Asia: un giro estratégico

Autor:

Nyliam Vázquez García

Ahora que se van «definitivamente» de Iraq y que prometen dejar a su suerte a Afganistán, no está mal reubicar las fuerzas, a fin de cuentas el complejo militar industrial estadounidense necesita crecer, sin importar la crisis. Después de una década de la guerra e intento fallido de ocupación, no es sorpresa la vuelta a Asia-Pacífico, donde Washington tiene sobrados intereses estratégicos. Solamente para afianzar aún más, si acaso es posible, la velada estrategia de contención contra la República Popular China, sería suficiente. Pero en el continente hay más.

Lo cierto es que en su tercera gira por la región, la administración de Barack Obama ha dejado claro su apuesta por recuperar su papel protagónico en la zona.

«El cierre de la guerra en Iraq y la transición en Afganistán nos permiten concentrarnos de forma fresca y vigorosa en la región de Asia-Pacífico», manifestó la secretaria de Estado, Hillary Clinton, su compañera de periplo, durante su intervención en la cumbre de la Asociación de Cooperación Económica Asia-Pacífico(APEC), primera parada de la gira de Obama.

Pero no solo se trata de ganar terreno en la inserción a un mercado muy activo con grandes posibilidades de bienes y servicios, mientras Europa es devorada por la crisis; se trata de una presencia a todas luces atravesada por sus pretensiones geoestratégicas y donde el pretexto «garantías de seguridad», no hay dudas de que estará a la mano. Para corroborar esta tesis solo habría que mencionar el acuerdo firmado este miércoles con Filipinas para, aún en contra de la voluntad popular, mantener soldados norteamericanos allí, o el nuevo despliegue militar en Australia.

A pesar de que EE.UU. ha gastado alrededor de un billón de dólares en Iraq y lleva invertido otro tanto en Afganistán, no escatima recursos para mantener o azuzar contiendas bélicas. Y por otra parte, garantizar la presencia en una región que concentra el 45 por ciento del comercio mundial, no está mal para intentar conseguir la ansiada recuperación económica estadounidense.

Como quiera, el movimiento de efectivos hacia Australia, aunque algunos analistas lo consideran discreto, envía un mensaje claro: la voluntad de Estados Unidos de involucrarse más. Según trascendió, a partir del acuerdo con el Gobierno australiano, unos 200 o 250 soldados norteamericanos se ubicarán en el puerto de Darwin, al norte de la isla continente, dentro de instalaciones australianas, junto a 4 500 soldados de esa nación. Por allí pasarán de forma rotatoria 2 500 marines de EE.UU. que traerán nuevos barcos y aviones para incrementar el número de maniobras militares.

Aunque la Casa Blanca ya cuenta con soldados e instalaciones militares en Japón y Corea del Sur, sus dos aliados en la región, con Australia amplían sus posibilidades «persuasivas», sin que pesen demasiado las repercusiones a lo interno de los países.

«Queremos estar seguros de que la arquitectura de seguridad en la región es acorde con las necesidades del siglo XXI, y esta iniciativa nos va a permitir hacerlo», explicó el Presidente norteamericano en Canberra, otra vez asumiendo el discurso de la nación llamada a «salvaguardar al planeta», tan poco creíble después de todo.

Sin embargo, ya están allí. Asia crece en todos los sentidos y con ello, también las apetencias de dominio y control. La apuesta es clara y habrá que estar pendiente de los nuevos movimientos, sobre todo porque se trata de un vasto territorio con disímiles conflictos latentes. No son solo jugarretas enmascaradas, que también las hay, sino de un discurso explícito.

«Con mi visita a la región quiero dejar claro que Estados Unidos está incrementando su interés en el área», recalcó Obama.

No hace falta más o, en última instancia, habrá que asumir que hay mucho más entre bambalinas.

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