¡Banqueros no: bandidos!

Autor:

Rafael Polanco Brahojos*

Los recientes acontecimientos que tienen por escenario las inmediaciones de Wall Street y numerosas ciudades de Estados Unidos, protagonizados por amplios sectores sociales que asumen el calificativo de Indignados, han puesto sobre el tapete una vez más el carácter visionario y hasta profético del pensamiento martiano sobre ese país. Con esa lucidez acompañada siempre de sensibilidad y belleza literaria, José Martí analizó con rigor la sociedad norteamericana de su tiempo aportándonos una caracterización excepcional desde el punto de vista económico, político y social.

El análisis martiano acerca del paso del capitalismo de libre concurrencia al capitalismo monopolista está presidido por un gran sentido ético. En octubre de 1884, en artículo publicado en La Nación de Buenos Aires, define el monopolio como «(...) enormes compañías, empresas múltiples, las cuales impiden con su inaudita riqueza y el poder social que con ella se asegura, el nacimiento de cualquier otra compañía de su género, y gravan con precios caprichosos, resultado de combinaciones y falseamientos inicuos, el costo natural de los títulos y operaciones necesarias al comercio». Y más adelante añade: «El monopolio está sentado, como un gigante implacable, a la puerta de todos los pobres. Todo aquello que se puede emprender está en manos de corporaciones invencibles formadas por la asociación de capitales desocupados a cuyo influjo y resistencia no puede sobreponerse el humilde industrial (...) Este país industrial tiene ya un tirano industrial».1

Esta disección minuciosa, científica, del fenómeno, viene acompañada de metáforas de gran belleza con las que pretende, y lo logra, transmitirnos la idea de algo muy poderoso, pero perturbador y amenazante: «El monopolio es un gigante negro. El rayo tiene suspendido sobre la cabeza. Los truenos le están zumbando en los oídos. Debajo de los pies le arden volcanes».2

Junto a los pasajes que dedica a los aspectos económicos de la aparición del imperialismo en Estados Unidos, Martí se detiene también en las secuelas de corrupción e injusticia que lo acompañan en el plano político y arremete contra los banqueros, a los que retrata con la pechera llena de diamantes, dejando al descubierto sus ramificaciones en la sociedad norteamericana de esa época. En 1885 escribe: «Forman sindicatos, ofrecen dividendos, compran elocuencia e influencia, cercan con lazos invisibles al Congreso, sujetan de la rienda la legislación, como un caballo vencido, y, ladrones colosales, acumulan y reparten ganancias en la sombra. Son los mismos siempre; siempre con la pechera llena de diamantes; sórdidos, finchados, recios: los senadores les visitan por puertas excusadas; los Secretarios los visitan en las horas silenciosas; abren y cierran la puerta a los millones: son banqueros privados».3

Martí sintetiza ese proceso de manera elocuente y precisa: Dentro, corrupción: conquista, fuera. En ese propio artículo de octubre de 1885, que publica en La Nación, apunta: «Esta camarilla, que cuando es descubierta en una empresa, reaparece en otra, ha estudiado todas las posibilidades de la política exterior, todas las combinaciones que pueden resultar de la política interna, hasta las más problemáticas y extrañas. Como con piezas de ajedrez, estudian de antemano, en sus diversas posiciones, los acontecimientos y sus resultados, y para toda combinación posible de ellos, tienen la jugada lista. Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta tremenda máquina: adquirir: tierra, dinero, subvenciones, el guano del Perú, los Estados del Norte de México».4

Y concluye este artículo con una denuncia y toma de partido que es una verdadera lección de ética: «(...) azuzan sin escrúpulos el reconocimiento y desdén con que acá en lo general se mira a la gente latina, y más, por lo más cercana, a la de México: pero acusan falsamente a México de traición, y de liga con los ingleses: pero no pasa día sin que pongan un leño encendido, con paciencia satánica, en la hoguera de los resentimientos.

«¡En cuerda pública, descalzos y con la cabeza mondada, debían ser paseados por las calles esos malvados que amasan su fortuna con las preocupaciones y los odios de los pueblos! —Banqueros no: bandidos!».5

En 1888, con ese proceso más avanzado y analizándolo «desde lo alto y con larga vista», según sus palabras, describe así, para La Nación, lo que ocurría en el plano social y político en Estados Unidos: «(...) se ve como todo un sistema está sentado en el banquillo, el sistema de los bolsistas que estafan, de los empresarios que compran la legislación que les conviene, de los representantes que se alquilan, de los capataces de electores, que sobornan a estos, o los defienden contra la ley, o los engañan; el sistema en que la magistratura, la representación nacional, la Iglesia, la prensa misma, corrompidas por la codicia, habían llegado, en veinticinco años de consorcio, a crear en la democracia más libre del mundo la más injusta y desvergonzada de las oligarquías».6

Han transcurrido más de 120 años de esos análisis de Martí y resulta sorprendente y hasta sobrecogedor comprobar la vigencia de su pensamiento. Por eso no es exagerado afirmar que cuando los Indignados en Nueva York gritan «¡Ocupemos Wall Street!», Martí también está con ellos.

*Vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí y director de la revista Honda

1Martí José, Obras Completas, t. 10, pags. 84-85, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975

2Ibídem, p. 85

3Ibídem, t. 13, p. 289

4Ibídem, t. 13, p.290

5Ibídem, t. 13, p. 290

6Ibídem, t. 11, p. 437

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