El futuro en la boleta

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Las recientes elecciones en Sudán demostraron que aún no sanan viejas heridas de 21 años de guerra civil. En el último quinquenio ese país africano solo ha vivido una tensa calma, en la que no han dejado de exacerbarse las diferencias entre el norte y el sur. Los primeros comicios en 24 años fueron un ejercicio bastante difícil, marcado no solo por dificultades técnicas, sino por sabotajes y acusaciones de fraude por parte de la oposición, a pesar de carecer de pruebas serias que no estuvieran motivadas por el temor de una derrota segura.

Se trata del país más grande de África, con enormes riquezas gasísticas y petroleras, al que muchos intereses extranjeros, principalmente Estados Unidos, quieren ver fragmentado. El hecho de que el presidente Omar Hassan Al-Bashir se haya impuesto en los comicios con el 68 por ciento de las votaciones (casi siete millones de boletas), principalmente conquistado en el norte del país (90 por ciento), revela que los del sur no las tienen muy bien con él. En cambio, el líder del Movimiento para la Liberación de Sudán (MPLS), obtuvo el 93 por ciento del respaldo en la zona meridional. Las cifras hablan por sí solas…

Pero en estas elecciones no solo se decidía quién llevaría las riendas de ese gigante del norte de África, sino que se estaba hasta jugando la integridad nacional de ese Estado. Según el acuerdo de paz al que llegaron el gobierno y el MPLS en 2005, después de 20 años de explosivo enfrentamiento, los comicios serían el preámbulo para la celebración de un referéndum, en el que el sur decidirá si quiere seguir unido a la administración central o desea independizarse.

No por gusto muchos políticos dentro y fuera de Sudán catalogaron las elecciones como un paso importante para la futura consulta. El hecho de que el MPLS haya obtenido un buen espaldarazo en el sur deja claro que ese es su movimiento, y que por tanto votarán por escindirse en enero de 2011.

Y ello podría traer graves problemas, quizá una nueva guerra civil, porque habría que preguntarse si Al-Bashir permitirá que el Estado se desintegre, sin hacer nada, fundamentalmente cuando grandes reservas de petróleo quedarán en la zona cercenada. Y tampoco el sur aceptará seguir su mal llevada luna de miel con Jartum, si da su voto para disolver esa unión.

De hecho, ya se encuentra en Sudán el enviado estadounidense Scott Gration, el hombre que se encargará de los «arreglos» del referéndum de 2011. En una entrevista a The New York Times, este señor no solo catalogó las elecciones en Sudán de fraudulentas, sino que, enfatizó que Washington debía volcar su atención hacia esa nación y redoblar sus esfuerzos para garantizar un sur independiente. Seguro de que el referéndum conseguirá el viejo anhelo de la Casa Blanca de dividir a Sudán, Gration comentó al rotativo que EE.UU. deberá darle al nuevo estado sureño los recursos suficientes para construir su gobierno y economía. Así, el MPLS, que siempre contó con el asesoramiento y el apoyo de EE.UU. en su guerra contra Jartum, convertirá su territorio en un satélite petrolero de Washington.

Quizá por ello, el gobierno norteamericano, que se ha caracterizado por ser bastante hostil con Sudán al punto de incluirlo en la lista de estados patrocinadores del terrorismo internacional, ha recalcado que a pesar de los problemas técnicos y las irregularidades en el proceso electoral, ha sido un buen paso para el futuro de esa nación. Algunos como el ex primer ministro Sadiq al-Mahdi, del partido Umma, aseguran que la intención de Washington es allanar el camino para dividir el país, y por tanto le conviene que en la carrera por el poder se impongan el partido del Congreso —de Al-Bashir—, en el norte, y el MPLS, en el sur.

En tanto, quedan otros asuntos por resolver, como la demarcación fronteriza, aún incompleta, y el porcentaje de participación en la próxima consulta. Los asuntos técnicos suelen traer muchas disputas.

Por el momento, si no se retrasa la celebración del referéndum, como mismo sucedió con estas polémicas elecciones, Al-Bashir tiene muy poco tiempo para enamorar al sur, seducirlo con la idea de un estado unido, algo que no ha podido lograr en cinco años de tensa calma. El futuro de Sudán estará nuevamente en las boletas. ¡Habrá que esperar!

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