El parto de la osa

Autor:

Luis Luque Álvarez

Como el planeta se está volviendo una sauna, con la «esperanza» de convertirse en un horno, la Unión Europea puso en Copenhague una cifra sobre la mesa donde se discute cómo atenuar el impacto del cambio climático: entregará de aquí a 2012 unos 2 400 millones de euros anuales a los países pobres (necesitados de tecnología, información, formación, etcétera). Y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, se felicitó: «¡Es más de lo que esperábamos!».

Veamos cómo ha sido la cosa por países: Alemania, locomotora económica del bloque, aportará 420 millones de euros, cifra idéntica a la de Francia. Un poco más entregará Gran Bretaña: 533 millones, y España, más modesta, se apeará en los 125 millones. Entre los menos ricos de los 27 miembros de la UE, las cifras van cayendo, y algunos incluso solo aportan su buena voluntad para dar algo en el futuro.

«No está mal; algo es algo», dirá el que, abrumado por la frase «2 400 millones de euros», cree que la UE está dando un ojo de la cara. Y lo dirá también cuando se entere de que, ayer mismo, EE.UU. dejó caer una oferta menor: 350 millones de dólares anuales. ¡El mayor emisor de dióxido de carbono a la atmósfera, da esa minucia!

Ahora bien, la tacañería de uno no justifica la de otros. Por eso me detengo en la ¡enhorabuena! de Durao Barroso al «parto monetario» de los 27, y traigo a la imaginación a una osa polar que acaba de dar a luz. Un parto es siempre arduo, pero para este animal, que puede medir dos metros de alto y pesar media tonelada, ¿qué gran esfuerzo podrá significar traer al mundo a dos oseznos de 30 centímetros y poco más de libra y media?

Es más o menos lo que significan para la UE tan pobres números. Y voy a otros, pues a nadie puede dejar de llamarle la atención que para causas menos nobles —el rescate de bancos que quebraron tras años de incrementar los caudales jugando con las hipotecas y los ahorros de los ciudadanos— se han desembolsado mayores cantidades.

En octubre de 2008, por ejemplo, un reporte del diario español El Mundo ilustraba cuánto había puesto cada país para salvar a sus bancos. De nuevo la lista: Alemania, 470 000 millones de euros; Francia, 360 000 millones; Gran Bretaña, 638 000 millones; España, 130 000 millones, y así, en orden descendente. Fin del cuento: 1,7 millones de millones de euros… para limpiar la suciedad que dejaron los bancos, gracias a la ausencia de regulaciones y al «laissez faire» («dejar hacer»).

En cuanto al planeta, ¿quién asume el costo de la limpieza? A escasos días del fin de la cita en la capital danesa,  muy pocos quieren soltar más plata o comprometerse a metas obligatorias (aunque la UE dijo hace un tiempo que disminuiría las emisiones de dióxido de carbono en un 30 por ciento para 2020). El secretario británico de Medio Ambiente, Ed Miliband, pide apresurarse para «obtener más progresos antes de que lleguen los gobernantes», y la canciller germana, Angela Merkel, confiesa estar «nerviosa» ante un eventual fracaso. Y un nuevo borrador de acuerdo, conocido ayer, no incluía compromisos ¡con números y fechas! en cuanto a dinero ni a reducción de gases.

Luego, cuando el Atlántico penetre tierra adentro y llegue hasta la Torre Eiffel, ya la osa se acordará de cómo fingió dolores en el parto…

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