Pobres entre los más ricos

Autor:

Juana Carrasco Martín

Siempre asociamos la pobreza a los países que estamos al sur de este planeta, ultrajado por decenas de males y casi todos provocados por los hombres y las mujeres, que nosotras no estamos exentas de cometer barbaridades, por muy creadoras de vida que seamos. Cuesta admitir su existencia en naciones ricas sustentadas sobre el consumismo, pero ahí está también, incrustada y sin solución.

Un reporte del Buró del Censo de EE.UU. recién reveló que la tasa de pobreza en 2008 alcanzó al 13,2 por ciento de su población, unos 39,8 millones de norteamericanos que viven en ese status.

En el año precedente, la cifra era de 37,3 millones, precisamente en diciembre de 2007, cuando comenzó la actual recesión, considerada la más prolongada y profunda de los últimos 70 años, y en la cual unos siete millones de personas han perdido su trabajo, una tendencia que continúa —en el mes de agosto pasado el desempleo alcanzó 9,7 por ciento, el índice más elevado en 26 años.

Sin embargo, los números y los por cientos globalizan caras, nombres, dolores humanos individuales, dramas familiares, tristes historias de vida vinculadas también a cifras todavía mayores, si tomamos por caso que 46,3 millones de norteamericanos no tienen seguros de salud, por tanto, si lo necesitan —¡y claro que lo necesitan!— no serán atendidos en ningún hospital del país considerado el de mayor avance científico-médico del mundo.

Y esos rostros y apelativos tienen «colores», género y edades, lo que resulta en otras cifras más intensas: es mayor entre la población negra y la de origen hispano o latino, golpea más a las mujeres, y mantiene a 14 millones de menores de 18 años viviendo en la escala paupérrima de la sociedad. Como el mercado laboral estadounidense continuará deteriorándose en este año que transcurre, la especialista Heidi Shierholz, del Instituto de Política Económica con sede en Washington, pronostica que un cuarto de todos los niños de Estados Unidos estarán en esa condición de desamparo.

Mientras se abre puerta ancha al apartheid social con este empobrecimiento en aumento, ¿cuántos son los dineros destinados por Estados Unidos a su presupuesto de guerra? El presidente Barack Obama solicitó 663 800 millones de dólares para el Pentágono, de ellos 130 000 millones para sus operaciones de contingencia en el exterior, fundamentalmente Iraq y Afganistán.

«El presupuesto provee el necesario balance para institucionalizar y financiar nuestras capacidades de pelear las guerras de hoy y los escenarios que debemos enfrentar en los años adelante…» dijo el secretario de Defensa Robert Gates.

¿No sería más humano destinar esos recursos a resolver los problemas sustanciales de estos millones de menesterosos en su propia sociedad, de los que carecen de seguro médico, de quienes quisieran seguir sus estudios y la situación económica no se lo permite? Y siga añadiendo necesidades sin resolver.

La pobreza es inmoral —que no los sometidos a ella—, pero cuando ocurre en medio de la opulencia y el despilfarro es absolutamente inmoral.

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