Centroamérica mira hacia Cancún

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Implacable e inoportuna se nos ha vuelto la naturaleza este 2010. Desde el arribo de los primeros días de enero, el mundo se estremecía cuando en Haití la tierra temblaba y se llevaba consigo la vida de miles de seres humanos y dañaba fuertemente la estructura de esa ya empobrecida nación.

Junto a los terremotos, también volcanes, huracanes e intensas lluvias se han ensañado con furia, y en pocos segundos arrancan lo que a la naturaleza y al hombre tanto tiempo y dedicación les ha tomado crear.

Una de las regiones que más estragos ha sufrido en ese sentido ha sido Centroamérica. El principal factor de riesgo ante el cambio climático que afecta a la zona son los llamados ciclos del agua, que ocasionan lluvias más intensas en períodos cortos concentrados en una región determinada.

Las precipitaciones iniciadas en mayo, hace apenas cuatro meses, ya rebasaron los niveles históricos registrados en los países de la región. En el caso de El Salvador, por ejemplo, entre mayo y agosto se acumularon 1 943 milímetros de agua, cuando el promedio histórico era en ese período de 1 215 milímetros, y el valor máximo, de 1 543, en 1996.

Guatemala ha sido víctima de los aguaceros y deslaves que la han castigado. Desde que comenzó la época lluviosa, considerada por los expertos como la más fuerte de los últimos 60 años, 272 personas fallecieron por eventos relacionados con las intensas precipitaciones y más de 10 000 viviendas quedaron destruidas.

El resto de los países centroamericanos viven un panorama similar.

Según detalló a la AFP Roberto Rodríguez, coordinador de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD) —órgano del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) responsable de la agenda ambiental de la región— ambas instancias preparan por estos días una propuesta de consenso que ayude a cada una de las naciones centroamericanas a enfrentar los efectos del fenómeno —consecuencia del cambio climático— y, por otra parte, los obligue a crear nuevos métodos para frenar el deterioro ambiental. Esto último sería perfecto si los más poderosos, esos sobre cuyos hombros pesa el deterioro del planeta, los proveyeran de recursos materiales y económicos para hacerle frente a la situación.

El texto en elaboración se discutirá durante una reunión preparatoria en Belice en el próximo mes de octubre, de cara a la XVI Conferencia sobre Cambio Climático, en Cancún, México, prevista del 29 de noviembre al 11 de diciembre, destacó el experto.

El consenso al que se pretende llegar antes de la cita de Cancún, busca, en primera instancia, la creación de fondos estatales que se usen únicamente para paliar los efectos de los desastres. ¿Tendrían entonces estas empobrecidas naciones que repartir su ya exiguo presupuesto y quizá quitar de lo que está reservado a la salud o la educación para destinarlo a este tema? Se prevé también que el texto exprese la necesidad de crear toda una infraestructura ambiental en cada país, que vaya desde la protección a la masa forestal existente, pasando por la restauración de ecosistemas degradados, hasta la suspensión de cualquier proceso de desertificación en marcha.

Pero, ¿cómo lo harán?

Después del fiasco de Copenhague —tanto por la falta de compromisos de los países ricos con respecto a disminuir la emisión de gases contaminantes, como por la no implementación de mecanismos que aseguren financiamiento para que las naciones pobres puedan enfrentar el mal—, la región centroamericana y todos los subdesarrollados siguen esperando por la voluntad política de los verdaderos responsables del deterioro ambiental.

Esperemos que la posición común que busca Centroamérica encuentre oídos receptivos en Cancún.

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