

Más que comprender las alegadas necesidades colombianas de seguir contando con la millonaria asistencia militar que le ofrece Washington —y que está entre los motivos del acuerdo entre ellos—, eso implicaría que Latinoamérica asumiera como suya la falaz cruzada contra el terror decretada por Bush, extrapolando al Cono Sur sus intereses, falsas fobias e inexistentes enemigos.

No faltan quienes adivinan el deseo yanqui de dividir, en medio del entuerto creado por el convenio con Colombia y las bases. Por eso, como en la Cumbre de Bariloche, el mejor saldo de Quito es que la UNASUR no cedió... Y está íntegra.

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