De zorros y gallinas

Autor:

Juana Carrasco Martín

Todo un contrato de estímulo. Eso ha recibido Boeing, el gigante de la industria bélica, cuando se le asignaron 15,9 millones de dólares para limpiar un arroyo del Río Los Angeles en el Valle Simi.

El negocio es pequeñito en comparación con los que el consorcio tiene con el Pentágono, pero llama la atención y resultan anacrónicas las circunstancias del negocio. Se trata de eliminar contaminantes altamente tóxicos: cromo, dioxina, plomo, mercurio y otros 97 elementos venenosos, que fueron vertidos en la corriente durante años por… Boeing.

La compañía, vista por muchos como la fabricante de los más populares aviones comerciales del mundo, es mucho más que eso: es el mayor contratista de armas del planeta y también resulta estar entre sus grandes depredadores.

Parece que no pudieron encontrar mejor empresa, incluso cuando en 2007 la Boeing tuvo que pagar una multa de 471 000 dólares a una junta regional de calidad del agua en California, porque había cometido 79 violaciones por verter residuos tóxicos en Los Angeles River, según pudo comprobar entonces California Watch, un velador del medio ambiente.

Concretamente lanzó 118,5 millones de galones de agua envenenada con esos flujos, entre ellos la dioxina, un elemento cancerígeno.

Los residuos tóxicos provienen del Santa Susana Field Laboratory, un sitio de prueba de los motores rockets y de desarrollo de la energía nuclear, que actualmente la Boeing opera de conjunto con la NASA, la administración espacial estadounidense.

Por supuesto, en ese tejemaneje de los contratos, el Departamento de Energía, quien se lo proveyó, sacó de la manga un argumento «irrebatible»: Boeing tiene un magnífico récord y experiencia que justifica el contrato.

Y si piensan que la Boeing es única en la lista de consorcios a los cuales les pagaron para que contaminaran y ahora les pagan para que descontaminen, «cosas veredes, mi señor», diría alguien salido de un libro sabio.

En octubre pasado, el sitio web ProPublica hablaba de otros estímulos cuestionables: concretamente el llamado Departamento de Defensa había otorgado casi 30 millones de dólares a seis compañías que también estaban bajo investigación criminal del gobierno federal porque se sospechaba que habían cometido fraude contra el gobierno.

Entre las compañías marañeras premiadas se cuenta la Granite Construction, con 6,4 millones de dólares para que repare las vías de los aeropuertos de Salinas y Monterrey, y caminos en los condados de San Bernardino, Riverside y Butte, a pesar de sus timos a la ciudad de San Diego, cuando cobró de más durante los devastadores incendios forestales de 2007.

Y algo similar ocurrió con AIMCO, una gran empresa propietaria de apartamentos con sede en Denver, que obtuvo un estímulo de 13 millones para rehabilitar un complejo habitacional en Los Angeles, a pesar de que desde 2004, vecinos de los edificios que opera en San Francisco le han entablado juicio porque viven entre las ratas y hay no pocos peligros serios para su vida y salud.

Todo es bien sencillo: Los zorros están cuidando los gallineros… y les pagan.

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