Citigroup y Venezuela

Autor:

Juana Carrasco Martín

Se lanzan como pirañas a su presa. Comienzan por una campaña de propaganda sucia que busca desprestigiar económicamente a un país en franco desarrollo, aunque no sin dificultades, y dueño de una riqueza tangible, cuya expresión mayor son sus campos petroleros y gasíferos, y luego pretenderán pasar a palabras mayores que pudieran repetir los golpes de Estado con que fracasaron a comienzos de este siglo. Quieren detener la Revolución Bolivariana para luego engullirse a Venezuela.

En ese contexto, Estados Unidos y la carroña que domina allí y en buena parte del mundo —es decir las corporaciones transnacionales y especulativas a costa de lo ajeno y sus servidores en la administración de ese país—, hacen caso omiso a sus propios problemas financieros, a sus industrias en crisis y su producción en merma, a su gran desempleo, a su multibillonaria deuda externa estatal y privada, a los más de 50 millones de personas en la categoría de pobreza que andan y desandan sin mucha esperanza su extenso territorio, a los aprietos sociales por una educación y un sistema de salud en deterioro, dispuestos a entregarlos totalmente al capital privado para que sea derecho exclusivo de quienes puedan pagar, más un grupo de etcéteras más.

Por demás, quienes tienen el poder de los medios internacionales y sus adláteres, hacen pronósticos agoreros sobre Venezuela —y también contra Ecuador y Argentina, otros dos que no aceptan viajar con los ojos cerrados por el carril trazado por el FMI y el Banco Mundial— para, desde la propaganda negra, buscar una desestabilización que les facilite el camino depredador.

Nos centraremos, sin embargo, en el caso venezolano, país al que apuntan con la intención de «debilitarlo» en las elecciones presidenciales programadas para el 7 de octubre de 2012, y cuya economía ha sido escogida como uno de los blancos a derribar.

El más reciente ataque viene desde Citigroup, presentada como «reconocida empresa de servicios financieros del mundo», la que en un análisis aseguró que la economía de Venezuela se encuentra en «estado muy delicado», y puede haber suspensión de pagos, según afirmó americaeconomica.com. También fue utilizada la deuda externa como elemento crítico por la entidad de análisis londinense Capital Economics, poniendo a los tres países latinoamericanos mencionados en una lista de 20 naciones con supuestos problemas de pago y que está encabezada por Grecia.

El colmo de la manipulación y el cinismo del reporte de Citigroup está en que destaca esa «deuda elevada» y de «altos intereses» para advertir «sobre la crisis venezolana» aunque reconoce «un bagaje de buen pagador» de este país y su «sólida reserva de petróleo».

Sin embargo, los cálculos de la economía venezolana apuntan a un crecimiento de más de cuatro por ciento, y mucho tiene que ver en esto la situación real del mercado petrolero, donde el crudo venezolano —cuya venta representa aproximadamente un 90 por ciento de los ingresos de divisas— ha promediado 103,47 dólares el barril en septiembre, y en lo que va de año 99,62 dólares, mientras que el presupuesto de la nación para este año estimó un barril de 40 dólares y esto le da un blindaje innegable.

Pero Citigroup se atreve a hacer ese registro especulativo de Venezuela, a pesar de que tiene un récord que la involucró fuertemente en los enredos fraudulentos de Enron a comienzos de este siglo, participó en la burbuja especulativa que llevó a un estado crítico a la economía estadounidense, estuvo en crisis en 2007 con pérdidas de 9 800 millones de dólares solo en el último trimestre de aquel año, y recibió, junto a otras entidades bancarias poderosas, el rescate del Gobierno de Obama. Para colmo, hace solo seis días Citigroup fue rebajada en las calificaciones de riesgo que otorga la agencia Moody’s, porque considera que ahora hay menos probabilidades de que la Casa Blanca salga a tirarle otro salvavidas si fuera necesario.

Objetivo político claro del conglomerado financiero contra Venezuela: atemorizar al mercado internacional, intentar revertir negocios y alianzas comerciales, aflojar los pilotes en el ámbito financiero, especular sobre un posible contagio de la crisis griega en esta parte del mundo, debilitar el prestigio económico del país y lograr un supuesto deterioro de la economía y de la estabilidad de esta nación.

Lo cierto es que el imperio y su séquito —internacional o venezolano— están jugando abiertamente a las cartas de cualquier tipo para desestabilizar el proceso bolivariano y crear condiciones que propicien una derrota electoral del chavismo. Para ellos, cualquier medio es aprovechable, en este caso una especie de golpe económico especulativo, pero no dudarían en intentar el golpe duro tradicional que tan malos resultados ya les ha dado. Siempre están dispuestos a tropezar con la misma piedra.

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