La respiración contenida

Autor:

Nyliam Vázquez García

A casi dos semanas de haber pasado disciplinadamente por las urnas, los australianos esperan porque ese acto se traduzca en un ejecutivo al frente de los destinos del país. Es tiempo de alianzas. Ni los laboristas ni los conservadores alcanzaron los votos necesarios para gobernar y la gente de a pie apenas espera que la incertidumbre no afecte demasiado sus vidas.

Aunque la primera ministra en funciones, Julia Gillard, descartó la posibilidad de la celebración de nuevas elecciones, los hechos mantienen cierta inquietud. La resolución de la situación depende del respaldo que logren las partes con tres diputados independientes. Ninguno de los dos grandes partidos alcanzó los 76 escaños para gobernar. Por primera vez desde 1940 Australia elige un Parlamento sin una mayoría definida, y ese dato está siendo interpretado como la posibilidad de un período de inestabilidad política.

Las pugnas entre los principales partidos continúan. La formación conservadora, que integran los partidos Nacional y Liberal, pretende destronar a los laboristas, al frente del ejecutivo desde que ganaron las elecciones en 2007.

No es un secreto que los resultados electorales representan un serio porrazo para los laboristas. Según expertos, la estrategia política que llevó adelante Gillard terminó pasándole la cuenta, aunque frente a la opinión pública traten de restarle importancia. Comoquiera, ha resultado un fracaso forzar la dimisión del anterior primer ministro, Kevin Rudd, ante la caída de su popularidad, para inmediatamente convocar elecciones con el objetivo de aprovechar la imagen de cambio y así consolidar un segundo mandato laborista.

Mientras, según reportó EFE, el trío de diputados independientes pidió a los dos mayores partidos políticos conocer detalles de la reforma parlamentaria que proponen, así como sus políticas presupuestaria, fiscal, sanitaria, defensiva y en telecomunicaciones. Además, presentaron una lista de condiciones para luego decidir a quién darán su respaldo.

Si bien Gillard ha intentado tranquilizar a los mercados financieros y ha anunciado la continuidad del Gobierno hasta conocer los resultados definitivos, así como la disposición de llegar a un acuerdo, por el otro lado los conservadores, que estuvieron 11 años en el poder antes de 2007, han usado los resultados de las elecciones como banderín para cuestionar la legitimidad de su contraparte.

La actual situación, a definirse en los próximos días, apunta a la posibilidad de que del proceso negociador, con el consecuente desgaste de las partes, no resulte un Gobierno fuerte, capaz de imponer una línea política definida.

En medio del convulso panorama se acumulan los pendientes. Los temas que siguen esperando son los mismos que centraron los debates preelectorales: la economía en medio de los estragos de la crisis, la sanidad, el cambio climático y la inmigración. Todavía es incierto el tiempo tras el cual los australianos podrán ver materializado el voto, aun cuando sea distinto a aquel que colocaron en las urnas. Por lo menos se sentirán más seguros que en la actual cuerda floja. Mientras, asisten al vapuleo con la respiración entrecortada. Normal.

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