Ahorrar en frío…

Autor:

Julio Martínez Molina

El comentario no es inédito ni escuchado al azar. En colas, ómnibus o conversaciones al paso, este periodista lo ha oído en varias ocasiones: «Mi jefe me ha dicho que pongamos el aire acondicionado del centro de trabajo ahora, para que luego no nos recorten más el plan en el verano».

Al seguir esa óptica, marcada por el error y la inconciencia, en determinados centros tales sistemas permanecen conectados sin necesidad durante el invierno.

Así, quienes lo permiten contribuyen a que se consuma electricidad irracionalmente, justo en el período en que podrían darse el lujo de apoyar el ahorro energético con más holgura.

Tan errado resulta dicho proceder que luego todos tendremos que pagar la acción de semejante irreflexión cuando, en medio de los meses de verano, no sea posible encender uno, por los consiguientes sobreconsumos.

Son esos los duros instantes en que los cuerpos sudan hasta el entumecimiento, y los equipos sufren el peso de condiciones de calor para las cuales no fueron diseñados.

En uno de los chequeos del consumo energético de las provincias centrales, a los cuales asiste este reportero, uno de los pronunciamientos fue el de actuar en consonancia con la premisa de ahorrar más ahora para alcanzar el verano con mejores posibilidades de maniobra.

De hecho sí se está ahorrando más a nivel nacional, tanto en el sector estatal como en el particular, debido al período invernal, pero también a la observancia de estrictas medidas por muchos directivos y trabajadores. Y en el área doméstica igual, a causa del indudable freno que representa la subida de los precios de la energía eléctrica cuando se rebasan los 300 kilowatts.

No obstante, dentro del sector público aún pudiera ser mayor la reducción, de proseguir favoreciéndose el apagado —siempre que las condiciones productivas lo propicien— de estos equipos acondicionadores de aire, en la práctica los mayores consumidores de energía.

No tiene demasiado sentido el temor de que en virtud del incremento en el ahorro ahora, al centro laboral presuntamente se le recortaría aún más el plan mensual de consumo en lo adelante.

Error. No se procede aquí con arreglo a mecanismos tales. Si alguien pretendiese implementar puntualmente medida de tal cariz, estaría incurriendo en una decisión desacertada —en posición de ser examinada o discutida—, porque no se avendría a lo dictado por la lógica.

Lógica que parece verdad de Perogrullo, pero es tan grande como las estaciones: el verano nada tiene que ver con el invierno. Por tanto, un plan no podría ser nunca exacto al otro, so pena de atentar contra las reglas de la cordura.

Aún quedan par de meses y piquito de la temporada de frío. De la misma manera que muchas familias cubanas han aprovechado la etapa para ahorrar y no sobrepasar la temible barrera de los más de 300 kilowatts, muchos directivos podrían aplicar el off a los equipos cuando en realidad estén derrochando energía.

Es el momento. Ya en junio-julio-agosto es fácil decirlo, pero lograrlo lo es muchísimo menos. A la larga, quien gana es la mayoría, no uno ni dos. Así habrá menos «jacuzzis» de anatomía completa y con la ropa puesta en plena canícula, se reducirán los equipos averiados por las altas temperaturas… En fin, comoquiera que se vea, estaremos «guardando pan pa’mayo».

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