Colores

Autor:

Raiko Martín

Londres.— Dicen que para gustos se hicieron los colores, y tal vez por eso mi abuela, que sin estudiar nada sabía de todo, siempre me enseñó que las preferencias no se cuestionan.

Pero desde que llegué a esta ciudad no congenio con el gris plomizo que suele teñir su cielo. Pensando en esas nimiedades andaba cuando me pregunté si alguna vez el gris pudiera ser un color popular.

Al menos para este año no será. Estuve leyendo hace poco que el Pantone Color Institute, considerado por las mayorías como la autoridad mundial en la materia, eligió el Mandarina Tango como el color del año 2012.

Quizá tal decisión haya influido para que el naranja forme parte de los cuatro tonos oficiales del logotipo de los presentes Juegos Olímpicos. Los otros son el azul, el verde y el magenta, pero es sin dudas este último, en todas sus degradaciones, el color que más identifica al magno certamen deportivo.

Más allá de la oficialidad, esta fiesta es una ensalada de disímiles tintes. Y no podía ser de otra forma con las más de 200 banderas, con su respectiva variedad de matices, representada en los uniformes de cada competidor.

Y como si no bastara tanta alegría cromática, se presentan ahora no pocos famosos en los escenarios competitivos con llamativos vendajes de colores. El nombre de estas cintas, compuestas por algodón con acrílico adhesivo, es kinesiotaping y según sus fabricantes, permite a los deportistas prevenir y curar sus lesiones.

Aunque lo parezca, la idea no es tan novedosa. Hace alrededor de dos décadas el doctor japonés Kenzo Kase ya hablaba de estos vendajes neuromusculares, ideados para no limitar la movilidad de los deportistas, ni interferir en el proceso de sanación, al no restringir la circulación de líquidos por debajo de la piel.

Dicha teoría tiene sus detractores por carecer aún de un basamento científico. Mientras que Kase reconoce que es necesaria más evidencia probatoria, John Brewer, profesor de Deportes de la Universidad de Bedfordshire, en el Reino Unido, está convencido de que la creencia en su efectividad —el llamado efecto placebo— es lo que hace a los deportistas ver resultados positivos. «Lo que sí está demostrado es que no causan mayor daño que la molestia al arrancar algunos pelos cuando se retira», sentenció.

Funcione o no, el negocio de las vistosas vendas parece tener un futuro millonario, pues cada vez son más los médicos que las defienden, y crece la cifra de los atletas que las prefieren. Y dicen que para gustos…

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