Subir el listón

Autor:

Hugo Rius

Por estos días ando enfrascado en las defensas de tesis de graduados universitarios, unas veces como tribunal, otras como oponente, pero de cualquier forma con suficiente pábulo para meditar sobre el acto académico en sí mismo y en sus repercusiones. A mi lado, un colega presencial me susurró al oído: «Cada año suben más el listón de la exigencia y el rigor».

Y por fortuna no le faltaba razón, si como en el caso en concreto del joven Yosmer, a punto de licenciarse, culminaba una tesis sobre el periodismo que alerta, previene y cubre los desastres que se originan en la Naturaleza. Se enfocaba en un asunto tan acuciante hoy para los seres vivos inmersos en un escenario de alarmante deterioro ambiental, a lo que mucho siguen aportando el egoísmo y la ambición desmedidos de los poderosos, que incentivan suicidamente el consumismo desenfrenado.

Aludo a esa y otras alentadoras experiencias parecidas, solo en la esfera del saber profesional en que convivo y a la que me puedo referir con propiedad, pero abrigo la certeza de que en las demás ramas de la Enseñanza Superior se alienten también con énfasis las investigaciones de graduandos conectadas con la realidad y sus apremiantes necesidades, porque ese potencial humano preparado que se despide de las aulas, y se ha estado vinculando al futuro ejercicio práctico, está llamado, por destino histórico, a imprimir renuevos al desarrollo de la sociedad.

Formados en una ética del deber, con sensibilidad humana y sabia humildad, cultivados, capaces de divisar la totalidad del bosque y los árboles enfermizos que derribar, diferenciando los sueños legítimos de las dificultades y obstáculos circunstanciales, desenfadados y transgresores de lo que estorba y traba, creativos y originales, así serían deseables los nuevos titulados. Hacen falta siempre, y ahora en que el país se empeña en despegar, que necesita de horizontalidad participativa, desburocratizada, de riendas sueltas a la imaginación fecunda que genere fórmulas de crecimiento y cohesione en el esfuerzo de todos como garantía de llegar a puerto firme y seguro.

Enrumbar el torrente de graduados universitarios hacia los apremios de la sociedad de la que forman parte puede que sea una bienvenida manera de subir el listón de la exigencia y el rigor, de igual modo que comienzan a serlo los requisitos recién establecidos para el ingreso a la Enseñanza Superior, y otras propuestas desde el preuniversitario.

Creo que ya nos acercamos a la suficiente madurez para comprender que la vida laboral se integra con diversos componentes por iguales dignos, respetables e indispensables como pueden ser los técnicos de nivel medio y los dueños de oficios tan escasos, apreciados y demandados. Buscar la universidad a todo precio debería dejar de ser una obsesión, a veces perturbadora; como también la obtención de un título por el título, por vanagloria familiar, y tal vez prendido con alfileres o con cualquier otra motivación ajena a la justa aspiración humana de potenciar un determinado talento natural y comprobado, de superarse.

Quienquiera que desee llegar lejos, tiene inexorablemente que subir el listón de la exigencia y el rigor.

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