La película de «Sarko»

Autor:

Luis Luque Álvarez

En cualquier filme, representar el personaje protagónico conlleva un riesgo: si lo haces bien, tendrás un mar de aplausos, pero si no superas las expectativas, olvídate de lo que hizo mal este o aquel, pues será sobre ti que caiga el mayor mazazo de la crítica.

Así le ocurre hoy al «actor» francés Nicolás Sarkozy. Él, a quien han apodado «l’hyperpresident» (el superpresidente) por su tendencia al activismo y por sus variadas iniciativas de reforma «en pro de la competitividad» gala, está resultando el más castigado por el descontento popular con la marcha del país, que acumula un 10 por ciento de desempleo y una recuperación del crecimiento económico digno de una jicotea.

Días atrás los franceses acudieron a las urnas, en unas elecciones regionales en que acabó triunfando un coctel de izquierdas (socialistas, comunistas y ecologistas), con 23 de 26 regiones en sus manos. La Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido de «Sarko», sufrió un trastazo y todos lo miraron a él. Entonces las encuestas empiezan a arrojar que un 57 por ciento de los ciudadanos no desean que vuelva a postularse en las presidenciales de 2012, y su popularidad cae hasta el 32 por ciento.

Serio retroceso para quien es, cabe decirlo, un político hábil, alguien capaz de ganar unas elecciones apelando al valor del trabajo, y después irse a celebrar al yate de un multimillonario. Por estos días , en Washington, le lanzó a un  grupo de universitarios una andanada de frases contra el capitalismo «sin reglas» —«en un sistema donde los especuladores y no los productores ganan la mayor parte del dinero, ahí no quiero vivir»—, para después afirmar que «Europa y EE.UU. pueden escribir las reglas de la economía en el futuro» (si habrán de escribirlas como han escrito las del pasado, cuando propiciaron regalías para los culpables del actual desorden, entonces que no cojan el lápiz, diría yo).

En fin, a nuestro punto: el público está molesto con él. Esta semana, por ejemplo, causó irritación la noticia de que se crearían 1 500 puestos más en la policía, ¡cuando la decisión de Sarkozy ha sido reducir a la mitad el número de empleados públicos! Ah, ¿pero no para reprimir…?

Por ello, si bien los comicios regionales no tocaron a quien ocupa la primera silla del país, no hay duda de que pueden tomarse como un plebiscito sobre su gestión. Cuando en 2005 se les dio a votar a los franceses el proyecto de Constitución Europea (antecesor del actual Tratado de Lisboa), lo machacaron con un rotundo NO, pero más como muestra de desaprobación al entonces jefe de Estado, Jacques Chirac. Si no podían zumbarlo del Palacio del Elíseo, pues le mostraban el puño de esa manera.

Ahora bien, del descontento de la gente, los políticos sacan su tajada. El primer ministro, François Fillon, también de la UMP, obtiene 15 puntos más que su jefe, e indirectamente los aprovecha: «Mi concepto es claro: el Primer Ministro ejecuta la política del Presidente». Es posible una primera lectura: «Le soy estrictamente fiel a Sarkozy». Pero la segunda es más sutil: «Si algo sale mal, no es mi culpa», y así no quema su eventual candidatura para el puesto de aquel.

De otro agujerito salta el ex primer ministro, Dominique de Villepin, rival del hoy presidente desde los tiempos en que, como él, era ministro del viejo Chirac. Entonces quiso complicarle la vida a «Sarko», tratando de involucrar su nombre en un turbio negocio financiero, y este respondió con demanda y juicio, del que Villepin salió absuelto hace poco. Ahora, vistos los magros números de la UMP, quiere fundar un partido con los «desencantados» y golpear a Sarkozy.

Sería un nuevo signo de fragmentación política para, en esencia, brindar recetas idénticas. ¡Las mismas que ofrecerían incluso desde la oposición! Baste saber que el candidato socialista más valorado por los sondeos para competir en 2012 es Dominique Strauss-Kahn. ¿Quién es el hombre? Pues nada menos que… ¡el director del Fondo Monetario Internacional!

Así, con lo que estarán viendo en pantalla hasta 2012, y con lo que anuncia la cartelera para después, puede ser que los franceses «disfruten» por mucho tiempo de la misma película…

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