Para otros, el asunto SÍ es Venezuela

Autor:

Marina Menéndez Quintero

ETA es la que vuelve a estar de moda ahora que las FARC prosiguen con la liberación unilateral de rehenes, gesto que un poco las des-sataniza luego de haber sido acusadas de terroristas, y golpeado políticamente como quedó ese grupo guerrillero colombiano después del dudoso operativo que rescató a Ingrid Betancourt: el peje gordo con que contaban los hombres del extinto Marulanda, para exigir al gobierno un canje que les permitiría la liberación de casi 600 insurgentes.

Pero el tema ahora no son las FARC, repito, ni el fracasado intercambio de rehenes-prisioneros donde la mediación de Hugo Chávez, precisamente, fue manipulada hasta casi provocar un cisma con Bogotá… El asunto ahora es ETA y sus adjudicados vínculos con el Presidente venezolano, una comidilla que sustituye a aquellas otras agresiones mediáticas y diplomáticas, y apunta a seguir denigrando al líder venezolano para defenestrar la Revolución que lidera.

No es solo una correría de chismes que pululan en los grandes medios españoles, al punto que una reciente encuesta ha propalado que casi la mitad de los ciudadanos de la nación ibérica estarían convencidos de la «culpabilidad» de Chávez. Ese es el aliño que proveyeron decenas de despachos cablegráficos esta semana. Así funciona. Es la «cama» que prepara la derecha internacional para quitarse de en medio a un bolivarianismo que se les hace más incómodo, en la medida en que esos sectores de la reacción presumen que es este el momento de dar vuelta a la hoja, hasta que la derecha ocupe el lugar que tenía en esta América Latina que se renueva.

Por eso, resulta que ahora Chávez «ayuda» a los etarras; algo que ha emergido también de la mágica computadora incautada, supuestamente, entre las pertenencias de Raúl Reyes, luego del bombardeo al campamento de las FARC donde pereció el comandante guerrillero, en mayo de 2008.

Y lo más notorio es lo muy a pecho que se lo han tomado algunos dentro del Partido Popular español, el PP; aunque no deba sorprender, sabiéndose que es esa la cuna política de José María Aznar: la más redomada sanguijuela de los procesos liberadores latinoamericanos —aun después de dejar la presidencia— y, además, inspirador e instigador de la Posición Común hacia Cuba que ha convertido a la Unión Europea en triste segundona de Washington.

Así las cosas, como mismo se oponen a que esta España de Zapatero varíe, tal cual se había propuesto, los condicionamientos insostenibles que se quieren imponer para que la UE tenga relaciones normales con la Isla, también la emprenden contra Venezuela.

De un lado, acusan al Palacio de Miraflores de negar la extradición a España de varios supuestos etarras, uno de los cuales hace mil años vive en ese país y donde le dio asilo, no Chávez, sino el muy amigo de EE.UU. y ex presidente Carlos Andrés Pérez; un acto que en su momento tampoco nadie reprochó a su sucesor, Rafael Caldera. Y resulta que ahora es Chávez quien debe extraditar al hombre.

El otro flanco lo cubre la demanda presentada por un juez que parece quiere remedar a Baltazar Garzón —cuya única buena obra fue haberle dado un susto a Pinochet poniéndole a recaudo de la justicia en España. Se trata del magistrado Eloy Velazco, quien, aludiendo a un «caso» de presuntos conciliábulos entre los etarras y la guerrilla de Colombia, afirmó que «obran diligencias en este procedimiento que ponen de manifiesto la cooperación gubernamental venezolana en la ilícita colaboración entre las FARC y la ETA», según trascendió.

Fue eso en verdad lo que puso la cosa al rojo vivo. Y así habrán sido las cosas en el Congreso de los Diputados de España, que el canciller Miguel Ángel Moratinos debió estar hasta… la coronilla ante los sablazos de algunos legisladores del PP para involucrar a Caracas en la agenda. Eso es lo que se desprende, al menos, de sus palabras durante una sesión de control al ejecutivo, esta semana, cuando reconoció públicamente la colaboración del gobierno venezolano en la lucha contra el grupo armado vasco… y le espetó de una vez a los otros, lo obvio: ¡El enemigo no es Venezuela… sino ETA!

Más allá de la anécdota, de lo que no debe quedar dudas, sin embargo, es que la derecha hemisférica y extracontinental se alinea. Y no estoy hablando exactamente de los gobiernos, sino de los grupos poderosos; esos con caudal como para hacer y dirigir la política con sus millones. Veamos, si no, la forma en que formaron escuadra para apoyar a Micheletti mientras presionaban a la mismísima Casa Blanca; la manera en que hicieron equipo para influir en recientes procesos electorales de la región, y, ahora, la forma en que se confabulan para mentir sobre nuestro propio país y, por supuesto, despotricar de uno de los procesos que mejor interpreta los valores defendidos por la Revolución Cubana: el de Venezuela.

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