Europa y ¿los nuevos consensos?

Autor:

Marina Menéndez Quintero

No hay teoría viable si no se enriquece con la praxis. Eso es lo que parecen estar entendiendo los gurúes de los ajustes que soliviantan al Viejo Continente, cuando ya es visible el zimbombazo que puede desatarse sobre la Eurozona con la repetición de las elecciones en Grecia, mientras el recién posesionado nuevo presidente francés, Francois Hollande, planta bandera ante la alemana Angela Merkel para cuestionar la férrea política de imposiciones que hunde el PIB regional, en vez de dejarlo crecer. Debajo, corre como un manantial lo más preocupante para quienes imponen el orden: se está delineando un mapa político que podría desordenarles el status quo.

Son antecedentes suficientes para que al menos una vez el Fondo Monetario ceda y se escuche a su mismísima gerente general, Christine Lagarde, repetir casi lo mismo que Hollande le espetó en la cara a Merkel. Europa necesita crecimiento, empleos e inversiones, dijo el mandatario francés, en tanto, más cauta, Lagarde hablaba de que «es necesario hacer revisiones apropiadas» (aludía a Grecia), y aseguraba que el organismo estaría «completamente abierto a examinar» el programa impuesto a ese país.

Sin embargo, no resultó lo más «novedoso» ni «radical» que podía oírse, viniendo de uno de los arquitectos de los programas de recortes del gasto social. No fue una declaración festinada.

Un informe del FMI sobre la saludable Alemania que acaba de citar el rotativo español ABC, reclama a la nación germana «medidas regionales de crecimiento» como el uso de fondos estructurales de la Unión Europea o el incremento de la capacidad de préstamo del Banco de Inversiones. Visto el desastre, ahora el organismo opina que además de reformas debe haber «más estímulos al crecimiento».

Lo más escandaloso, proviniendo del Fondo, es que ha solicitado a Berlín la modificación de su propio modelo económico ¡aunque ello implique una mayor inflación...!

Luego de la rigidez de los programas de ajuste empeñados en bajar el déficit a toda costa —lo que ha arrastrado a la quiebra social y política a naciones como la propia Grecia, Italia, España y Portugal—, cabría preguntarse si es el FMI el que ha entrado en pánico. ¿Acaso teme que la única economía europea a flote —Alemania— caiga víctima del contagio?

Mas no es el organismo financiero el único preocupado. El miedo se expande de un lado al otro y se aprecian matices en las posturas inflexibles de los impositores.

Recomendaciones parecidas a las del FMI llegaron también desde Washington, donde el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, llamó a dar la bienvenida a lo que calificó de «nuevo debate sobre el crecimiento en Europa» —algo que calificó de «alentador»—, y hasta el propio presidente Barack Obama avisaba que defenderá en la Cumbre del G-8, este fin de semana, que en Europa «se combine» la austeridad con medidas que impulsen el crecimiento para salir de la crisis. ¡Ah!, ¡el equilibrio!, ¡la balanza!

¿Acaso se ha comprendido la inviabilidad del ajuste a sangre y fuego que desmiembra a las sociedades y a las economías, y se está generando otro consenso?

Claro que es como para no dormir tranquilos con Grecia sin Gobierno diez días después de las elecciones y a las puertas de nuevos comicios donde, avisan las encuestas, la mayoría quedará en manos de una izquierda que rechaza de plano los ajustes mientras, en Madrid, Mariano Rajoy se ve obligado ¡a na-cio-na-li-zar un banco! En tanto, las cifras en rojo plagan allí los índices macroeconómicos igual que en Lisboa, Roma y hasta en Londres, donde por primera vez se habla de un PIB que decrece…

Son esas las tempestades que están acercando otros vientos.

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